27/06/2026
Así trabajamos en los grupos de mamás y papás de adolescentes, desde el testimonio de Roberto Garda, su Coordinador.
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Es muy interesante dialogar con mamás y papás con hijas e hijos adolescentes.
Nos reunimos, todos los martes de 19:00 a 21:30 hrs. para profundizar en la manera en la que se piensa, siente, vive y construye subjetivamente el conflicto entre el adulto (papá o mamá) y el adolescente (hijo o hija). Ese mundo el adulto/a mira al adolescente desde una contradicción muy profunda: desde el amor, pero también desde la jerarquía y -desafortunadamente- la justificación del maltrato para "educarlo".
Les comparto que ahora que abrimos grupo de mamás y papás me he acordado mucho cuando mi querida hija estaba en las mismas. Hacia cosas locas, rompía reglas, me decía cosas hirientes, salía con chicos que no me parecían, me llevaba la contra a lo tarugo, y en general, era una adolescente.
Siempre tuve la opción de leer lo que mi tesoro hermoso hacía desde la óptica de quien se siente retado, insultado y dañado. Una de mis hermanas atizaba esa mirada, y el otro, también. Me decían "¡Eres la victima de esa chica sin control!". Pero para mi fortuna ya había estado en grupo de reflexión en Coriac por tres años, y algo tuve claro siempre en la relación con ella: "cero maltrato... cero, nada, ni un grito, ni una amenaza. No ahora, no después. Nunca." Siempre tuve y tengo firmes esas ideas en mi mente.
En cada conflicto observaba mi reacción, siempre. Y un día tuve una importante claridad: "Mi hija es un libro abierto, escrito en un lenguaje que no se leer..." y eso le dió sentido a toda mi paternidad en la adolescencia. También en otro momento me dije: "Mi paternidad no será facil, perfecto, podré aprender y crecer..." Siempre me han gustado los caminos difíciles ¿quien me dijo que este no sería así?.
Y cuando desarmé a este adulto que aún soy del arma del abuso, de esa posibilidad, se abrieron otros recursos: hablar, hablar y hablar. Argumentar, explicar, preguntar, escuchar, y observar. Aunque me enojara, aunque me frustrara, aunque me sintiera cansado, siempre me dije "No dejes de hacerlo, de mirarla, de buscarla, aunque duela". Me decía: "habla con el abrazo, habla con el detalle, habla con la verdad, habla con el ejemplo...". Y después "Escucha, oye mucho, pero mucho, nunca será demasiado, sus sueños, sus ideas locas, su canto, sus ideas.... nunca te canses de escuchar, de tratar de comprender su idioma, su hermoso idioma".
Y con más ganas, a partir de esos días, decidí aprender su lenguaje, sus tonalidades, el sentido de sus frases, y lo más importante: comprender que ella es la autora de su vida, y no yo. Que nada, absolutamente nada podía escribir en esas hojas, porque sólo ella tiene la autoría, el poder y la pluma de su vida. Entonces comprendí que yo solo era un expectador, un acompañante accidental, no un compañero ni un amigo, pero menos un jefe o un mandamás, sino que era solo eso: un papá, sólo eso, un papá.
Hace poco me escribió mi hija el día del papá, y me dio una bella carta, y me dijo entre otras frases e imágenes hermosas, esta frase, que para mí es una joya: "Te quiero muchísimo, pa. Hacia tí solo hay gratitud de la manera más pura y honesta..." Cláro que lloré de emoción ¿Quien no?.
Caray, me dije, ¿valió la pena...? Sí, si sirivió salirme a tomar aire y no juzgarla cuando a las 4 de la madrugada no sabía que hacer. Sí, valió la pena llorar cuando no encontraba sentido a sus actos, y darme cuenta que quien no encontraba sentido era yo, y que eso no significaba que sus actos no tuvieran sentido para ella. Valió la pena parar esas ideas que me decían "te está atacando" sabiendo que el único responsable de ese pensamiento, y los sentimientos adheridos a ellos, era yo, y no ella. Valió la pena intentarlo una, otra, una vez más, y siempre, toda la vida e insistir en la escuela, en el diálogo, en comer juntos, en construir espacios juntos, para reínos o enojarnos, pero juntos, en familia.
Y bueno, hoy ella tiene más de treinta años, y me dice "te quiero y gracias" y me digo, valió la pena. Y me dice tantas otras palabras bonitas que en verdad comprendo la importancia de trabajarse y empujarse a tratar humanamente a quienes realmente amamos. Lo repito: Humanamente, porque nunca dejamos de ser personas.
Y eso es lo que les digo a las mamás y papás. No puedes dañar y amar, no puedes hacer esa asociación. Ese vínculo no debe existir, no. Tienes que romperlo con coraje, con valentía con esa fuerza que le pides a tú hijo o hija, pero que tú debes de mostrar que también tienes para que ella o él aprendan que gracias a tí, también pueden tener valentía.
Les comparto otras ideas como "no se queden con el adolescente de hoy, vean al adulto/a de mañana, y siembren esa semilla que solo germina si comprendes que estás ahí no para tí, sino para él o ella. Y que en el camino dejarás de ser el que eres hoy porqué al igual que tu chava o chavo, tienes que crecer ¡Para eso es la adolescencia en la familia, todos crecen, todos cambian!"
Y por ahí va el motivo por el cual abrí grupo de mamás y papás con hijos e hijas adolescentes. Sí, he investigado y escrito sobre estos temas, pero es igual de importante la experiencia en el momento de escuchar y hablar con mamás y papás. Pero, los libros son mapas, la experiencia la realidad. La experiencia del día a día con ellas y ellos son la única vía que te abre salidas a los conflictos con los hijos/as adolescentes. No hay puertas buenas o malas, solo la que cada quien construye, con sus consecuencias.
En fín, ese es mi camino. Valió la pena ser papá de una hija adolescente.
Si desean saber un poco más del grupo de papás o mamás escriban a [email protected] La verdad nunca se acaba de aprender y crecer, y en colectivo es mejor.