Monas chinas con referencias filosóficas

Monas chinas con referencias filosóficas

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Escenas de anime acompañadas con citas de textos filosóficos

06/05/2026

Karl Marx / Luffy Monkey D.
Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844 / One Piece
5 de mayo, cumpleaños de ambos

«El nivel mínimo de salario, y el único necesario, es lo requerido para mantener al obrero durante el trabajo. y para que él pueda alimentar una familia y no se extinga la raza de los obreros. El salario habitual es, según Smith, el mínimo compatible con la simple humanité, es decir, con una existencia animal.»

Salario

El salario está determinado por la lucha abierta entre capitalista y obrero. Necesariamente triunfa el capitalista. El capitalista puede vivir más tiempo sin el obrero que éste sin el capitalista. La unión entre los capitalistas es habitual y eficaz; la de los obreros está prohibida y tiene funestas consecuencias para ellos. Además el terrateniente y el capitalista pueden agregar a sus rentas beneficios industriales, el obrero no puede agregar a su ingreso industrial ni rentas de las tierras ni intereses del capital. Por eso es tan grande la competencia entre los obreros. Luego sólo para el obrero es la separación entre capital, tierra y trabajo una separación necesaria y nociva. El capital y la tierra no necesitan permanecer en esa abstracción, pero sí el trabajo del obrero.

Para el obrero es, pues, mortal la separación de capital, renta de la tierra y trabajo.

El nivel mínimo de salario, y el único necesario, es lo requerido para mantener al obrero durante el trabajo. y para que él pueda alimentar una familia y no se extinga la raza de los obreros. El salario habitual es, según Smith, el mínimo compatible con la simple humanité, es decir, con una existencia animal.

La demanda de hombres regula necesariamente la producción de hombres, como ocurre con cualquier otra mercancía. Si la oferta es mucho mayor que la demanda, una parte de los obreros se hunde en la mendicidad o muere por inanición. La existencia del obrero está reducida, pues, a la condición de existencia de cualquier otra mercancía. El obrero se ha convertido en una mercancía y para él es una suerte poder llegar hasta el comprador. La demanda de la que depende la vida del obrero, depende a su vez del humor de los ricos y capitalistas. Si la oferta supera a la demanda entonces una de las partes constitutivas del precio, beneficio, renta de la tierra o salario, es pagada por debajo del precio; una parte de estas prestaciones se sustrae, pues, a este empleo y el precio del mercado gravita hacia el precio natural como su centro. Pero, 1.) cuando existe una gran división del trabajo le es sumamente difícil al obrero dar al suyo otra dirección; 2) el perjuicio le afecta a él en primer lugar a causa de su relación de subordinación respecto del capitalista.

Con la gravitación del precio de mercado hacia el precio natural es así el obrero el que más pierde y el que necesariamente pierde. Y justamente la capacidad del capitalista para dar a su capital otra dilección es la que, o priva del pan al obrero, limitado a una rama determinada de trabajo, o le obliga a someterse a todas las exigencias de ese capitalista. (...)

06/05/2026

Kierkegaard / Hitori Bocchi
5 de mayo, cumpleaños de ambos
Diapsálmata / Hitori Bocchi no Marumaru Seikatsu

24
¿Qué sucederá? ¿Qué nos traerá el futuro? Ni lo sé, ni tengo el más vago presentimiento. Cuando desde un punto fijo se precipita la araña sobre todas sus consecuencias, no puede por menos de estar viendo siempre delante de sí un espacio vacío, en el que es incapaz de sostenerse, y esto por mucho que se extienda su tela. Lo mismo me ocurre a mí: siempre enfrentado al vacío y lo que me empuja hacia delante es una consecuencia situada a mis espaldas. Esta vida está al revés y es espantosa, insoportable.

06/05/2026

Kierkegaard / Ace - Yamato
Diapsálmata / One Piece

5 de mayo, cumpleaños de Luffy y Kierkegaard

¿Qué es el One Piece? «¡Que siempre tenga la risa de mi parte!»

90 Me ha acontecido algo maravilloso. Fui arrebatado al séptimo cielo. Allí, sentados en sus tronos, estaban reunidos todos los dioses. Y, por especial gracia, me concedieron el favor de que les pidiese algo. «¿Qué quieres? —me dijo Mercurio—. ¿Quieres juventud, belleza, poder, una larga vida, la más hermosa de todas las muchachas, u otra cualquiera de las mil maravillas que tenemos guardadas en nuestra buhonería? ¡Ea, escoge, pero solamente una cosa!» En el primer momento me quedé de una pieza, mas recuperándome en seguida, me dirigí a los dioses y les dije: «Venerables contemporáneos, ésta es la cosa elegida: que siempre tenga la risa de mi parte». Ni siquiera uno de los dioses contestó una palabra, al revés, todos se echaron a reír. Y de ello saqué yo la conclusión de que mis súplicas habían sido atendidas. Me pareció, además, que los dioses no podían haberse expresado con mayor finura y que lo impropio habría sido que me hubiesen contestado seriamente: «¡Concedido!».

06/05/2026

Marx & Engels / Hitori Bocchi
5 de mayo, cumpleaños de ambos
La ideología alemana / Hitori Bocchi no Marumaru Seikatsu

Lenguaje y consciencia

(...)el lenguaje no surge, al igual que la consciencia, sino de la necesidad, de la exigencia de tráfico con otros hombres. Mi relación con mi entorno es mi consciencia.

(...)La consciencia es, pues, desde un principio, un producto social y sigue siéndolo en tanto existan hombres. En un primer momento la consciencia no es, obviamente, sino consciencia del entorno sensible más próximo y consciencia de la limitada interrelación con otras personas y cosas aparte del individuo que alcanza consciencia de sí mismo; es, al mismo tiempo, consciencia de la naturaleza, que en un principio se les presenta a los hombres como un poder de todo punto extraño, absoluto e inatacable, respecto del que los hombres se comportan de manera puramente animal, del que se dejan amedrentar como el ganado; una consciencia puramente animal de la naturaleza (religión natural), por tanto.

Viene a resultar inmediatamente evidente en este punto: esta religión natural o este comportamiento determinado respecto de la naturaleza está condicionado por la forma social, y viceversa. Aquí, al igual que en todo, pasa tan a primer plano la identidad de hombre y naturaleza que el limitado comportamiento de los hombres respecto de la naturaleza condiciona su propio limitado comportamiento de unos para con otros, y su limitado comportamiento de unos con otros condiciona su limitada relación con la naturaleza, precisamente porque ésta apenas ha sido aún históricamente modificada; y, por otra parte, consciencia de la necesidad de entrar en relación con los individuos circundantes, arranque de la consciencia de vivir, en términos absolutos, en una sociedad.

02/05/2026

Marx & Engels / Akko
Manifiesto del Partido Comunista / Little Witch Academia
1 de Mayo, día internacional de los trabajadores

La historia de todas las sociedades anteriores a la nuestra es la historia de luchas de clases.

Ciudadanos libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, en una palabra, opresores y oprimidos estuvieron siempre enfrentados entre sí, librando una lucha ininterrumpida, en ocasiones velada, en ocasiones abierta, una lucha que finalizó en todos los casos con una transformación revolucionaria de la sociedad entera o con la destrucción conjunta de las clases en lucha. (...)

La sociedad burguesa moderna, salida de la decadencia de la sociedad feudal, no ha abolido los antagonismos de clase. Ha puesto, simplemente, clases nuevas, condiciones nuevas de la opresión, nuevas formas de la lucha en el lugar de las antiguas.
Nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza, con todo, por el hecho de haber simplificado los antagonismos de clase. La sociedad entera se divide cada vez más en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases directamente enfrentadas entre sí: burguesía y proletariado. (...)

La burguesía no puede existir sin revolucionar permanentemente los instrumentos de producción, esto es, las relaciones de producción, esto es, las relaciones sociales en su conjunto. La conservación inalterada del antiguo modo de producción era, por el contrario, la condición primordial de la existencia de todas las clases industriales anteriores. La revolución permanente de la producción, la conmoción incesante de todas las situaciones sociales, la inseguridad y el movimiento eternos distingue la época burguesa de todas las otras. (...)

En la misma medida en que se desarrolla la burguesía, esto es, el capital, se desarrolla también el proletariado, la clase de los obreros modernos, que sólo viven mientras encuentran trabajo y que sólo lo encuentran mientras su trabajo incrementa el capital. Estos obreros, obligados a venderse por piezas, son una mercancía como cualquier otro artículo de comercio y están, en consecuencia, sometidos igualmente a todos los avatares de la competencia, a todas las fluctuaciones del mercado. (...)

La creciente competencia de los burgueses entre sí y las crisis comerciales de ello resultantes llevan a que los salarios sean cada vez más fluctuantes; el constante y acelerado perfeccionamiento de la maquinaria coloca al obrero en una situación vital cada vez más precaria; las colisiones entre el obrero individual y el burgués individual asumen cada vez más el carácter de colisiones entre dos clases. (...)

Los comunistas consideran indigno ocultar sus puntos de vista e intenciones. Declaran abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados mediante la subversión violenta de todo orden social preexistente. Las clases dominantes pueden temblar ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen otra cosa que perder en ella que sus cadenas. Tienen un mundo que ganar.

¡Proletarios de todos los países, unios!

02/04/2026

Baudelaire / Asura
Mi corazón al desnudo / Asura (アシュラ)
Semana Santa

L # #
Cuando Jesús dice: "¡Bienaventurados los hambrientos, porque ellos serán hartos!". Jesucristo hace un cálculo de probabilidades.

09/03/2026

Albert Caraco / Maomao & Jinshi
Post Mortem / Los diarios de la boticaria (Kusuriya no Hitorigoto)
8 de Marzo, día internacional de la mujer.

La menstruación, la preñez y el parto, y la lactancia, no se pueden glorificar semejantes servidumbres, son repugnantes y hacen temblar a muchos hombres, aunque éstos escondan el horror que sienten porque temen ser vistos como monstruos. Los hombres enamorados fingen olvidarlas, los demás guardan silencio, es un tema que se elude y nos aflige a todos, los musulmanes aseveran que las mujeres se librarán de ellas cuando estén junto a nosotros en el Paraíso, o sea que son pocas las esperanzas de cura, los judíos dan gracias a Dios cada día por haberlos hecho varones.

Las atenciones a las mujeres son, pues, naturales, nos esforzamos por consolarlas de la miseria que conlleva su s**o, comúnmente nuestras leyes sirven para redoblarla, empezando por las leyes morales y religiosas, las mujeres parecen ser sus víctimas, aún más deplorables al hacerlas consentir en su condición. Durante siglos, las hemos obligado a la gravidez permanente y les inculcamos las ideas más inhumanas: y, ¿qué cosa más atroz que nuestro ideal de fecundidad? Degradamos a la mujer al nivel de un instrumento.

15/01/2026

Fernando Pessoa / Takeo & Rinko
Libro del desasosiego / Ore monogatari (My love history)

«¡La fatiga de ver nuestra existencia transformada en cosa dependiente por completo de una relación con un sentimiento de otro! ¡La fatiga de, en cualquier caso, tener por fuerza que sentir, tener por fuerza, aunque sin reciprocidad, que amar también un poco!»

Sólo una vez fui verdaderamente amado. Simpatías las tuve siempre, y de todo el mundo. Ni al más accidental le ha sido fácil ser grosero, o brusco, ni siquiera frío conmigo. Algunas simpatías tuve que, con mi ayuda, podría haber convertido —o al menos tal vez hubiera podido convertir— en amor o en afecto. Nunca tuve paciencia o atención del espíritu ni siquiera para desear emplear ese esfuerzo.

Al empezar a observar esto en mí, juzgué —hasta tal punto nos desconocemos— que existía en este asunto de mi alma alguna especie de timidez. Pero después descubrí que no la había; había un tedio de las emociones, diferente del tedio de la vida, una inquietud por ligarme a cualquier sentimiento continuo, sobre todo cuando hubiera de llevar a remolque un esfuerzo constante. ¿Para qué?, pensaba para mí lo que en mí no piensa. Tengo bastante sutileza, tacto psicológico suficiente como para saber el «cómo»; el «cómo del cómo» siempre se me escapó. La flaqueza de mi voluntad empezó siempre siendo una flaqueza de la voluntad de tener voluntad. Así me sucedió con las emociones y así también me sucede con la inteligencia, y con la propia voluntad, y con todo cuanto significa vida.

Pero aquella vez en que la malicia de la ocasión me hizo creer que amaba, y comprobar que era verdaderamente amado, me quedé, primero, atontado y confuso, como si me hubiera tocado el premio gordo en moneda no convertible. Sentí, después, un ligero sentimiento de vanidad, porque ningún ser humano puede serlo sin sentirlo; esta emoción, sin embargo, que podría parecer de lo más natural, pasó rápidamente. Le siguió un sentimiento difícil de definir, pero en el que sobresalían incómodamente las sensaciones de tedio, de humillación y de fatiga.

De tedio, como si el Destino me hubiera impuesto una tarea en veladas desconocidas. De tedio, como si un nuevo deber —el de una horrible reciprocidad— me fuera concedido con la ironía de un privilegio, que yo tendría todavía que molestarme en agradecer al Destino. De tedio, como si no me bastara la monotonía inconsistente de la vida, para que ahora se le sobrepusiera la monotonía obligatoria de un sentimiento definido.

Y de humillación, sí, de humillación. Tardé en darme cuenta de a qué venía un sentimiento aparentemente tan poco justificado por su causa. Debería de habérseme aparecido el amor a ser amado. Debería de haberme envanecido de que alguien reparara atentamente en mi existencia como ser amable. Pero, a parte del breve momento de auténtico envanecimiento, en el que todavía no sé si el pasmo fue mayor que la propia vanidad, la humillación fue la sensación que de mí recibí. Sentí que se me concedía una especie de premio destinado a otro —premio sin duda de valor para quien naturalmente lo mereciera.

Pero fatiga, sobre todo fatiga —la fatiga que transmite el tedio. Comprendí entonces una frase de Chateaubriand que siempre había interpretado mal por falta de experiencia de mí mismo. Dice Chateaubriand, figurando ser René: «al amarlo lo cansaban» —on le fatigait en l’aimant. Reconocí, espantado, que eso resumía una experiencia idéntica a la mía, y cuya verdad por tanto yo no tenía derecho a negar.

¡La fatiga de ser amado, de ser amado de verdad! ¡La fatiga de ser el objeto del peso de las emociones ajenas! Convertir a quien quiso verse libre, siempre libre, en el chico de los recados de la responsabilidad de corresponder, de la decencia de no apartarse, para que no se crea que se es príncipe de las emociones y se niega lo más grande que un alma humana puede dar. ¡La fatiga de ver nuestra existencia transformada en cosa dependiente por completo de una relación con un sentimiento de otro! ¡La fatiga de, en cualquier caso, tener por fuerza que sentir, tener por fuerza, aunque sin reciprocidad, que amar también un poco!

Se alejó de mí, tal como a mí llegó, ese episodio en la sombra. Hoy nada queda de él, ni en mi inteligencia ni en mi emoción. No me aportó experiencia alguna que yo no hubiera podido deducir de las leyes de la vida humana cuyo conocimiento instintivo albergo en mí como humano que soy. No me dio ni placer que recuerde con tristeza, ni tampoco pesar que con tristeza me venga a la memoria. Tengo la impresión de que fue algo que leí en algún sitio, un incidente acontecido a otro, un relato del que leí sólo la mitad y al que faltó la otra mitad, sin que a mí me importase que faltara, pues hasta donde lo leí estaba completo, y, aunque no tuviera sentido, había llegado a un punto en que no le podría dar sentido la parte que faltaba, fuera cual fuera el argumento.

Me queda sólo una gran gratitud a quien me amó. Pero es una gratitud abstracta, estupefacta, más de la inteligencia que de cualquier emoción. Siento pesar por si alguien sufrió por culpa mía; eso es lo que me pesa, y no me pesa nada más.

No es natural que la vida me proporcione otro encuentro con las emociones naturales. Casi deseo que aparezca para ver cómo siento esa segunda vez, después de haber atravesado por un muy extenso análisis de la primera experiencia. Es posible que sienta menos, es posible también que sienta más. Si el Destino me lo ofrece, que me lo ofrezca. Sobre las emociones siento curiosidad. Sobre los hechos, sean los que en su momento sean, no siento la más mínima curiosidad.

09/01/2026

Sartre / Emperador - Lelouch
Individualismo y conformismo en los Estados Unidos / Code Geass
Sobre la situación actual de los EEUU

«(En EEUU) uno debe triunfar porque el triunfo prueba las virtudes morales y la inteligencia y, también, porque indica que uno se halla beneficiado por la protección divina. Además, es preciso triunfar porque sólo entonces el norteamericano podrá afirmarse como una persona frente a la multitud.»

En Estados Unidos uno no está nunca solo en la calle pues siente que las paredes le hablan. A derecha e izquierda hay carteles en profusión, avisos luminosos, inmensos escaparates que no contienen más que un gran tablero con un montaje fotográfico o estadísticas. Acá se ve a una mujer de rostro descompuesto que tiende sus labios a un soldado norteamericano; allá, un avión que arroja bombas sobre una aldea y, bajo la imagen, estas palabras: "Biblias en lugar de bombas." La Nación marcha con uno, le da consejos y órdenes. Pero lo hace en voz baja y procura explicar minuciosamente sus órdenes hasta el punto de que no hay mandamiento alguno que no esté acompañado de un breve comentario o de una imagen justificativa, ya se trate del aviso de un producto de belleza o de la propaganda en favor de los bonos de guerra.

Vi un gran cartel que reproduce, bajo la forma de dibujos sin palabras, una parábola sobre la solidaridad en el trabajo. Dos asnos atados uno a otro se esfuerzan por acercarse a dos montones de heno bastante alejados entre sí. Cada cual tira del cabestro en sentido inverso y he ahí que están a punto de estrangularse. Pero de pronto comprenden, se acercan y se ponen a pacer tranquilamente, los dos juntos, el primer montón de heno. Cuando acabaron de comerlo, los vemos acercarse juntos hacia el segundo. Visiblemente, se ha excluido de allí todo comentario de intento, pues el transeúnte debe extraer por sí mismo la conclusión. No se lo violenta sino que, por el contrario, la imagen es un llamamiento a su inteligencia. Se ve obligado a interpretarla, a comprenderla; el consejo no se le impone, como hacía la propaganda n**i con sus carteles chillones. La conclusión reclama su concurso para ser descifrada. Y, cuando el hombre comprendió, es como si él mismo hubiera concebido el pensamiento y queda más que a medias persuadido.

En verdad, tal tendencia educativa dimana del corazón mismo de la colectividad, de modo que cada norteamericano se hace educar por otros norteamericanos, y educa a otros a su vez. En todas partes de Nueva York, tanto en los colegios como fuera de los colegios, hay cursos de americanización. En ellos se enseña de todo: a coser, a cocinar, hasta a "flirtear". En un colegio neoyorquino se dicta un curso sobre el modo en que debe comportarse una joven para que su amigo se case con ella. En todo esto no se trata tanto de formar un hombre como de formar un norteamericano puro. Sólo que el norteamericano no distingue entre la razón norteamericana y la razón a secas. Todos los consejos que decoran su ruta aparecen tan perfectamente apoyados en razones claras, son tan penetrantes que se siente mecido por una inmensa solicitud que no le permite jamás sentirse solo y sin amparo.

Para Hi**er un razonamiento es bueno para Alemania si ante todo es alemán, y siempre será sospechoso si despide cierto olor a universalidad. Por el contrario, la especialidad del norteamericano consiste en considerar universal su pensamiento. Reconócese en esto una influencia del puritanismo que no he de desentrañar aquí. Pero sobre todo percíbese la presencia concreta, cotidiana, de una Razón de carne y hueso, de una Razón que se ve. Y así hallé en la mayor parte de mis interlocutores una fe ingenua y apasionada en las virtudes de la Razón.

Conformistas por respeto de la libertad, despersonalizados por su nacionalismo, los norteamericanos identifican en un mismo culto la Razón universal y su Nación particular.
De esta suerte, el individualismo norteamericano se me apareció, ante todo, como en una tercera dimensión.

No se opone al conformismo sino que por lo contrario lo supone. Pero lo cierto es que, en el seno del conformismo, constituye una dirección nueva, en altura o en profundidad.

En primer lugar, el norteamericano ha de afrontar la lucha por la vida, lucha que es muy ruda. Cada individuo ansia triunfar, es decir, ganar dinero. Pero no hay que ver en esto nada más que avidez o sólo una inclinación por el lujo. Según me parece, el dinero, no es en los Estados Unidos más que el signo necesario pero simbólico del triunfo. Uno debe triunfar porque el triunfo prueba las virtudes morales y la inteligencia y, también, porque indica que uno se halla beneficiado por la protección divina. Además, es preciso triunfar porque sólo entonces el norteamericano podrá afirmarse como una persona frente a la multitud.

He dicho lo bastante, según espero, para hacer comprender hasta qué punto el ciudadano norteamericano se halla sometido, desde el nacimiento hasta la muerte, a una fuerza de organización y de americanización intensa, hasta qué punto se despersonaliza primero por un llamamiento constante a su razón, a su civismo, a su libertad y hasta qué punto, cuando queda debidamente encuadrado en la Nación por medio de las organizaciones profesionales y de las ligas de edificación moral y de educación, recupera de pronto su conciencia de sí mismo y su autonomía de persona. Queda entonces libre para escapar hacia un individualismo casi nietzscheano, simbolizado por los rascacielos que se alzan en el cielo claro de Nueva York. De todos modos, en la base no está, como entre nosotros, el individualismo, sino el conformismo. La personalidad debe conquistarse y constituye una función social o la afirmación del triunfo.

(Le Fígaro. Febrero de 1945.)

25/12/2025

Pizarnik / Sachi - Kirito
Diarios / Sword Art Online

«24 de Diciembre
Agonia, estertores, vértigos»

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