02/05/2026
No somos conscientes de que, en el entorno digital, cualquier persona con acceso a nuestro perfil —sea público, supuestamente restringido o a través de terceros— puede obtener nuestra información sin pedir permiso. Es una realidad incómoda, pero la verdad es que una vez que un contenido está en la red, cualquier usuario tiene la capacidad técnica de capturar, usar y redistribuir dicha información de los menores de una institución sin que nadie se dé cuenta.
Me llama mucho la atención que en el mundo físico seamos expertos en hacer simulacros para prevenir desastres, mientras que en el mundo digital parece que preferimos vivir en la negación bajo una falsa sensación de control.
El derecho a la propia imagen del menor es absoluto; no caduca ni se transforma porque de por medio exista una intención publicitaria, institucional o una "buena causa".
¿Te has detenido a pensar que alguien podría estar utilizando las fotos de los menores de tu institución en este preciso momento sin que tengas forma de saberlo?
Cualquiera puede utilizar ese material para sus propios fines —sean buenos o malos— y tú nunca vas a recibir una notificación al respecto.
Mientras sigamos priorizando la comodidad de publicar sin restricción sobre la responsabilidad de proteger la integridad de los menores, el riesgo seguirá ahí: silencioso, permanente y fuera de nuestro control.
🔹️Si diriges una institución y necesitas una evaluación profesional para medir el nivel de riesgo y exposición de tu comunidad, contáctame por Mensaje Directo.