15/09/2026
El autocuidado del profesional que acompaña el sufrimiento humano.
Quien acompaña también necesita ser acompañado.
Hay profesiones en las que escuchar el dolor de otra persona forma parte del trabajo cotidiano. Es así, que psiquiatras, médicos, enfermeras, tanatólogos, trabajadores sociales, cuidadores, acompañantes, personal de emergencias y otros profesionales pueden encontrarse diariamente frente a la enfermedad, la pérdida, la violencia, el duelo, la incertidumbre o la muerte.
Con frecuencia se espera de ellos serenidad, fortaleza, disponibilidad y capacidad para sostener a otros; pero existe una pregunta que pocas veces hacemos:
¿Quién sostiene al que sostiene?
El personal que acompaña también es una persona. Y escuchar historias de sufrimiento de manera continua puede tener consecuencias. La literatura especializada reconoce fenómenos como la fatiga por compasión, el estrés traumático secundario y desgaste profesional; y esto no debe interpretarse de manera automática como falta de vocación o de debilidad personal.
Por ello, hablar de autocuidado no significa decirle al profesional simplemente que descanse, haga ejercicio o se tome unas vacaciones; dado que se trata de algo mucho más profundo.
Autocuidarse también es reconocer los propios límites.
Quien acompaña puede acostumbrarse a escuchar el dolor de los demás sin preguntarse qué está ocurriendo con el propio. Puede comenzar a llevarse las historias a casa, perder sensibilidad, sentirse irritable, agotado o emocionalmente distante, experimentar la sensación de que ya no tiene nada más que ofrecer, incluso puede sentir culpa por necesitar ayuda.
Al respecto, la Asociación Americana de Psicología (APA) señala que determinadas creencias sobre el autocuidado; verbigracia, sentir que dedicar tiempo a uno mismo es egoísta o improductivo, pueden dificultar precisamente las prácticas que protegen al profesional.
En virtud de ello, pedir apoyo no contradice la vocación de servicio. Más bien, la protege. El límite también es una forma de cuidado.
Acompañar no significa cargar con el sufrimiento de la otra persona. Así como, escuchar no significa absorber, o, comprender no significa resolver todo, al igual que disponible no significa estar disponible siempre.
El profesional necesita reconocer la diferencia entre acompañar y sustituir; entre ofrecer presencia y asumir responsabilidades que corresponden a otros; al igual que ejercer su función y permitir que el sufrimiento de la persona acompañada invada todos los espacios de su propia vida.
Los límites profesionales no disminuyen la humanidad del acompañamiento, más bien; la hacen sostenible. No todo depende del profesional.
Es aquí, donde considero particularmente importante hacer una precisión. No debemos convertir el autocuidado en una responsabilidad exclusivamente individual.
Decirle a un profesional agotado que “debe cuidarse más” puede ser injusto cuando trabaja con jornadas excesivas, cargas desproporcionadas, falta de personal, ausencia de supervisión o condiciones laborales inadecuadas.
Al respecto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica precisamente la presión de tiempo, las jornadas largas, la falta de apoyo, la falta de control y otros factores organizacionales como riesgos para el estrés, el agotamiento y la fatiga de los trabajadores de la salud.
Por ello, el autocuidado también es una responsabilidad institucional.
Es así que, una institución u organización que realmente cuida a quienes cuidan debe generar espacios para:
Supervisión,
Descanso,
Comunicación,
Apoyo entre colegas,
Manejo adecuado de cargas de trabajo,
Atencion de riesgos Psico sociales,
Formación continua, y
Acceso a apoyo profesional cuando sea necesario.
La protección del profesional también forma parte de la calidad de la atencion que recibe la persona acompañada. La OMS ha señalado que proteger la salud y seguridad de los trabajadores contribuye a salvaguardar la calidad y seguridad de la atención.
Es así que, la propuesta de DEVAInfinito es:
Acompañar el sufrimiento humano exige humanidad. Y ser humano significa también reconocer cuándo necesitamos detenernos, descansar, hablar, pedir ayuda o simplemente permitirnos no ser fuertes por un momento.
Proteger la capacidad de seguir acompañándolo con presencia, ética y dignidad.
Porque nadie puede sostener indefinidamente a otros mientras se abandona a sí mismo.
Quien acompaña también necesita ser acompañado.
Dr. Edgar Vázquez Ávila
Doctor en Derecho | Bioeticista | Andragogo
Fundador de DEVAInfinito
Evoluciona tu mente sin límites
Derecho | Bioética | Tanatología Clínica
Conocimiento que humaniza. Acompañamiento que transforma.