30/05/2020
La Abuela Atyolotzin Nana I’x Lu Ajq’ ij, nos comparte un adelanto de su Viento Juguetón que será expuesto hoy a las 10 de la noche en el Consejo de 12 Sabios Organizado por Difusión Cultural UNAM y las Revistas El Aleph y El Acmé
Desde el Consejo de Sabios, la abuela Atyolotzin nos comparte esta visión que tuvo:
El viento juguetón nos trajo volando un virus y un golpe de realidad; el viento juguetón me dijo al oído: “es para que evolucionen”. Se rompe un paradigma en la conciencia unitaria y en la organísmica social.
El viento juguetón me dijo: “desapégate de lo superfluo que genera hiperactividad; con desconexión y reclusión fomentarás tu calidad de vida. Es el retorno a la esencial, practicando principios y valores contactarás tu microcosmos consciente y voluntariamente. Ampliarás tu conciencia gracias al desierto vivido”.
El viento juguetón retumbó en mi oído: “que inicie la creación –dijo–, una forma de convivencia que no polarice la vida cotidiana, cada vez menos confrontaciones desde el poder”.
El viento juguetón se hizo Ehecatl y, desde su bondadoso pináculo De Dios, ordenó susurrando a los herederos del Atoltecayotl sobre las tierras del Anahuacan: “comiencen a andar el camino para fundar el nuevo orden social: el Tlatocan, con su consejo de notables, mayores de 52 años, mitad hombres, mitad mujeres. Elijan desde la más pura intención de su mente y su corazón a un tlatoani, que nunca fue ni será emperador, sólo voz del consejo de sabios; así también a una Cihuacóatl, mujer sabia que gobierne a su lado en la sagrada unión perfecta y armónica del Ometeotl. Reconcilien espiritualidad y ciencia que nunca debieron separarse, re-inventen su democracia. Mediante concursos de capacidades y coherencia de vida, elijan a sus dirigentes y secretarios de estado. Que se erijan de nuevo los consejos de ancianos reconocidos por su ejemplo de vida. Multiplíquenlos por la tierra con la misión de desatar nudos y crear redes de luz. Es hora de sanar el cáncer de la pasada era, es hora de ejercer el perdón, es hora de cumplir con la ley universal, el bienestar común tiene la preferencia”.
Antes de marcharse, el viento juguetón dejó a mi oído y sopló enérgico mi conciencia: “erradiquen el paradigma de que el anciano es un estorbo, una persona desechable que se guarda, un peso para la familia que debe ser tratado con deferencia; destierren la idea de que es como un niño que no entiende, aprendan a capitalizar su enorme fortaleza para compartir experiencia. Los ancianos conocen sus debilidades, serán atendidos con dignidad y respeto. Son la sabiduría que ya dejó lo que no es importante: materialismo, poder, prestigio y egoísmo. Por su proceso de retiro definitivo de la vida, son la esencia de esta gran enseñanza. Ya no les interesa perder o ganar, solo ser, estar y amar.
El viento juguetón se fue dejando mi alma clara y cristalina.