24/11/2025

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El Martirio de Miguel Agustín Pro
A las diez horas con treinta minutos del 23 de noviembre de 1927, en el patio de la estación de policía ubicada en lo que hoy son instalaciones del diario El Universal, sobre Bucareli, miles de personas, por dentro y fuera de lo que constituía el cuadro de práctica de tiro, escuchan las voces de mando emitidas por el Coronel Mazcorro.
Desde las ventanas de Excélsior, muchos miran cómo un sacerdote, vestido con alzacuello (la sotana la prohíben las criminales leyes contra la Iglesia), se incorpora de rezar hincado sus últimas oraciones y se para de frente al pelotón de fusilamiento, abriendo los brazos y con los ojos semicerrados, grita, un momento antes ele la orden de "¡fuego!", un firme "¡Viva Cristo Rey!", tras el cual se escucha la descarga que lo hace doblarse hacia el piso.
Miles de personas, una multitud que hace temer a los ejecutores, se santiguan al momento que el cuerpo cae. Hay llanto, dolor, consternación y va tomando forma el rezo del rosario. Se escucha el tiro de gracia.
Los hasta entonces seguros sicarios (tan seguros que permitieron se tomaran fotos del fusilamiento), encabezados por un masón reconocido, el General Roberto Cruz, titubean, asustados, ante la ola de rumores que se desprende de las voces unidas en el rezo, en el llanto.
Tratan de borrar las huellas de su obra, cuando ya las placas fotográficas, algunas listas para dar la vuelta al mundo, muestran el estado en que vive México, país casi cien por ciento católico, en manos de sus muy minoritarios enemigos.
Prosiguen, sin embargo, los fusilamientos, de aquellos que, unos en realidad y otros en casos "fabricados" por el gobierno de Plutarco Elías Calles, fueron supuestamente ajusticiados. El ingeniero Luís Segura Vilchis, motivado con el ejemplo del Padre Pro, muere con dignidad, como lo hace su hermano Humberto y varios más.
Fuente: FSSPX