01/10/2026
¿Te ha pasado que alguien te dice algo que te incomoda, que te pone de frente con eso que no habías visto, o que evidencia algo que ya sabías pero seguías repitiendo? Y que, casi como acto reflejo, de inmediato te justificas, buscas una explicación, salta la defensa o incluso el ataque hacia el otro.
Por la vida muchas veces vas así, en automático. Aparece esta barrera que te impide mirar más allá. Y en el camino defiendes identidades que incluso te hacen daño, que te alejan de los deseos profundos de tu alma.
Sé que muchas cosas que te dicen se sienten como un balde de agua helada. Pero justo en hacer esa pausa, en escuchar con atención, está la perla que esa persona te está regalando.
Ojo: no se trata de darle la razón al otro. Se trata de revisar eso que te movió, porque donde sentiste la incomodidad ahí hay una oportunidad de consciencia, movimiento y transformación.
Te comparto algo personal. Años atrás me molestaba mucho que me dijeran "workohólica". No quería ver esa verdad. Sabía que era intensa, muy trabajadora, pero ponerlo en esa palabra me chocaba. Me justificaba, me defendía, y hasta atacaba haciéndole sentir al otro que hacía muy poco. Hasta que llegó el momento en que lo acepté, y justo ahí empezó a moverse el tema. Hubo quien me lo dijo desde el amor y no lo vi; otros lo dijeron atacando. Pero lo que importaba de verdad era lo que se despertaba en mí al escucharlo.
Así que si te reconoces en esto, te invito a revisar: de todo lo que te dicen las personas que amas y que te aman, ¿qué te pica, qué te sacude? Quita por un momento la carga emocional de quien te lo dijo y mira solo el tema.
¿Qué pasaría si, en vez de defenderte, te preguntaras qué parte de eso es cierto?
¿Qué estás protegiendo cuando te justificas?
¿Qué miedo está detrás de tu justificación o defensa?
Ahí está tu perla.