10/07/2026
En la Manlio, graduarse, también, es una manera de quedarse
| Alumnos de Sexto grado dicen adiós a su escuela, en un evento de muy alto nivel
Aníbal Hernández
10 de julio de 2016, Misantla, Veracruz.- Las graduaciones suelen parecerse: filas ordenadas, discursos que buscan la emoción, aplausos que se repiten. Pero a veces, no siempre, algo se desborda. Algo rompe la rutina y convierte el trámite en recuerdo. La Manlio, como le dicen con cariño, decidió que esta vez no sería sólo una ceremonia: sería una escena.
Hubo danza. Hubo música en vivo. Un club que se apropió del espacio y lo volvió celebración. No era el fondo musical de siempre, sino una presencia viva: cuerpos en movimiento, notas que no salían de una bocina sino de manos que tocaban y respiraban el ritmo.
Y entonces el mariachi. “El Son de la Negra” irrumpiendo como si fuera necesario recordar de dónde venimos, mientras la música de Aguascalientes se mezclaba con el ánimo de una tarde que no quería acabarse. Afuera, o cerca, los gallos se enfrentaban: una imagen casi absurda y, sin embargo, tan nuestra. Como si la vida insistiera en suceder en paralelo, sin pedir permiso.
La conducción del evento, fresca y ligera, evitó el tedio que tantas veces condena estas ceremonias. Y detrás, sosteniendo el orden de ese entramado acto organizado, la dirección de la maestra Isis Aracely Becerra Oróstico, que no sólo administra una escuela: la empuja, la cuida, la vuelve escenario.
El sonido, potente y fiel, no falló. Es propiedad de la escuela, como si también ahí se dijera algo: no hace falta traerlo de fuera cuando se construye desde dentro. La Mega pantalla de siete metros hizo lo suyo: proyectó un video que fue, al mismo tiempo, resumen y despedida. Alegría y nostalgia en la misma secuencia. Lo que se logró y lo que ya no volverá.
En representación del padrino de generación, el subsecretario David Agustín Jiménez Rojas, la directora del Instituto Tecnológico Superior de Misantla, licenciada María Teresa Meza Caiceros, ofreció un mensaje que buscó, y encontró, la emoción. Palabras que intentaron nombrar lo que se va y lo que empieza para la generación 2020 a 2026.
El jefe de sector 026, profesor Ignacio León Lara, habló con elocuencia a los egresados y a sus familias. Felicitó. Reconoció. Subrayó la labor de un personal que, todos los días, sostiene lo que a veces parece invisible: la educación.
La noche también tuvo un momento de orgullo particular: la alumna Valeria Rodríguez Hernández recibió reconocimientos por parte de la Supervisión de la Zona 10 y de la Jefatura de Sector 026 por su destacada participación en la Olimpiada del Conocimiento, donde se colocó como una de las mejores del estado de Veracruz. Un logro que, más que individual, termina por retratar el trabajo colectivo de una escuela que apuesta por la excelencia.
Y al final, porque siempre hay un final, quedaron las fotos. Los abrazos que duran un segundo más de lo normal. Las sonrisas que saben que algo termina. La Manlio despidió a una nueva generación, pero también dejó claro que estas despedidas no son del todo ciertas: quienes pasan por ahí se van, sí, pero se quedan de otra forma.
Porque graduarse, en el fondo, no es irse. Es aprender a llevarse un lugar a cuestas.