29/07/2018
LA SOCIEDAD MEXICANA DEBE MADURAR.
DESCENTRALIZACIÓN, DESCONCENTRACIÓN y DEMOCRACIA
Se tiene por una parte, que el programa que estableció la Constitución de 1917 fincó en el federalismo las bases para la integración política territorial y cultural de la voluntad nacional; por otra, que la transformación profunda planteada por la Revolución implicó la necesidad de concentrar esfuerzos.
Sin embargo, la centralización se había convertido en una limitante para la realización del proyecto nacional, pues hoy se sabe bien que esa tendencia había sido superada y agotado sus posibilidades.
Así, se establecía la descentralización de la vida nacional como un imperativo para la consolidación de la sociedad, en el marco de un nuevo federalismo; se planteaba que la redistribución de competencias, entregaría o devolvería al municipio todas aquellas atribuciones relacionadas con el gobierno directo de la comunidad básica; se afirmaba que la administración pública federal debía ser el elemento conductor y el ejemplo del proceso de descentralización de la vida nacional.
En suma, con la descentralización se buscaba fortalecer a la Nación, hacer más eficiente a la economía y más justa e igualitaria a la sociedad. La descentralización de la vida nacional que se postulaba debía abarcar todos los aspectos y comprometer a los distintos sectores sociales de la población; para ello se requería de la participación social de todos.
“La descentralización en sentido estricto consiste en la transferencia a la administración pública local de facultades y con ellas programas y recursos, que son ejercidos bajo la tutela del órgano que las traspasa. El órgano que recibe las facultades (estado, municipio) posee su propia personalidad y patrimonio, así como autonomía política, y no se halla bajo el control jerárquico del transmisor. Formas menos avanzadas son la desconcentración y la delegación de funciones, en las cuales los actos emitidos podrán ser anulados, modificados o sustituidos por el superior”.
Para el proceso democratizador en México, cobra un impulso indiscutible especialmente en el periodo de 1977- 2007, en el que se localizan las 10 reformas al sistema político vigente, básicamente concentrado en el sistema electoral, es decir en la forma en que se puede acceder al poder, poco o casi nada se modifican las formas en que se ejerce el poder, la sociedad civil y sus organizaciones presionan para que se presenten cambios en el sistema político, pero el bloque dominante procura que esos cambios le aseguren la esencia de su dominio, esa es la situación que explica la lenta dinámica de los cambios en la democracia mexicana.
Sin embargo, esto supone un mundo donde la democracia funciona bien. Empero, existe riesgo de que sean las elites locales en los Estados y Municipios las que se apropien de la toma de decisiones, dando como consecuencia que el bienestar social puede no mejorar; este riesgo puede ser aún mayor en sociedades con poca experiencia en ejercer una democracia participativa a escala local.
El deseo de asegurar la equidad en las oportunidades sociales, medidas al menos por la equidad en el gasto, también constituye un argumento para el alto grado de financiamiento centralizado en países que sufren de una marcada desigualdad en los ingresos.
“La federalización del sistema propuesto no ha ido más allá de la descentralización, entendida como la simple descarga de la Federación a los Estados y sus Municipios de cuestiones administrativas y el manejo de problemas, sin políticas claras de financiamiento, mientras que se ha caído en un dejar hacer y dejar pasar, porque no existen mecanismos de fiscalización federales o estatales”.
El ejemplo más claro y evidente se advierte en el sistema educativo, la feroz lucha que existe entre el SNTE y la CNTE...