20/02/2026
Señoras de la vida 💜
En el pasado Círculo de Reflexión sobre la Envidia que nos convidaron Lau y Mich, leímos (y releímos) a Candela Valle Blanco, "La envidia de las mujeres: cómo entenderla y cómo sanarla", donde Candela precisa que pongamos la mirada enteramente en nosotras, esto como una propuesta de lectura en la que nos pide a las lectoras partir de nosotras mismas y en el sentir del presente.
Estas palabras las he traído hilando, porque siempre que puedo me gusta decir que sí, que soy una Señora. Y no una señora en un sentido patriarcal de poder, sino una señora en el sentido de la autoridad femenina, como bien dice Candela, "dueña de nuestro presente y de nuestro sentir".
Y es que últimamente he dejado vacíos y silencios para sentir lo que siento en los momentos en los que la miseria, el poder, la violencia, tocan mi piel y la hieren. Podría quedarme ahí, en el punto del dolor donde la piel se queda en el fuego y todo arde, quema, pero no me muevo. Como si ese fuego me sujetara sin tener una mínima capacidad de respuesta. ¿Y qué respuesta tendría qué tener? ¿Responder de la misma manera? ¿Quedarme sufriendo? No, puedo decir que me duele, nombrar y señalar la experiencia que vivo en relación a las cosas que pasan en un mundo como este y sí, moverme de lugar -corporal, emocional y espiritualmente-, porque soy una señora, con la capacidad que nos da la vida, de ir y venir, "de asumir la capacidad que nos corresponda".
Y esto implicaría también trascender, que María Zambrano lo nombra así: "(es) mediar, ir y venir entre lugares extremos, y si no es eso lo propio de lo humano, se quedará el hombre reducido a ser una criatura no muy diferente de los demás, se quedará privado de su situación singular en el mundo".
Trascender como señora de mi vida, me pone en un lugar en el que puedo poner mi "situación singular en el mundo" en relación, de amor y cuidado, con lo que yo elijo, sí, desde el poder de mi autoridad, mi voluntad y mi propio deseo.
Soy una señora, caminando aquí y allá, que en cualquier lugar, así sea en la podredumbre, tengo una casa, mi cuarto propio, mi ventana, un escritorio. El lugar que cuido y al que no cualquiera puede entrar.