29/05/2025
En tiempos de debate sobre la reforma judicial en México, es normal que los adultos tengamos opiniones fuertes, preocupaciones legítimas y, muchas veces, frustración. Sin embargo, es importante recordar que los niños no necesitan crecer escuchando nuestras quejas políticas para formar su propio criterio.
La crítica constante, sin contexto ni soluciones, puede sembrar desconfianza ciega, cinismo o indiferencia. En cambio, si queremos formar futuros ciudadanos comprometidos, necesitamos algo más poderoso que una opinión: valores y principios éticos.
En lugar de repetir frases como “todos son corruptos” o “este país no tiene remedio”, enseñemos con el ejemplo:
✅ La honestidad como base de toda acción pública o privada.
✅ El respeto a las leyes, aunque pensemos que pueden mejorar.
✅ La empatía como guía para entender la justicia.
✅ La responsabilidad de informarse antes de opinar.
Los niños de hoy pueden ser los jueces, legisladores o servidores públicos del mañana. Que nuestras palabras siembren esperanza, no desdén. Que crezcan sabiendo que la política no es solo poder, sino servicio y vocación por el bien común.