La Conquista Espiritual de México

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La historia sobre la evangelización a los nativos por parte de las órdenes mendicantes en la Nueva España.

02/05/2026

EL PROCESO DE DON CARLOS OMETOCHTZIN, CACIQUE DE TEXCOCO

JUAN DE ZUMÁRRAGA, INQUISIDOR EXTRAORDINARIO, 1536-1543 (Parte 6)


Tomado del Libro:
Zumárraga y la Inquisición mexicana, 1536-1543, por Richard E. Greenleaf, traducción de Víctor Villela, Fondo de Cultura Económica, primera reimpresión, 1992, México.

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Don Carlos Chichimecatecuhtli u Ometochtzin¹ era nieto del Gran Nezahualcóyotl ² e hijo natural de Nezahualpilli, quiénes habían sido soberanos de Texcoco en el período que precedió a la Conquista. Carlos se había criado en la familia de Cortés y había sido educado por los franciscanos en el colegio de Santa Cruz de Tlatelolco. Según su propio testimonio, había sido bautizado por los franciscanos en Texcoco en 1524. Aunque debe de haber tenido otras esposas, se había casado con doña María de Guaxutla en 1535. Después que murió su famoso hermano Don Hernando Ixtlilxóchitl, cacique de Texcoco, probablemente en 1531, Don Carlos le sucedió en el cacicazgo de Texcoco.

En vista de su heredada posición de cacique y de señor natural de Texcoco, que era una de las tres ciudades que integraban la triple alianza azteca anterior a la conquista española, Don Carlos obviamente gozaba de considerable prestigio e influencia entre los indios de la zona texcocana. Por datos registrados en el proceso de la inquisición, también sabemos que su hermana estaba casada con el cacique del pueblo cercano de Chiconautla y que Carlos pudo haber sido tío del cacique de Tacuba, también una de las ciudades de la triple alianza azteca. Estaba emparentado con otro de los jefes nativos de la región y con Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, el historiador texcocano del siglo XVI, otro nieto de Nezahualcóyotl.

Don Carlos de Texcoco fue denunciado ante el Santo Oficio de la Inquisición el 22 de junio de 1539, como dogmatizador contra la fe, por Francisco, indio del pueblo de Chiconautla. Francisco relató que los primeros días de junio Don Carlos había viajado a Chiconautla para visitar a su hermana. El área de Chiconautla estaba acosada por la sequía y la peste y el padre provincial había animado a los indios a que rezaran implorando auxilio, así como a efectuar ciertas procesiones como parte de su súplica.

Esas actividades estaban en desarrollo cuando Carlos llegó a Chiconautla. Ridiculizó todo el proceder y las enseñanzas de los frailes, quiénes, dijo, engañaban a la gente. Francisco citó que Don Carlos había dicho que la doctrina cristiana era nada, que las declaraciones de los frailes, del virrey y del obispo carecían de importancia y que la instrucción dada a los principales en los colegios no tenía valor.

Carlos hizo notar a los nativos de Chiconautla que cada una de las tres órdenes, los franciscanos, los dominicos y los agustinos, tenían su propia indumentaria y su propio modo de hacer las cosas y le dijo a Francisco y a los otros que era perfectamente correcto que los nativos tuvieran su propio modo de vivir y de profesar culto. Francisco también declaró que Carlos había dicho una arenga donde atacaba al gobierno español de México así como la iglesia española:

¿Quiénes son esos que nos deshacen, y perturban, y viven sobre nosotros, y los tenemos a cuestas y nos perturban? Pues aquí estoy yo, y allí está el Señor de México, Yoanize, y allí está mi sobrino Tezapille, Señor de Tacuba, y allí está Tlacahuepantli, Señor de Tula, que todos somos iguales y conformes y no se ha de igualar nadie con nosotros; que esta es nuestra tierra, y nuestra hacienda, y nuestra alhaja, nuestra posesión, y el señorío es nuestro y nos pertenece, y quién viene aquí a sojuzgarnos, que no son nuestros parientes ni de nuestra sangre y se nos igualan, pues aquí estamos y no ha de haber quien haga burla de nosotros…”

Claramente Don Carlos estaba dogmatizando contra el poder político español de México y atacándolo.

Después de que Zumárraga estudió la denuncia procedió de manera inmediata. Debido a la posición e influencia de Don Carlos, el Inquisidor Apostólico consideró que el caso era muy serio. A los pocos días fue a Chiconautla en persona para examinar los eventos relatados por Francisco. El 4 de julio de 1539 ordenó el arresto de Carlos y puso en embargo a sus propiedades. En una de las casas del cacique se encontraron escondites de ídolos entre los que se hallaban Quetzalcóatl, Xipe, Tláloc y Coatlicue.

Entre el 4 y el 12 de julio Zumárraga continuó la investigación en Chiconautla y en Texcoco. Interrogó a muchos testigos: a la esposa y al hijo de Carlos, a su hermana Inés, al gobernador y a varios principales de Texcoco, a la esposa de su difunto hermano Pedro, al cacique de Chiconautla y a muchos otros.

Los testimonios sostuvieron el cargo de que Carlos era un hereje dogmatizante. Antonio, el hijo de Carlos, dio testimonio que sirvió para intensificar la actuación de que Carlos era enemigo de la fe. El muchacho tenía 11 o 12 años de edad, pero no había crecido en la casa de Dios porque el padre le había prohibido ir a la Iglesia. No sabía nada de doctrina cristiana; no podía santiguarse o persignarse, tampoco era capaz de recitar el Pater Noster, el Credo o el Ave María.

Don Carlos había ofendido particularmente a la Iglesia al haberle predicado a los nativos acerca de la disipación de los frailes. Les hacía el cargo de inmoralidad sexual y de concubinato. Afirmaba que el sacramento de la confesión era una broma porque eran los frailes y no Dios quienes querían oír los pecados. Aseveraba que aquellos castigaban al indio por concubinato y embriaguez en tanto que se los permitían como privilegios al español.

El criterio de Carlos respecto al concubinato era especialmente dañino para las enseñanzas de la Iglesia. Carlos enseñaba que el concubinato había sido una tradición entre los indios y que debía continuar. Aconsejaba las esposas indias que obedecieran a sus esposos en todo y que no se quejaran cuando los esposos tomaran otras mujeres. Les contaba a otros que dormía con su sobrina Inés siempre que lo deseaba. Inés admitió que había sido concubina de su tío. Había habido un niño de esa unión que Carlos sostenía. Otros testimonios informaron que Inés era la mujer a quien Carlos realmente favorecía y que tenía control sobre vastas propiedades mientras que la esposa legítima llevaba solo una magra existencia y únicamente tenía una esclava.

Doña María, la esposa de Pedro, el difunto hermano de Carlos, aprovechó el proceso para referir algunas de las solicitudes que éste le había hecho estando todavía de luto. Primero hizo el cargo de que Carlos había hurtado la herencia dejada por su esposo a sus sobrinos. Luego relató como Carlos había ido a su casa para tomarla como concubina justo después del funeral de Pedro. Cuando ella se rehusó a recibirlo, adoptó la práctica de rondar su casa de noche, produciendo ruidos horripilantes para asustarla. Carlos admitió sus “visitas” a la casa de doña María, pero sostuvo que solo eran para conversar y no para “echar con ella”. Los sirvientes de la casa de María confirmaron la versión de la historia dada por ella y condenaron a Carlos por sus incongruencias.

No había testimonio definido de que Carlos había practicado la idolatría. Cuando se embargaron las propiedades del cacique, Zumárraga personalmente dirigió la búsqueda en las casas de Carlos para descubrir ídolos ocultos. En una casa particular se encontró toda una colección de ídolos: Quetzalcóatl, Xipe, Tláloc, Coatlicue y otros. La casa pertenecía a Carlos, pero había sido la residencia de un tío difunto. El lugar había sido un santuario y templo de antes de la Conquista. La esposa y el hijo de Carlos no sabían nada de la casa de los ídolos y Carlos juró que la residencia había estado cerrada desde la muerte de su tío. Los testigos no ofrecieron evidencias que relacionaran al cacique con la idolatría o el sacrificio. ³

El descubrimiento de Zumárraga del escondite de ídolos en la propiedad de Carlos estimuló una cacería de ídolos en toda el área de Texcoco, cacería que fue supervisada por el gobernador Don Lorenzo de Luna, hermano ilegítimo de Carlos.⁴ de esta búsqueda resultó mucho conocimiento adicional acerca del paganismo en la región. El cusco principal parecía ser el de los adoradores de Tláloc. En la época de la preconquista el ídolo de Tláloc había recibido en una caverna montañosa cercana a Texcoco,⁵ y los indios acudían desde Tlaxcala, Cholula, Chalco y puntos distantes en petición de lluvia. Los funcionarios nativos de Texcoco habían notado que fluía humo de la montaña y luego de una investigación encontraron a los idólatras y les confiscaron sus ídolos y máscaras y otros instrumentos de sacrificio. Fueron llevados ante Zumárraga durante el proceso de Carlos, pero tenían poca conexión con el caso.

Los testimonios revelaron que Carlos pretendía que su padre y su abuelo eran profetas y que se comunicaban con él y le daban instrucciones sobre cómo proceder en el gobierno de sus súbditos. Les dijo a los nativos que Nezahualcóyotl le había ordenado que siguiera las indicaciones de los antiguos dioses del cielo y de la tierra de la religión Azteca. En ninguna parte de los testimonios se afirmó que Carlos hubiera hecho sacrificios.

El 15 de julio de 1539 Zumárraga y su personal regresaron a la Ciudad de México para continuar el proceso y Don Carlos fue llevado ante el inquisidor apostólico para interrogatorio formal. Fray Bernardino de Sahagún era el intérprete principal. Las declaraciones del cacique sobre los cargos de dogmatización y herejía fueron decididamente débiles. Insistió en que había animado a sus súbditos a que se convirtieran en cristianos y a qué permanecieran fieles. Negó que dogmatizara y ofendiera a Dios en cualquier forma. Excepto en tener concubina. Declaró que nunca había dicho que la ley de Dios era una broma ni había emitido calumnias sobre la moral del clero. Negó haber difamado a Zumárraga y al virrey Mendoza. Don Carlos se rehusó a admitir que había practicado los antiguos ritos, o qué había sacrificado o invocado el auxilio de los dioses aztecas en su gobierno. Finalmente, Carlos negó resueltamente haber exhortado a los nativos para que volvieran al concubinato o haber encomiado la anarquía de las costumbres de la época de la preconquista.

Aunque manifestó lealtad a la Iglesia y al Estado, no hubo duda, según los testimonios, de que Carlos había dicho el desleal discurso que reportó Francisco de Chiconautla. Y probablemente fue este discurso el factor más importante en la decisión del virrey Mendoza y de la Audiencia de apoyar a Zumárraga en la sentencia de relajamiento.

El fiscal de la Inquisición, Cristóbal de Canego, hizo su acusación contra Carlos el 22 de agosto de 1539. Los cargos en realidad solo fueron dos: dogmatizar heréticamente contra la fe y costumbres de la población India, y la idolatría. Cuando los testigos ratificaron sus declaraciones, Carlos quedó convicto de herejía dogmatizadora y exonerado del cargo de idolatría.

Más tarde, ese día 22 de agosto, Carlos, a través de su abogado defensor, Vicencio de Riverol, contestó las acusaciones del fiscal. Carlos alegó que Canego no tenía evidencia específica respecto al tiempo y lugar de la supuesta herejías e idolatrías. El cacique repitió que sus años de formación en la casa de Cortés y su educación en Tlatelolco lo habían hecho un cristiano modelo, que guardaba el día de descanso de cada semana y que obligaba a sus súbditos a hacerlo así. Sin embargo, incluso después de un aplazamiento de 30 días para que formulara su defensa, Carlos no pudo exhibir testigos que apoyaran sus argumentos.

Como último recurso para salvarse, Don Carlos presentó un alegato donde hacía el cargo de que era víctima de una conspiración de sus enemigos para obtener su puesto de cacique. Dijo que habían sido movidos por el odio y la venganza debido a ciertos castigos que les había impuesto en su calidad de funcionario. Entre el 23 de septiembre y el 4 de noviembre de 1539 Carlos fracasó en una serie de peticiones para conseguir más tiempo a fin de formular una defensa o para que se le concediera un nuevo proceso.

Antes de que Zumárraga pronunciara sentencia envío todo el trasunto del proceso al virrey Mendoza y a los oidores de la Audiencia para su opinión sobre la materia. Esta acción del 18 de noviembre indicaba que Zumárraga estaba considerando remitir a Don Carlos al brazo secular. Al parecer el virrey y los jueces no registraron objeción a la sentencia propuesta por Zumárraga. Al menos no tenemos registro de lo contrario.

La sentencia se pronunció el 28 de noviembre de 1539. Fue breve de que rehusó confesarse o pedir clemencia, Zumárraga recomendó y certera. Carlos fue condenado como hereje dogmatizador y en vista que fuera remitido al brazo secular. La sentencia civil que se dictó fue la quema en la hoguera. Se confiscaron todas las propiedades de Carlos. No se hizo mención de los cargos de idolatría y de concubinato.

El 29 de noviembre de 1539 un pregonero le anunció al populacho que iba a efectuarse un auto de fe el domingo siguiente. Se requería que todos estuvieran presentes so pena de excomunión si dejaban de asistir. El auto se verificó en el Zócalo el domingo 30 de noviembre. Don Carlos apareció en la procesión llevando el Sambenito y la coraza con una vela en la mano. Fue conducido al cadalso de la plaza. Se encontraba reunida la mayoría de los ciudadanos de la Ciudad de México y de Texcoco, así como el virrey Mendoza, la Audiencia y Zumárraga. El obispo dijo su sermón y luego le ordenó al secretario de la Inquisición, Miguel López de Legazpi, que leyera la sentencia. Le fue traducida al condenado.

En el último momento Carlos se arrepintió y le pidió a Zumárraga que le permitiera dirigirse en su propia lengua a los nativos ahí reunidos. Los instó a observar su ejemplo, a desdecirse de sus idolatrías y a seguir la fe verdadera. No pudo escapar a la pena de muerte debido a lo tardío de su confesión. Fue transferido a las autoridades civiles para la ejecución de la sentencia. No sabemos el modo en que murió don Carlos. Don José Toribio Medina especuló que el cacique fue primero estrangulado con el garrote y luego fue quemado el cadáver. Este era el procedimiento usual aplicado a herejes obstinados de confesión de última hora.⁶

La ejecución de don Carlos suscitó una tormenta de protestas en los círculos oficiales de España. Zumárraga fue censurado por su acción rigurosa.⁷ No cabe duda de que el caso de don Carlos dio un real ímpetu al movimiento de exención del indio de la jurisdicción del Santo Oficio de la Inquisición.

El movimiento de exención, en tanto se basó en las actitudes humanistas expuestas en el capítulo III y se le dio fuerza por el caso de don Carlos, fue lento en complacer.⁸ Las instrucciones de Tello de Sandoval y de Moya de Contreras les otorgaban a esos inquisidores jurisdicción sin excepción. Los indios fueron tratados por Tello y los obispos como ordinarios en toda la Nueva España hasta 1571. Los prelados monásticos en áreas donde no había obispo residente continuaron sus inquisiciones bajo la autoridad de la bula “Omnimoda” hasta que un decreto de Felipe II del 30 de diciembre de 1571 eliminó a los indios de la jurisdicción de todas las inquisiciones y los colocó bajo el control directo de los obispos en materia de fe y costumbres.⁹

Conclusión sobre la Inquisición y los indios: 1536-1543

Cualquier juicio sobre la Inquisición India de Zumárraga dependerá necesariamente de los criterios utilizados para su evaluación. Si se examina esta institución como dispositivo para extirpar la idolatría y los sacrificios y disolver el paganismo, toda la historia de México demuestra que Zumárraga fracasó. El clérigo ortodoxo defendería los procesos indios de Zumárraga por necesarios y haría notar la indulgencia general de la inquisidora apostólico en casos de poco significado. Estaría pronto a sostener, sin embargo, que fueron absolutamente necesarias la firmeza y la severidad en el trato con aquellos nativos que hubieran socavado la conquista espiritual.

El humanista probablemente hubiera condenado a Zumárraga por su Inquisición India. Desde su punto de vista habría parecido severa, injusta e innecesaria. No habría perdonado el abandono de ciertas ideas humanistas básicas por la seguridad del imperio y de la religión. El antropólogo cultural sencillamente habría afirmado que la inquisición India era un dispositivo fortuito en el proceso de la aculturación forzada.

El erudito objetivo tiene que vindicar a Zumárraga de cualquier culpabilidad en el caso de don Carlos. El proceso se llevó a cabo sin irregularidades legales y el cacique fue condenado sobre amplia evidencia de ser un hereje dogmatizante.

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Notas y referencias

1 - AGN, Inquisición, Tomo 2, exp. 10.

2 - Nezahualcóyotl fue el rey-poeta de Texcoco a fines del siglo XV.

3 - Medina, Inquisición primitiva, I, 65, comenta que no era usual empotrar ídolos en las paredes como decoración o como pilares para sostener la estructura. Algunos de los ídolos descubiertos por Zumárraga en la casa de Carlos estaban empotrados en las paredes.

4 - A Lorenzo de Luna, como gobernador de Texcoco, le había ordenado al virrey Mendoza en enero de 1538 que buscará y destruyera ídolos en la jurisdicción de Texcoco. AGN, Civil, tomo 1271.

5 - Para una interesante relación de la adoración a Tlaloc en su montaña en las épocas de la preconquista, de la conquista y la moderna, véase Fernando Horcasitas y Charles Wicke, Archaeological Investigation on Monte Tlaloc, México, Mesoamerican Noles, V (1957), 83-96.

6 - Medina, Inquisición primitiva, I, 173, nota 10.

7 - Para la censura, véase García Icazbalceta, Don fray Juan de Zumárraga, I, 41 y IV, documentos 18 y 19.

8 - En 1537 Zumárraga le había hecho la petición al rey de que permitiría castigar como un padre a aquellos indios que cometieran ofensas contra la fe después de haber sido bautizados.

9 - The Inquisition in the Spanish Dependencies, pp. 210-211.



25/04/2026

EL CASO DEL INDIO HECHICERO MIXCÓATL Y DEL INDIO PAPÁLOTL

JUAN DE ZUMÁRRAGA, INQUISIDOR EXTRAORDINARIO 1536-1543 (Parte 5)


Tomado del Libro:
Zumárraga y la Inquisición mexicana, 1536-1543, por Richard E. Greenleaf, traducción de Víctor Villela, Fondo de Cultura Económica, primera reimpresión, 1992, México.

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El 10 de julio de 1537, don Juan, cacique de Xinantepec, denunció a dos individuos, de quiénes pensó serían los hermanos de Océlotl, por idolatría y hechicería; sus nombres eran Mixcóatl y Papálotl.¹ Al parecer, a veces Mixcóatl se hacía pasar por el hermano de Océlotl o por Océlotl mismo. También sostenía ser el hermano de Tláloc, quien controlaba los vientos, pero quién estaba en su propio poder (el de Mixcóatl). Papálotl había sido servidor de Océlotl y en esa época (Julio de 1537) era cohorte de Mixcóatl.² Ambos hombres habían convencido a los nativos de las regiones montañosas y costeras situadas al este de que debido a que Tláloc tenía hambre había mandado fuego, inundaciones, vientos y nieve para destruir sus cosechas, debido a su control sobre Tláloc, Mixcóatl actuaba como intermediario en los ritos sacrificiales dirigidos al dios de la lluvia.

En algunas zonas Mixcóatl mismo creía que era un dios, ya que la gente se arrodillaba ante él y lo dotaba de casas y de tierras fértiles en cada uno de los pueblos.

A Mixcóatl le ayudaron mucho en su profesión las condiciones irregulares del clima de la zona. A mediados de la década de los 1530 la lluvia destruyó las cosechas de maíz y de algodón y le ofreció una situación ideal para convertirse en dios. Su fama fue tan grande que tenía bandas de discípulos que lo seguían de lugar en lugar; verdaderamente, imitando a Cristo, con frecuencia decía: “idos conmigo”. Fray Francisco Marmolejo, del monasterio de Tulancingo, atestigua que entre su gente Mixcóatl era considerado como dios de la lluvia y también se le llamaba Tezcatlipoca y que los nativos le rendían sacrificios.³ Hizo que lloviera en Metepec y así salvó la cosecha de maíz de una rigurosa sequía. Le dijo a Marmolejo que podía recitar encantamientos que harían que lloviera o que cesara de llover y que podía cambiar la dirección de las nubes. Cuando los nativos se le oponían o le desagradaban, hacía que lloviera tan fuerte que se formaban ríos y se inundaban sectores enteros de los pueblos.

Los milagros de Mixcóatl no se limitaban exclusivamente a hazañas climáticas, también era bastante conocido como médico y mago. Curaba niños y adultos con remedios nativos mediante paga y era conocido hasta la ciudad llana y costera de Papantla. Comía maleza qué le producía visiones y le ayudaba a comunicarse con lo oculto. A los nativos les impresionaba extremadamente que pudiera poner partes de su cuerpo en el fuego sin que se quemara. Todo eso estaba conectado de alguna manera con la idolatría, y Mixcóatl hacía uso de numerosas cuevas llenas de ídolos donde hacía sacrificios y donde los nativos le ofrecían sacrificios.

Además de participar en ritos supersticiosos, Mixcóatl era también un adversario violento de los frailes y de su programa misionero. Había predicado abiertamente contra los cristianos en Tulancingo, Huauchinango y Papantla, criticando la fe. Mixcóatl incitaba a los nativos a rechazar el bautismo y a rehusar aprender los artículos de la fe. Les ayudó a hacer flechas que iban a ser disparadas contra los frailes. En una carta dirigida a Zumárraga y fechada el 12 de septiembre de 1537, enviada desde Tulancingo, el franciscano fray Francisco de Lintone refería el peligro que eran Mixcóatl y Papálotl para el progreso de la fe. Lintone le informaba a Zumárraga que había arrestado a los dos hombres y que los estaba enviando a la ciudad de México para su proceso. Lintone relataba que los discípulos de Mixcóatl estaban siendo castigados localmente.

En septiembre de 1537 Mixcóatl declaró en su defensa ante Zumárraga. Indicó que era cristiano bautizado y que había sido instruido en la fe durante seis o siete días en Texcoco. Admitió que había dogmatizado contra los frailes por un período de tres años y que había predicado públicamente en Tulancingo y en otros lugares. El acusado le dijo suavemente al inquisidor que había sido un Dios que debía ser saciado por la idolatría y el sacrificio y que podía hacer que lloviera. Detalló conversaciones con el demonio y admitió haber estado recibiendo un tributo regular de los nativos.

Mixcóatl sostuvo, sin embargo, que los sacrificios humanos nunca habían sido parte de su ritual y que había dejado todas sus brujerías porque había comprendido que eran pecaminosas y que el diablo lo había engañado. Suplicaba la misericordia de Dios y la de Zumárraga y formalmente confirmaba su creencia en el cristianismo y su deseo de ser un buen cristiano. El santo oficio inmediatamente le embargó sus propiedades, que abarcaban casas en Zacatepec Metepeque, Tecincopeque, Atiztaca, Chiautla, más ciertas otras tierras arables esparcidas por toda la región.

El 20 de septiembre de 1537 Papálotl testificaba que era cristiano, que había sido bautizado hacia allá un año y que había oído instrucciones en cosas de la fe. Había sido servidor de Martín Ucelo (Océlotl) durante 3 años y que este último lo había mandado a muchos lugares a cumplir diligencias y que él, Papálotl, había creído todo lo que Océlotl enseñaba. Sabía que a su antiguo maestro lo habían desterrado a Castilla, pero que había sido engañado por Mixcóatl de Tulancingo, quién le había dicho que Océlotl no sé había ido sino que únicamente se había cambiado a la forma de Mixcóatl.

El 15 de diciembre se pronunció la sentencia del Santo Oficio (extraordinario) sobre Mixcóatl y Papálotl. Ambos fueron atados sobre b***os y llevados a través de la Ciudad de México mientras un pregonero voceaba sus ignominias. A cada uno se le dieron 100 azotes en el mercado público y luego se les trasladó a los pueblos donde habían predicado, para que recibieran latigazos adicionales y para que abjuraran públicamente de sus pecados y de las herejías que habían predicado. En cada pueblo juraron no volver a sus prácticas paganas so pena de ser quemados en la hoguera. Celes rapó la cabeza y empezaron un año de encarcelamiento en el monasterio de Tulancingo, dónde habrían de estudiar y de hacer penitencia. Se le dio facultad al guardián de Tulancingo de absolverlos y de reconciliarlos. El 15 de diciembre de 1537 se vendieron las tierras y posesiones de Mixcóatl y el dinero fue apartado para los caudales del Santo Oficio. Las sierras de Papálotl también se inventariaron y se le vendieron el 15 de diciembre a Isabel, viuda del cacique de Tulancingo, en 40 tomines que el santo oficio recaudó como multa de parte de Papálotl.

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Notas y referencias

1 - AGN, Inquisición, tomo 38, exp. I A.

2 - A veces Papálotl recorría la región proclamando que Mixcóatl era Océlotl con disfraz y que ahora era a él a quien servía. Papálotl compartía complicidad en la idolatría y en los sacrificios que hacía su maestro.

3 - El 19 de agosto de 1537 el padre marmolejo declaró: “Muchos pueblos… saben como el dicho Andrés, y en nombre de indio Mixcóatl, se hacía dios, y cómo por él llovía, y se hacen todas cosas, y pedía muchas cosas para que le sacrificasen”.



23/04/2026

EL PROCESO DEL INDIO OCÉLOTL POR HECHICERÍA

JUAN DE ZUMÁRRAGA, INQUISIDOR EXTRAODINARIO 1536-1543 (Parte 4)


Tomado del Libro:
Zumárraga y la Inquisición mexicana, 1536-1543, por Richard E. Greenleaf, traducción de Víctor Villela, Fondo de Cultura Económica, primera reimpresión, 1992, México.

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Un mes después de cerrado el proceso de Tlalcátetl y de Tamíxtetl, Zumárraga dirigió su primer proceso importante por hechicería contra un indio. Los indios de la región de Texcoco y de los estados de Hidalgo y de Tlaxcala habían denunciado repetidas veces a un hechicero nomada cuyo nombre era Océlotl en náhuatl y Ucelo en español.¹ Los testimonios revelaron que Océlotl había efectuado muchas brujerías y que podía prever el futuro, así como que tenía la facultad de transformarse en jaguar, león y perro. Admitía, según los nativos, que hablaba a menudo con el diablo por las noches y que era un dogmatizante, esto es, que les enseñaba a los nativos muchas cosas contrarias a la fe. Los frailes de varias casas monásticas estaban convencidos de que Océlotl, tanto de palabra como de obra, impedía el proceso de cristianización.

Océlotl era profundamente respetado y temido por la población nativa debido a que declaraba que era inmortal y que las nubes eran sus hermanas y que controlaba la lluvia de éstas. Había predicho grandes periodos de hambre y de sequía y apremiaba el que se sembraran más alimentos para el futuro. Los indios en realidad lo adoraban como a un dios, ya que podía predecir y curar enfermedades; le pagaban tributo por sus servicios. Con frecuencia predicaba contra la enseñanza de los frailes y les hablaba a los nativos de apóstoles que habían bajado del cielo y que les ordenaban que regresaran a la antigua religión.

Existía evidencia de que Océlotl había incitado al desorden y a la rebelión y que fomentaba los sacrificios y la inmortalidad por su propia conducta reprensible. Efectuaba la mayoría de sus ceremonias en cuevas en las montañas. Según los testimonios, quedaba muy claro que Océlotl era un gran papa. Incluso se averiguó que era un hechicero activo antes de la conquista y que el gran Moctezuma lo había encarcelado durante un año y doce días porque, dijo él, había predicho la caída del Imperio Azteca, en verdad, la mismísima llegada de los españoles.

En vista de que Océlotl había sido bautizado como católico y porque había continuado con sus brujerías y se había deificado el mismo, los frailes franciscanos Pedro de Gante y Antonio de Ciudad Real opinaron que estaba poniendo en peligro el movimiento misionero y recomendaron que fuera desterrado de la Nueva España. Océlotl rehusó reconocer su culpabilidad y trató de invalidar los testimonios precitados mediante el admitir las circunstancias, pero alterando el contexto de lo que había ocurrido. El fiscal, el doctor Rafael Cervanes, le mandó la plena sanción del Santo Oficio.

Océlotl fue incapaz de refutar el testimonio total ante Zumárraga y el inquisidor apostólico consideró necesario el destierro. El 10 de febrero de 1537 se le dio a Océlotl el usual paseo en b***o por toda la ciudad de México con un pregonero proclamando su ofensa y más adelante en ese mes lo llevaron a Veracruz y lo pusieron en la prisión militar de un barco para transportarlo a Sevilla, dónde pasaría el resto de su vida en prisión. Sus propiedades, entre las cuales había una vasta cantidad de joyas, fueron confiscadas y vendidas por el santo oficio el 27 de marzo de 1537. ²

Desgraciadamente, Zumárraga todavía no había sabido lo último acerca de Océlotl, porque después de su destierro hubo reportes que insistían en que aún estaba desempeñando sus ritos en el área de Tulancingo o Huauchinango y la investigación de esos cuentos le proporcionó al Santo Oficio el siguiente caso (El de Mixcóatl y Papálotl por hechicería, el cual veremos con más detalle en nuestra próxima publicación).

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1 - Ucelo era una obvia corrupción de Océlotl.

2 - Para uno de los pocos estudios modernos de materiales de la inquisición y para una reproducción del inventario nativo de jeroglíficos de las joyas de Océlotl, véase Robert Barlow, “Las Joyas de Martín Océlotl”, Yan (1954), pp. 56-59.





21/04/2026

EL CASO DE TACÁTETL Y TANÍXTETL, SACERDOTES NATIVOS DE TANACOPÁN, 1536.

JUAN DE ZUMÁRRAGA, INQUISIDOR EXTRAODINARIO 1536-1543 (Parte 3)


Tomado del Libro:
Zumárraga y la Inquisición mexicana, 1536-1543, por Richard E. Greenleaf, traducción de Víctor Villela, Fondo de Cultura Económica, primera reimpresión, 1992, México.

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Zumárraga empezó a corregir a los nativos por prácticas paganas a los 26 días después de haber establecido su Santo Oficio de la Inquisición en México. Un español, Lorenzo de Suárez, hizo la primera denuncia contra un indio de la Ciudad de México el 28 de junio de 1536. Suárez sostenía una encomienda en Tanacopán, situado en el moderno estado de Hidalgo, y acusó en Tacátetl y a Taníxtetl, vecinos de ese pueblo, de practicar la idolatría y de ofrecerle sacrificio al dios de la lluvia, Tláloc.¹

Suárez relató que él y un acompañante, Pedro de Borjas, hacía una semana se habían sido testigos y habían disuelto unas ceremonias paganas iniciadas por Tacátetl y Taníxtetl. A dos jóvenes que habían estado presentes, Tacátetl, quién les preparaba para que fueran sacerdotes nativos, les había hecho incisiones en las piernas y los había hecho sangrar. Los muchachos habían llevado a Borjas a una cueva cercana al sitio ceremonial, dónde se encontraron nueve grandes ídolos y muchas máscaras sacrificiales. Borjas, quien testificó junto con Suárez, indicó que había sido informado por los nativos que Tacátetl era sacerdote idólatra y sacrificador; que podía convertirse en jaguar; que había llevado a muchos creyentes por el mal camino y que había matado a muchos sin causa; y que tenía a una hija por diosa, misma que cobraba tributo para él y para otros papas.

El 4 de agosto de 1536 El guardián del monasterio de Tula y los indios de la región declararon lo que sabían de Tacátetl y de su compañero Taníxtetl. Indicaron que a los dos en cuestión nunca se les permitía estar cerca del monasterio y que lejos de Tula siempre evitaban a los papas. El 12 de agosto Zumárraga ordenó el arresto de los dos sacerdotes nativos y los llevó a la Ciudad de México. También se llamó a ambos muchachos para que rindieran testimonio. Los jóvenes estaban asustados y lloraban y relataron cómo habían sido intimidados por el acusado, quién los había amenazado con golpearlos con un garrote hasta matarlos si atestiguaban. Exhibieron las lastimaduras de sus piernas, producidas por los cuchillos sacrificiales, y le contaron a Zumárraga qué con frecuencia se empleaba en ceremonias la sangre de sus orejas y de otras partes del cuerpo. Declararon que era novicios en preparación para ser sacerdotes nativos, que Tacátetl era su instructor, que habían hecho ayunos y que realmente habían visto que Tacátetl se convertía en jaguar y en perro con la ayuda de las posiciones nativas llamadas “patles”. Como declaración final relataron que habían visto a Taníxtetl sacrificar a 10 personas y tomar sus corazones humanos para consumo de los ídolos.

Con la ayuda de un intérprete otomí Zumárraga procedió a interrogar a los dos sacerdotes nativos respecto a sus vidas personales y respecto a sus actividades paganas. Tacátetl admitió que había sido bautizado con el nombre de Antonio y que entendía el dogma cristiano y que incluso se había confesado en Tula. Admitió que había cometido incesto con su hija, procreando hijos con ella y con sus dos esposas.

Los sacrificios que hacían estaban dirigidos a Tláloc, el dios de la lluvia, para que mitigara una fuerte sequía entre su gente. Otros tres principales de la región habían sido involucrados por Tacátetl,² y así mismo admitía estar cobrándoles tributo a los nativos para los dioses.

Taníxtetl testificó que había sido bautizado con el nombre de Alonso en Tepeatepeque y confirmó su participación en la ceremonia sacrificial que Suárez y Borjas habían interrumpido. Pero rechazaba cualquier responsabilidad directa por llevar a otros por malos caminos.

También declaró que la hija de Tacátetl, María, era adoptiva. Ambos acusados declararon que todos los jefes tenían ídolos ocultos, pero se rehusaron a dar detalles. Al final, no aceptaron abogados defensores e imploraron misericordia porque reconocían sus pecados.

María, hija de Tecátetl, confesó el 7 de septiembre de 1536. No tenía certeza de ser hija de él, pero dio amplios detalles de la vida conyugal de ambos y alegó ignorancia respecto a la prohibición de relaciones carnales establecida por la doctrina cristiana, indicando que Tecátetl la había forzado.

Zumárraga decidió disponer p***s razonablemente rigurosas para esos dos cristianos que habían reincidido en el paganismo. Se les montó en b***os, atados de pies y manos y desnudos hasta la cintura, y se les llevó por las calles de México y de Tlatelolco con pregonero que proclamaba sus crímenes en español y en otomí, fueron azotados en la plaza pública y a lo largo del camino. En el mercado de Tlatelolco les cortaron el cabello y la mitad de sus ídolos fueron quemados públicamente. Después a las dos se les regresó al mercado de la ciudad de México para que presenciaran la destrucción del resto de sus ídolos.

Luego fueron encarcelados en la prisión de la Inquisición. Tecátetl fue devuelto al guardián del monasterio de Tula para un confinamiento de tres años y su compañero Tanixtetl sirvió un año en el mismo establecimiento. Ambos harían penitencia y recibirían instrucción en el dogma básico. Fueron, además, desterrados de Tanacopán por un periodo indefinido con la amenaza de que si viajaban dentro de un radio de cinco leguas del pueblo recibirían una sentencia de por vida en la cárcel.

Se les advirtió que les esperaba la hoguera si volvían a practicar de nuevo la idolatría. María, la hija de Tacátetl, fue así enviada al monasterio de Santa Clara para que recibiera instrucción. Esa sentencia se cumplieron entre el 25 de septiembre de 1536 y el 23 de octubre de 1536.

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Notas y referencias

1 - AGN, Inquisición, tomo 37, exp. I.

2 - De esos tres, uno, Mixcoatl, fue sometido a proceso.



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