Comunidades que aprenden

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Centro de Formación Humana y aprendizaje.

18/03/2026

Para Jung, la vida humana tiene dos grandes etapas psicológicas. La primera mitad y la segunda mitad de la vida tienen tareas muy distintas.

La primera mitad de la vida: construir el yo

Durante la juventud y la adultez temprana, la tarea principal es formar el ego y adaptarse al mundo. En esta etapa buscamos:
• estudiar o formarnos
• construir una identidad
• establecer relaciones
• crear una familia o un trabajo
• encontrar un lugar en la sociedad

Jung decía que esta fase está orientada hacia el mundo exterior. Es necesaria porque el individuo necesita una estructura sólida para vivir.

Pero el problema aparece cuando la persona intenta seguir viviendo toda la vida con los mismos objetivos de la juventud.

La segunda mitad de la vida: el encuentro con el Self

Alrededor de los 40 o 50 años, muchas personas comienzan a sentir que algo cambia. Lo que antes parecía suficiente —éxito, trabajo, reconocimiento— ya no llena del mismo modo.

A veces aparece una crisis, una pregunta interior o una sensación de vacío. Jung veía esto no como un fracaso, sino como el inicio del verdadero proceso psicológico profundo.

En esta etapa la psique empieza a orientarse hacia el interior. Surgen preguntas como:
• ¿Quién soy realmente?
• ¿Qué parte de mí he ignorado?
• ¿Qué sentido tiene mi vida más allá de lo externo?

Aquí comienza el proceso de individuación, el encuentro con el Self.

El descenso necesario

En esta fase muchas personas se encuentran con aspectos que antes habían evitado: la sombra, las heridas, los conflictos internos. Por eso Jung decía que la transformación profunda no ocurre buscando solo la luz, sino haciendo consciente lo que estaba oculto.

La segunda mitad de la vida es, simbólicamente, un tiempo de integración.

No se trata de conquistar el mundo, sino de reunir las partes de uno mismo.

La paradoja de la madurez

Para Jung, el verdadero desarrollo humano no consiste en mantenerse eternamente joven, sino en permitir que la vida nos transforme.

Por eso decía algo muy importante: muchas personas pasan la primera mitad de su vida construyendo su personalidad… y la segunda mitad descubriendo quiénes son realmente.

11/02/2026

Cuando las terapias fueron modificandose en tiempos de pandemia y las terapias de aprendizaje se formalizaron en el espacio de La Casita

11/02/2026

En cada ser humano habita un niño simbólico: no el recuerdo literal de la infancia, sino la representación arquetípica de nuestra vulnerabilidad original, de nuestra necesidad de amor, cuidado, juego y validación. Este niño es también el portador de la energía vital, de la creatividad y la conexión con el alma.

Sin embargo, cuando ese niño ha sido herido, silenciado o no visto, sufre una escisión. Queda relegado al inconsciente, donde empieza a manifestarse a través del miedo, la carencia afectiva, la autonegación… y, sí, también a través de bloqueos en la abundancia. Porque el alma herida no se siente merecedora de recibir.

Sanar al Niño: Una Obra de Amor Psicológico

Sanar al niño interior implica hacer consciente la herida original: ese momento en el que se creyó indigno de amor, culpable por necesitar, o responsable del sufrimiento ajeno. No se trata de revivir el pasado, sino de establecer un vínculo compasivo con esa parte aún viva en nosotros.

Desde la psicología profunda, este trabajo puede realizarse mediante:
•La imaginación activa: donde dialogamos con ese niño, lo escuchamos, le damos espacio para expresar lo que no pudo decir.
•El trabajo con los sueños: que frecuentemente presentan al niño como figura onírica, reflejando su estado actual en nuestra psique.
•La reconfiguración del arquetipo del padre y la madre: muchas veces proyectados en la vida adulta como figuras que siguen oprimiendo o invalidando.

Sanar al niño no es devolverle lo que no tuvo, sino darle hoy la presencia consciente que antes faltó.

Niño Interior y Abundancia

¿Por qué la herida infantil bloquea la abundancia?

Porque el niño herido desarrolla creencias inconscientes como: “no merezco”, “no es seguro recibir”, “debo conformarme”, “si brillo, me abandonarán”. Estas creencias actúan como símbolos negativos en el inconsciente y limitan la expansión del alma.

La abundancia no es simplemente riqueza material: es la capacidad de recibir la vida sin miedo ni culpa, de fluir con el deseo, de dar y recibir con gozo. Y el niño interior es el guardián de esa apertura.

Solo cuando él se siente a salvo, validado, acogido, puede volver a jugar… y cuando el alma juega, entonces la vida responde.

🌕 De la Carencia a la Plenitud

Sanar al niño interior es sanar el canal por donde la energía de la vida desea fluir. Es retirar las barreras psíquicas que aún gritan desde lo no dicho. Es, en última instancia, liberarnos de la identificación con la carencia, para poder encarnar el arquetipo del adulto amoroso, aquel que protege sin controlar, que guía sin reprimir.

27/12/2025

Reflexión y reaprendizaje

23/12/2025

Epicteto fue esclavo antes de ser filósofo, y por eso entendía mejor que nadie dónde empieza la verdadera esclavitud. No en las cadenas visibles, sino en la incapacidad de gobernarse a uno mismo. Cada vez que reaccionas sin pensar, cada vez que respondes desde el impulso, entregas algo que ningún tirano puede arrebatarte por la fuerza: tu libertad interior.

La mayoría cree que reaccionar es fuerza. Que explotar es carácter. Pero en realidad es lo contrario. Cuando una emoción te arrastra, ya no decides tú. Deciden tus impulsos, tu enojo, tu miedo. El estoico observa, pausa y elige. No porque sea frío, sino porque entiende que quien no se domina por dentro, siempre será vulnerable por fuera.

Si quieres aprender cómo dejar de reaccionar automáticamente, recuperar el control de tu mente y actuar desde la razón incluso bajo presión, este artículo te muestra cómo los estoicos entrenaban esa libertad interior paso a paso:
👉 https://legadoestoico.com/cuando-pensar-demasiado-te-aleja-de-la-paz/

23/12/2025

En la psicoterapia Gestalt, el ciclo de la experiencia describe el modo natural en que una persona entra en contacto con sus necesidades, las reconoce, actúa para satisfacerlas y luego se retira, quedando disponible para una nueva experiencia. No es un esquema rígido, sino un mapa vivo del fluir de la conciencia. Allí donde el ciclo se completa, hay sensación de cierre, alivio y vitalidad; donde se interrumpe, aparecen el malestar, la repetición y los asuntos inconclusos.

Todo comienza con una sensación difusa, un fondo corporal o emocional que anuncia que algo quiere emerger. Cuando esa sensación se vuelve figura, la persona toma conciencia: nombra lo que siente, desea o necesita. La energía entonces se organiza y se moviliza hacia la acción, hacia el contacto con el entorno o con el otro. En ese encuentro, si la experiencia puede sostenerse, la necesidad se satisface. Finalmente, llega el retiro: la experiencia se integra, se asimila, y el organismo descansa.

Muchas de las dificultades humanas no provienen de lo que sentimos, sino de cómo interrumpimos este proceso. Evitamos sentir, nos desconectamos del cuerpo, dudamos de lo que necesitamos, postergamos la acción o quedamos atrapados en el contacto sin poder retirarnos. Así, la experiencia no se cierra y la energía queda fijada, síntomas o malestares.

La Gestalt no busca empujar a completar el ciclo a la fuerza, sino acompañar a la persona a darse cuenta de dónde y cómo se interrumpe. Al ampliar la conciencia en el aquí y ahora, se fortalece el sostén interno para que el ciclo pueda retomarse de manera más auténtica. Completar una experiencia no significa que todo salga “bien”, sino que lo vivido pueda ser sentido, reconocido y elaborado.

Cuando el ciclo de la experiencia se restituye, la persona recupera confianza en su autorregulación organísmica. Aprende a escuchar sus señales internas, a entrar en contacto sin perderse y a retirarse sin culpa. Allí, la vida deja de vivirse como repetición y vuelve a sentirse como proceso.

20/12/2025

Desde la psicoterapia Gestalt, la queja no es un error ni una debilidad: es el primer indicio de una necesidad no satisfecha. Algo en la experiencia quedó abierto, incompleto, y busca hacerse figura en la conciencia. La queja nombra ese desajuste entre lo que es y lo que se necesita, pero cuando se vuelve reiterativa deja de ser un registro consciente y pasa a ser una forma de obstáculo. La energía que debería movilizarse para completar la experiencia queda atrapada en la repetición.

En términos gestálticos, allí aparece el asunto inconcluso. La necesidad no atendida no desaparece; permanece activa en el fondo y reaparece como malestar, irritación, resentimiento o sensación de estancamiento. Quejarse sin actuar mantiene la insatisfacción: se habla del hambre, pero no se come; se describe el dolor, pero no se toca lo que duele. Así, la persona queda más orientada a explicar lo que falta que a contactar con lo que necesita.

Actuar, desde esta perspectiva, no es una exigencia externa ni optimismo. Es el movimiento del organismo buscando autorregulación. Toda acción auténtica apunta a completar una necesidad: poner un límite, retirarse de una situación, expresar una emoción retenida, pedir apoyo o asumir una decisión postergada. Cuando la acción no ocurre, suelen haber interrupciones del contacto, como la proyección o la retroflexión, donde se espera que el entorno resuelva lo que internamente no se asume.

Pasar de la queja a la acción implica recuperar la responsabilidad personal, no como culpa, sino como capacidad de respuesta. Significa traducir el malestar en un movimiento concreto, aunque sea pequeño. Completar una necesidad no siempre alivia de inmediato; a veces implica atravesar frustración, duelo o incomodidad. Sin embargo, ese movimiento permite que la experiencia cierre y que la energía psíquica deje de circular en vacío.

Cuando la necesidad se completa, la persona deja de reaccionar automáticamente y empieza a responder con mayor presencia. En ese cierre aparece algo fundamental: la vivencia de estar participando activamente en la propia vida, en lugar de quedar fijado esperando que otro resuelva lo pendiente.

26/10/2025

El cuerpo de tu hijo aprende a autorregularse a través del tuyo. Su respiración, su ritmo cardíaco, tono de voz y hasta su capacidad de calmarse, se moldean con tu presencia.

En la primera infancia el sistema nervioso del niño no puede autorregularse solo, necesita co-regulación.

Según la teoría polivagal, la seguridad se transmite a través del cuerpo, no de las palabras: tu tono de voz, tus palabras, tu respiración y expresión facial, son señales que el sistema nervioso de tu hijo lee para decidir si el mundo es seguro o amenazante.

Estar realmente disponible en el aquí y ahora, sin querer cambiar nada, solo sostener lo que hay. Esto es lo que uno niño necesita para sentirse seguro: una madre presente, no perfecta.

Cuando tu estas en calma, tu hijo puede habitar su cuerpo con más confianza, cuando tu respiras profundo, su sistema nervioso aprende que también puede hacerlo, de esto se trata la co-regulación, de prestar tu sistema nervioso hasta que el suyo madura.

Pero cuando tu estas en alerta, sobreexigida o disociada, tu hijo no solo nota tu estado, lo siente como propio, se desconecta de sí para mantenerse conectado contigo. (Así aprende a sobrevivir).

No necesitas hacerlo perfecto, solo más consciente, cuando tu regulas le enseñas a su cuerpo como volver a la calma. Porque tu eres su lugar seguro, y si reflejas inseguridad él también lo hará.

22/12/2024

Te deseo tiempo,
No te deseo un regalo cualquiera,
te deseo aquello que la mayoría no tiene,
te deseo tiempo, para reír y divertirte,
si lo usas adecuadamente podrás obtener de él lo que quieras.
Te deseo tiempo para tu quehacer y tu pensar
no sólo para ti mismo sino también para dedicárselo a los demás.
Te deseo tiempo no para apurarte y andar con prisas sino para que siempre estés contenta/o.

Te deseo tiempo, no sólo para que transcurra,
sino para que te quede: tiempo para asombrarte y tiempo para tener confianza
y no sólo para que lo veas en el reloj.
Te deseo tiempo para que toques las estrellas
y tiempo para crecer, para madurar. Para ser tu.

Te deseo tiempo, para tener esperanza otra vez y para amar, no tiene sentido añorar.
Te deseo tiempo para que te encuentres contigo misma/o, para vivir cada día, cada hora, cada minuto como un regalo.
También te deseo tiempo para perdonar y aceptar.
Te deseo de corazón que tengas tiempo,
tiempo para la vida y para tu vida.

(Elli Michler)

Photos from Comunidades que aprenden's post 11/09/2024

NO SOY JOVEN, Y NUNCA SERÉ VIEJA.

Soy de una Tribu de Mujeres con risa de niñas y carcajada de ancestras, de cabello largo y libre, y ojos antiguos como la Tierra, donde la belleza interna no se extingue.

Hermanas de Hombres con el espíritu del lobo y del águila, con sonrisa de duendes y corazones arcanos que no dejan de jugar.

Seres que atraviesan el tiempo, en constante movimiento, encendidos de curiosidad.

No tengo y nunca tendré la edad que señalan los documentos.

PORQUE NO SOY JOVEN, NO SOY VIEJA. SOY ETERNA.

Myriam Aram.

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