Las pasadas vacaciones decembrinas me dieron oportunidad de convivir un rato con mi entrañable amigo Ramiro Pablo, a quién conocí hace cuarenta años y fuimos compañeros de trabajo, viajamos muchas veces por cuestiones laborales, conocimos muchos lugares y compartimos muchas vivencias, desfilaron las anécdotas, los recuerdos y se mencionó a los amigos, el escenario, como siempre, los portales de la Ciudad de Oaxaca, específicamente el Bar jardín; por cierto ese día fue mi aniversario XXVIII de bodas y entre mi familia más cercana y la compañía de otros amigos (Alejandro A y Anita) Ma. Antonia y yo brindamos en recuerdo de aquel evento tan significativo para nosotros, Ramiro declaró enfáticamente haber sido testigo presencial de dicho evento y no dejó de mencionar a su compadre querido, Juan Eduardo Ruiz (Johnny) quien también tuvo a bien acompañarnos el día de nuestra boda. Ramiro propone una reunión de amigos en Oaxaca, me parece buena idea y acepto. Para no variar somos los últimos clientes, nos llevan la cuenta y los meseros nos miran con cara de: a ver a qué horas.
Aun es agradable caminar por las calles del Centro de Oaxaca cerca de la media noche, distraídamente caminamos hasta llegar a la calle las Casas, los puestos de tlayudas a la orilla del mercado Benito Juárez y en la esquina los puestos de tacos de cabeza de puerco, ofrecí algo de comer, nadie aceptó, me acerqué a uno de los puestos de tacos y pedí una orden de cinco tacos. Oaxaca ha cambiado mucho y sigue siendo la misma, para mi es la ciudad de mis veinte años, del mezcal, las cervezas, la mortadela, descubrir las zonas arqueológicas, ver en los oaxaqueños el color de mi piel y en su mirada mi mirada, tejer ilusiones y desvelar trozos desagradables de la realidad, me aparté un poco del grupo para comer mis tacos, ahí estaban mis hijos, adultos veinteañeros con su compañera, me pica la nostalgia y me llega un pensamiento temerario: a esta ciudad dejaré de venir hasta que me muera. Alejandro y Anita se despiden, reiterando la invitación para la fiesta que se celebraría al día siguiente en un pueblo cercano a la ciudad, aceptamos la invitación. Ramiro nos da un raid y acordamos desayunar al día siguiente en su casa, promete unos tamalitos y chocolate.
Regresamos de Oaxaca, se acabaron los excesos de comida y bebida, las desveladas, los abrazos, felicitaciones y buenos y deseos, la cotidianidad me reclama, está fresquecito el año, la mañana del martes dos de enero me levanté tarde, todavía no terminaba de entrar en la rutina, Ma. Antonia me dice qué hay una mala noticia: algo le pasó a Juana María, se han publicado muchas condolencias en el face. Tomó su celular y me enseñó las publicaciones. No había duda Juana María Naranjo se había ido. Cómo siempre no se ocurrió decir algo, en el transcurso del desayuno le comenté a Ma. Antonia que iría yo a dar el pésame a su familia, para ese momento ya no podía ordenar mis pensamientos y emociones para con Juana María. Lo primero que me vino a la mente fue su profunda mirada de ojos verdes.
Cada uno de los pueblos va formando su acervo literario, resultado del trabajo de sus escritores, no pocas veces los escritores enfrentan situaciones adversas pero el impulso de la literatura los lleva a crear sus obras, en el caso de Azcapotzalco hace relativamente poco contamos con nuestros escritores, el espacio literario lo cubríamos con la tradición oral, fue disminuyendo la tradición oral y surgieron los escritores, entre ellos Juana María Naranjo, nuestra poeta. No sé si nació en Azcapotzalco, pero me platicó: fui a la primaria Sotero Prieto, había un árbol enorme, me gustaba mucho verlo. ¿Por eso le hiciste un poema? No es sólo al árbol, sino a todo lo que implica la etapa de la niñez, a la maestra Elsa Cros le gustó y lo puso como ejemplo en uno de sus libros. La maestra Juana María Naranjo tomó muy en serio la poesía, creo que hasta un poco exagerada.
Un día, de hace unos treinta y tres años coincidí con la maestra María Elena Solórzano, en la biblioteca José María Morelos, me comentó de un taller de literatura que daban en la Casa de la Cultura de Azcapotzalco, por no dejar decidimos ir, ya estábamos en Trópico de Transa, taller que sesionaba en Santa María la Ribera, llegamos al taller de la Casa de la Cultura y la maestra del taller era Juana María Naranjo, después el taller cambió de sede y se fue a la biblioteca José María Morelos, María Elena dejó de ir pero yo me integré al grupo del taller, así que Juana María fue mi maestra. Cada vez que la veía le prometía hablarle para ponernos de acuerdo e ir a tomar café, fue uno de los pendientes que no cumplí.
Las letras tepanecas han sufrido una gran pérdida con la ausencia de la maestra Juan María Naranjo, espero tener la oportunidad de participar en un próximo homenaje.
Taller Literario amoxcalli
El taller literario Amoxcalli tiene como objetivo el fomento de la lectura y creación de textos literarios. Sesiona todos lo sábados de 10:30 a 14:00 hrs.
y de 15:00 a 18:30 hrs. Se pretende que a través de la lectura de textos literarios cada uno de los talleristas identifique los elementos que los componen para que los puedan aplicarlos en la creación de sus propios textos
Ahora vamos con la crónica y la memoria, el taller Amoxcalli retoma sus actividades, con la intención de rescatar parte de la tradición oral el ciclo tendrá como tema la memoria, de leyendas, tradiciones y fiestas patronales. A todos los que quieran participar en nuestro taller los esperamos todos los sábados de 10:00 a 13:30 y de 15:00 a 18:30. en la Biblioteca Publica José María Vigil que se ubica en la calle San Mateo número 149 esquina Ahuizotl colonia la Preciosa.
08/08/2016
Gracias: a todos los que colaboraron para que fuera posible la realización del 12 encuentro Literario en Azcapotzalco. A los lectores, sobre todo a los que vinieron de lejos, mi Jean Paul, siempre solidario, esperemos que el próximo nos salga mejor.
Esperamos sus comentarios sobre el encuentro y las fotos
23/12/2012
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