22/09/2026
¿Escuchamos lo que el niño dice o solo reaccionamos a cómo lo dice?
Por ejemplo, un niño le dice a su papá: “¡Ya no quiero hacer eso!” con enojo, tono fuerte o incluso llorando. Es fácil quedarse solo con la forma y responder: “No me hables así”, “baja la voz” o “no hagas berrinche”.
Pero si solo corregimos el tono, podemos perder de vista el mensaje: quizá está frustrado, cansado, asustado o intentando poner en palabras algo que todavía no sabe expresar mejor.
Escuchar no significa permitir faltas de respeto. Significa poder sostener ambas cosas: marcar el límite sobre cómo se comunica y, al mismo tiempo, interesarse por lo que intenta decir.
Porque detrás de una forma poco adecuada de expresarse, también puede haber una necesidad legítima de ser escuchado.