23/09/2026
Un 23 de septiembre nació Eurípides, y la verdad es que vale la pena detenerse un segundo a pensar en él. Si Esquilo y Sófocles nos mostraron la majestuosidad de los héroes y el peso implacable del destino, Eurípides hizo algo mucho más peligroso y valiente: bajó a esos personajes del pedestal y los obligó a mirarse al espejo.
Resulta fascinante cómo este hombre, hace casi dos mil quinientos años, entendió que el verdadero terror no viene siempre de un rayo lanzado desde el Olimpo. Viene de adentro. De esa grieta oscura que se nos abre en el pecho cuando la pasión nos ciega, cuando la traición nos rompe o cuando el rencor toma el control. En sus obras, los dioses dejan de ser jueces impecables y pasan a ser fuerzas caprichosas, mientras que los héroes pierden su armadura brillante para mostrar sus miserias, sus dudas y su fragilidad más pura.
Y es que, para ser honestos, a la Atenas de su época no siempre le gustó lo que Eurípides le ponía enfrente. Cuestionó la guerra en la cara de los victoriosos, le dio voz a los despojados y retrató a mujeres con una complejidad psicológica tan devastadora que sacudió las buenas conciencias del teatro clásico. Pensemos en Medea: no es solo un mito de venganza, es la anatomía brutal de un colapso emocional. O en Las troyanas, donde el dolor de las vencidas expone la mezquindad de los vencedores sin adornos ni heroísmos baratos.
En su tiempo no lo colmaron de premios. De hecho, apenas ganó cuatro veces en las Grandes Dionisias y los comediógrafos se burlaban de él sin piedad. Pero el tiempo, que suele ser el único juez sabio, terminó dándole la razón. Eurípides no escribía para complacer a sus contemporáneos; escribía para la condición humana.
¿Cuál de las tragedias de Eurípides es la que más los ha dejado helados al terminar de leerla? Los leo en los comentarios. 👇🎭