27/07/2026
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13/07/2026
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🚩| La ministra del cobro de piso, recibió la Presea al Mérito Profesional por ser el 😰
12/07/2026
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El Frente de Juzgadores del Binestar otorga Presea al Mérito Profesional a Lenia Batres.
El chiste se cuenta solo 😂😂😂
Negligencia criminal Clara Brugada
04/07/2026
Howard Dully tenía 12 años cuando un médico le introdujo instrumentos metálicos por encima de los ojos para cortar conexiones en su cerebro.
Era diciembre de 1960.
Su madre biológica había mu**to de cáncer cuando él era niño. Su padre volvió a casarse y, desde entonces, Howard creció en una casa donde cada gesto suyo parecía convertirse en un problema.
Era desordenado, discutía, evitaba bañarse, soñaba despierto, no quería acostarse temprano y a veces se mostraba desafiante. Comportamientos difíciles, sí, pero también reconocibles en muchos niños que viven una infancia rota.
Su madrastra comenzó a buscar ayuda médica. Según el propio Howard relató años después, consultó a varios especialistas antes de llegar a Walter Freeman, el médico que había popularizado en Estados Unidos la lobotomía transorbital, conocida popularmente como “lobotomía del picahielo”.
Freeman era una figura famosa y polémica. Viajaba por el país promoviendo un procedimiento rápido, barato y brutal, convencido de que podía aliviar trastornos mentales cortando conexiones en los lóbulos frontales.
En los archivos médicos de Howard, Freeman anotó observaciones inquietantemente simples: que el niño era desafiante, que no reaccionaba al amor ni al castigo, que soñaba despierto y que decía “no sé” cuando le preguntaban en qué pensaba.
El 3 de diciembre de 1960, Freeman escribió que los padres de Howard habían decidido operarlo y recomendó no decirle nada al niño.
El 17 de diciembre realizó la lobotomía.
Howard no recordaría la operación. Años más tarde, al leer su propio expediente, encontró la factura: 200 dólares.
Después de la cirugía, su vida no se arregló. Fue enviado a instituciones, pasó por hogares sustitutos, tuvo problemas con el alcohol, vivió etapas de abandono y cargó durante décadas con una pregunta imposible:
¿Por qué me hicieron esto?
Ya adulto, trabajó como conductor de autobús en California. En sus cincuenta, con ayuda de productores de radio, inició una búsqueda para reconstruir la historia que su familia nunca le había explicado. Viajó, revisó archivos, habló con familiares de otros pacientes y finalmente se enfrentó al expediente que había permanecido guardado durante más de cuarenta años.
En 2005, su historia fue transmitida por NPR y provocó una enorme respuesta del público. En 2007 publicó sus memorias, My Lobotomy, donde contó no solo el procedimiento, sino el daño más silencioso que dejó en él: la sensación de haber sido marcado como alguien defectuoso desde niño.
Howard Dully no convirtió su dolor en odio. Reconocía sus errores, hablaba de su juventud difícil y no se presentaba como perfecto. Pero sí dejó una frase que resume su lucha:
“Todos somos víctimas de lo que nos hacen. Podemos usarlo como excusa para fracasar o podemos decir: merezco algo mejor, y voy a intentar construir una vida que valga la pena”.
Howard murió el 11 de febrero de 2025, a los 76 años.
Fue uno de los pacientes más jóvenes sometidos a una lobotomía transorbital por Walter Freeman. Pero también fue algo más: un hombre que sobrevivió a una decisión tomada sobre su cuerpo cuando todavía era un niño, buscó la verdad durante décadas y logró contar su historia con una serenidad que duele más que cualquier grito.
❤️🩹❤️🩹❤️🩹
02/07/2026
02/07/2026
¿Cómo leer la teoría de Pichon-Riviére con los lentes de Michel Foucault?
En principio, conviene aclarar que no existió un contacto directo ni una influencia mutua comprobada. Para nada. Sus cronologías e itinerarios geográficos e intelectuales corrieron por carriles separados Pichon-Rivière desarrolló el núcleo de su obra en la Argentina de mediados del siglo XX (falleció en 1977), fuertemente influenciado por el psicoanálisis kleiniano, el marxismo y el surrealismo. Foucault, por su parte, construyó su arqueología y genealogía en Europa, consolidándose con fuerza a partir de los años 60 y 70.
Sin embargo, existen asombrosas convergencias conceptuales y "marcas de época" compartidas, especialmente en el modo en que ambos desmontaron las instituciones de encierro y cuestionaron cómo la sociedad produce y moldea a los sujetos.
Puntos de articulación teórica.
1. La desmitificación de la locura y la crítica al manicomio
Este es el puente más sólido entre ambos. Foucault publica Historia de la locura en la época clásica en 1961, donde demuestra que la "locura" no es un hecho puramente biológico o natural, sino una construcción social e histórica: el loco nace cuando la sociedad burguesa necesita aislar y excluir lo que no produce.
Pichon-Rivière llegó a una conclusión idéntica en la práctica concreta décadas antes. Durante su experiencia en el Hospicio de las Mercedes (hoy Hospital Borda) en Buenos Aires en los años 30 y 40, entendió que la enfermedad mental no es un problema puramente "intrapsíquico" (adentro de la cabeza del paciente), sino el síntoma de una trama vincular y familiar alienada. Para Pichon, el enfermo es el emergente (o portavoz) de un grupo familiar enfermo que depositó en él sus ansiedades básicas. Ambos autores coinciden en que la institución psiquiátrica tradicional no busca curar, sino segregar, aislar y etiquetar.
2. El Sujeto como "Producido".
Ambos pensadores rompen radicalmente con la idea del "individuo aislado" o preexistente a la sociedad.
Pichon-Rivière sostiene una premisa famosa: "El sujeto es un ser de necesidades que solo se satisfacen socialmente, en relaciones que lo determinan. El sujeto no es solo un sujeto relacionado; es un sujeto producido".
Foucault afirma de manera similar que el "sujeto" no es una esencia libre que luego entra a la sociedad, sino el resultado, el punto de llegada, de diferentes redes de poder y discursos que lo atraviesan y lo configuran (subjetivación).
3. Poder, Roles y Dispositivos.
En la teoría pichoniana, la estructura de un grupo operativo funciona mediante la adjudicación y asunción de roles (el portavoz, el chivo emisario, el líder, el saboteador). Estos roles operan como una micropolítica dentro del grupo.
Esta dinámica se acopla perfectamente con la noción de Foucault del micropoder. El poder para Foucault no está solo en el Estado o el Gobierno, sino que es reticular, circula, se capilariza en las relaciones cotidianas, en la escuela, la fábrica y la familia. Un grupo operativo pichoniano puede pensarse, en términos foucaultianos, como un dispositivo de visibilización y análisis de esos micropoderes y discursos institucionalizados que nos atraviesan sin que nos demos cuenta.
4. Salud como Adaptación Activa vs. Sujeción.
Para Pichon-Rivière, la salud mental es la adaptación activa a la realidad, que implica una praxis: el sujeto modifica su medio a la vez que se modifica a sí mismo. La enfermedad, en cambio, es la estereotipia, la repetición rígida y la clausura.
Articulándolo con Foucault, la estereotipia pichoniana es el triunfo de los mecanismos de disciplinamiento y normalización que buscan cuerpos dóciles. La "adaptación activa" de Pichon se emparenta con lo que el Foucault tardío llamaría las "tecnologías del yo" o las prácticas de libertad: formas de resistencia activa donde el sujeto se reapropia de su propia subjetividad en lugar de ser meramente sujetado por el entorno.
Aunque no se leyeron ni se citaron, articular a Pichon-Rivière con Foucault permite potenciar la Psicología Social. Foucault aporta la caja de herramientas macro (cómo la historia y el poder moldean los discursos de una época), mientras que Pichon-Rivière ofrece la herramienta clínica y operativa micro (el grupo y el vínculo) para transformar activamente esa realidad y generar espacios de autonomía y salud.
¿Se ve esa gramática foucaultiana en la coordinación de los grupos operativos?
Sí, absolutamente. Aunque insistamos en que no hubo una influencia directa de Foucault hacia Pichon-Rivière, la coincidencia en la matriz de pensamiento se nota de manera brutal en la técnica de coordinación del grupo operativo.
Si miramos la coordinación pichoniana con "lentes foucaultianos", la figura del coordinador y su forma de intervenir son un ejercicio constante de desarticulación del poder tradicional, visibilización de los discursos instituidos y resistencia a la normalización.
Hay tres puntos clave donde la práctica de la coordinación se vuelve profundamente foucaultiana:
1. La renuncia al lugar del "Saber-Poder" (La asimetría invertida)
Para Foucault, el saber y el poder están indisolublemente ligados: quien detenta el saber legítimo (el médico, el juez, el maestro, el analista tradicional) detenta el poder de normalizar, curar o castigar. El dispositivo institucional tradicional coloca al experto en la punta de la pirámide.
Pichon-Rivière rompe esto radicalmente en la coordinación. El coordinador no es un líder: No dirige el grupo, no da las respuestas, no imparte cátedra ni premia/castiga conductas. Mantiene una "asimetría técnica" pero no de poder. Su función no es decirle al grupo qué pensar, sino ayudarlos a mirar cómo están pensando.
Al llamarse "co-pensador", el coordinador devuelve el saber al grupo. Descentra el poder vertical y promueve una circulación horizontal de la palabra. Esto evita la "sumisión al líder", que para Foucault sería la máxima expresión del cuerpo dócil y disciplinado.
2. El análisis de los discursos y los roles como "Micropoderes"
En Vigilar y castigar, Foucault describe cómo el poder opera en lo micro, asignando a cada cuerpo un lugar, un rol y una función fija para mantener el orden.
En el grupo operativo, el coordinador hace exactamente una arqueología de esos micropoderes en tiempo real. Cuando el grupo se estanca (lo que Pichon llama resistencia al cambio o estereotipia), suelen aparecer fijaciones de roles: por ejemplo, depositar toda la frustración en un "chivo emisario".
La intervención del coordinador no va dirigida al "chivo" de forma individual, sino a la estructura de poder invisible que el grupo creó. Su lectura apunta a mostrar cómo el grupo construyó ese dispositivo de control interno para no hacerse cargo de la tarea. Al visibilizar el mecanismo, desarma la red de micropoder que aprisionaba a los integrantes en roles fijos.
3. La co-operación como contra-dispositivo de subjetivación
Foucault habla de la "sujeción" (cómo los dispositivos nos vuelven sujetos dóciles). Frente a esto, el grupo operativo funciona como un contra-dispositivo.
El coordinador interviene favoreciendo el paso de la in-situación (estar atrapado pasivamente en la red discursiva y social que nos enferma) a la co-operación (operar en conjunto para transformar la realidad).
Cada vez que el coordinador señala un "obstáculo epistemofílico" (un miedo que bloquea el conocimiento), está ayudando al grupo a desaprender lo instituido, a cuestionar el "sentido común" que la sociedad disciplinaria les inoculó. La coordinación pichoniana busca que el grupo pase de ser "hablado por el discurso del poder" a producir su propio discurso y su propia verdad.
Coordinar un grupo operativo al estilo pichoniano es un acto micropolítico foucaultiano por excelencia. Consiste en meterse en la maquinaria del control social cotidianizado (la familia, la institución, el equipo de trabajo) y alterarla desde adentro, usando la palabra y el vínculo para devolverle a los sujetos su capacidad de resistencia y autonomía.