02/05/2026
EL PROCESO DE DON CARLOS OMETOCHTZIN, CACIQUE DE TEXCOCO
JUAN DE ZUMÁRRAGA, INQUISIDOR EXTRAORDINARIO, 1536-1543 (Parte 6)
Tomado del Libro:
Zumárraga y la Inquisición mexicana, 1536-1543, por Richard E. Greenleaf, traducción de Víctor Villela, Fondo de Cultura Económica, primera reimpresión, 1992, México.
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Don Carlos Chichimecatecuhtli u Ometochtzin¹ era nieto del Gran Nezahualcóyotl ² e hijo natural de Nezahualpilli, quiénes habían sido soberanos de Texcoco en el período que precedió a la Conquista. Carlos se había criado en la familia de Cortés y había sido educado por los franciscanos en el colegio de Santa Cruz de Tlatelolco. Según su propio testimonio, había sido bautizado por los franciscanos en Texcoco en 1524. Aunque debe de haber tenido otras esposas, se había casado con doña María de Guaxutla en 1535. Después que murió su famoso hermano Don Hernando Ixtlilxóchitl, cacique de Texcoco, probablemente en 1531, Don Carlos le sucedió en el cacicazgo de Texcoco.
En vista de su heredada posición de cacique y de señor natural de Texcoco, que era una de las tres ciudades que integraban la triple alianza azteca anterior a la conquista española, Don Carlos obviamente gozaba de considerable prestigio e influencia entre los indios de la zona texcocana. Por datos registrados en el proceso de la inquisición, también sabemos que su hermana estaba casada con el cacique del pueblo cercano de Chiconautla y que Carlos pudo haber sido tío del cacique de Tacuba, también una de las ciudades de la triple alianza azteca. Estaba emparentado con otro de los jefes nativos de la región y con Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, el historiador texcocano del siglo XVI, otro nieto de Nezahualcóyotl.
Don Carlos de Texcoco fue denunciado ante el Santo Oficio de la Inquisición el 22 de junio de 1539, como dogmatizador contra la fe, por Francisco, indio del pueblo de Chiconautla. Francisco relató que los primeros días de junio Don Carlos había viajado a Chiconautla para visitar a su hermana. El área de Chiconautla estaba acosada por la sequía y la peste y el padre provincial había animado a los indios a que rezaran implorando auxilio, así como a efectuar ciertas procesiones como parte de su súplica.
Esas actividades estaban en desarrollo cuando Carlos llegó a Chiconautla. Ridiculizó todo el proceder y las enseñanzas de los frailes, quiénes, dijo, engañaban a la gente. Francisco citó que Don Carlos había dicho que la doctrina cristiana era nada, que las declaraciones de los frailes, del virrey y del obispo carecían de importancia y que la instrucción dada a los principales en los colegios no tenía valor.
Carlos hizo notar a los nativos de Chiconautla que cada una de las tres órdenes, los franciscanos, los dominicos y los agustinos, tenían su propia indumentaria y su propio modo de hacer las cosas y le dijo a Francisco y a los otros que era perfectamente correcto que los nativos tuvieran su propio modo de vivir y de profesar culto. Francisco también declaró que Carlos había dicho una arenga donde atacaba al gobierno español de México así como la iglesia española:
¿Quiénes son esos que nos deshacen, y perturban, y viven sobre nosotros, y los tenemos a cuestas y nos perturban? Pues aquí estoy yo, y allí está el Señor de México, Yoanize, y allí está mi sobrino Tezapille, Señor de Tacuba, y allí está Tlacahuepantli, Señor de Tula, que todos somos iguales y conformes y no se ha de igualar nadie con nosotros; que esta es nuestra tierra, y nuestra hacienda, y nuestra alhaja, nuestra posesión, y el señorío es nuestro y nos pertenece, y quién viene aquí a sojuzgarnos, que no son nuestros parientes ni de nuestra sangre y se nos igualan, pues aquí estamos y no ha de haber quien haga burla de nosotros…”
Claramente Don Carlos estaba dogmatizando contra el poder político español de México y atacándolo.
Después de que Zumárraga estudió la denuncia procedió de manera inmediata. Debido a la posición e influencia de Don Carlos, el Inquisidor Apostólico consideró que el caso era muy serio. A los pocos días fue a Chiconautla en persona para examinar los eventos relatados por Francisco. El 4 de julio de 1539 ordenó el arresto de Carlos y puso en embargo a sus propiedades. En una de las casas del cacique se encontraron escondites de ídolos entre los que se hallaban Quetzalcóatl, Xipe, Tláloc y Coatlicue.
Entre el 4 y el 12 de julio Zumárraga continuó la investigación en Chiconautla y en Texcoco. Interrogó a muchos testigos: a la esposa y al hijo de Carlos, a su hermana Inés, al gobernador y a varios principales de Texcoco, a la esposa de su difunto hermano Pedro, al cacique de Chiconautla y a muchos otros.
Los testimonios sostuvieron el cargo de que Carlos era un hereje dogmatizante. Antonio, el hijo de Carlos, dio testimonio que sirvió para intensificar la actuación de que Carlos era enemigo de la fe. El muchacho tenía 11 o 12 años de edad, pero no había crecido en la casa de Dios porque el padre le había prohibido ir a la Iglesia. No sabía nada de doctrina cristiana; no podía santiguarse o persignarse, tampoco era capaz de recitar el Pater Noster, el Credo o el Ave María.
Don Carlos había ofendido particularmente a la Iglesia al haberle predicado a los nativos acerca de la disipación de los frailes. Les hacía el cargo de inmoralidad sexual y de concubinato. Afirmaba que el sacramento de la confesión era una broma porque eran los frailes y no Dios quienes querían oír los pecados. Aseveraba que aquellos castigaban al indio por concubinato y embriaguez en tanto que se los permitían como privilegios al español.
El criterio de Carlos respecto al concubinato era especialmente dañino para las enseñanzas de la Iglesia. Carlos enseñaba que el concubinato había sido una tradición entre los indios y que debía continuar. Aconsejaba las esposas indias que obedecieran a sus esposos en todo y que no se quejaran cuando los esposos tomaran otras mujeres. Les contaba a otros que dormía con su sobrina Inés siempre que lo deseaba. Inés admitió que había sido concubina de su tío. Había habido un niño de esa unión que Carlos sostenía. Otros testimonios informaron que Inés era la mujer a quien Carlos realmente favorecía y que tenía control sobre vastas propiedades mientras que la esposa legítima llevaba solo una magra existencia y únicamente tenía una esclava.
Doña María, la esposa de Pedro, el difunto hermano de Carlos, aprovechó el proceso para referir algunas de las solicitudes que éste le había hecho estando todavía de luto. Primero hizo el cargo de que Carlos había hurtado la herencia dejada por su esposo a sus sobrinos. Luego relató como Carlos había ido a su casa para tomarla como concubina justo después del funeral de Pedro. Cuando ella se rehusó a recibirlo, adoptó la práctica de rondar su casa de noche, produciendo ruidos horripilantes para asustarla. Carlos admitió sus “visitas” a la casa de doña María, pero sostuvo que solo eran para conversar y no para “echar con ella”. Los sirvientes de la casa de María confirmaron la versión de la historia dada por ella y condenaron a Carlos por sus incongruencias.
No había testimonio definido de que Carlos había practicado la idolatría. Cuando se embargaron las propiedades del cacique, Zumárraga personalmente dirigió la búsqueda en las casas de Carlos para descubrir ídolos ocultos. En una casa particular se encontró toda una colección de ídolos: Quetzalcóatl, Xipe, Tláloc, Coatlicue y otros. La casa pertenecía a Carlos, pero había sido la residencia de un tío difunto. El lugar había sido un santuario y templo de antes de la Conquista. La esposa y el hijo de Carlos no sabían nada de la casa de los ídolos y Carlos juró que la residencia había estado cerrada desde la muerte de su tío. Los testigos no ofrecieron evidencias que relacionaran al cacique con la idolatría o el sacrificio. ³
El descubrimiento de Zumárraga del escondite de ídolos en la propiedad de Carlos estimuló una cacería de ídolos en toda el área de Texcoco, cacería que fue supervisada por el gobernador Don Lorenzo de Luna, hermano ilegítimo de Carlos.⁴ de esta búsqueda resultó mucho conocimiento adicional acerca del paganismo en la región. El cusco principal parecía ser el de los adoradores de Tláloc. En la época de la preconquista el ídolo de Tláloc había recibido en una caverna montañosa cercana a Texcoco,⁵ y los indios acudían desde Tlaxcala, Cholula, Chalco y puntos distantes en petición de lluvia. Los funcionarios nativos de Texcoco habían notado que fluía humo de la montaña y luego de una investigación encontraron a los idólatras y les confiscaron sus ídolos y máscaras y otros instrumentos de sacrificio. Fueron llevados ante Zumárraga durante el proceso de Carlos, pero tenían poca conexión con el caso.
Los testimonios revelaron que Carlos pretendía que su padre y su abuelo eran profetas y que se comunicaban con él y le daban instrucciones sobre cómo proceder en el gobierno de sus súbditos. Les dijo a los nativos que Nezahualcóyotl le había ordenado que siguiera las indicaciones de los antiguos dioses del cielo y de la tierra de la religión Azteca. En ninguna parte de los testimonios se afirmó que Carlos hubiera hecho sacrificios.
El 15 de julio de 1539 Zumárraga y su personal regresaron a la Ciudad de México para continuar el proceso y Don Carlos fue llevado ante el inquisidor apostólico para interrogatorio formal. Fray Bernardino de Sahagún era el intérprete principal. Las declaraciones del cacique sobre los cargos de dogmatización y herejía fueron decididamente débiles. Insistió en que había animado a sus súbditos a que se convirtieran en cristianos y a qué permanecieran fieles. Negó que dogmatizara y ofendiera a Dios en cualquier forma. Excepto en tener concubina. Declaró que nunca había dicho que la ley de Dios era una broma ni había emitido calumnias sobre la moral del clero. Negó haber difamado a Zumárraga y al virrey Mendoza. Don Carlos se rehusó a admitir que había practicado los antiguos ritos, o qué había sacrificado o invocado el auxilio de los dioses aztecas en su gobierno. Finalmente, Carlos negó resueltamente haber exhortado a los nativos para que volvieran al concubinato o haber encomiado la anarquía de las costumbres de la época de la preconquista.
Aunque manifestó lealtad a la Iglesia y al Estado, no hubo duda, según los testimonios, de que Carlos había dicho el desleal discurso que reportó Francisco de Chiconautla. Y probablemente fue este discurso el factor más importante en la decisión del virrey Mendoza y de la Audiencia de apoyar a Zumárraga en la sentencia de relajamiento.
El fiscal de la Inquisición, Cristóbal de Canego, hizo su acusación contra Carlos el 22 de agosto de 1539. Los cargos en realidad solo fueron dos: dogmatizar heréticamente contra la fe y costumbres de la población India, y la idolatría. Cuando los testigos ratificaron sus declaraciones, Carlos quedó convicto de herejía dogmatizadora y exonerado del cargo de idolatría.
Más tarde, ese día 22 de agosto, Carlos, a través de su abogado defensor, Vicencio de Riverol, contestó las acusaciones del fiscal. Carlos alegó que Canego no tenía evidencia específica respecto al tiempo y lugar de la supuesta herejías e idolatrías. El cacique repitió que sus años de formación en la casa de Cortés y su educación en Tlatelolco lo habían hecho un cristiano modelo, que guardaba el día de descanso de cada semana y que obligaba a sus súbditos a hacerlo así. Sin embargo, incluso después de un aplazamiento de 30 días para que formulara su defensa, Carlos no pudo exhibir testigos que apoyaran sus argumentos.
Como último recurso para salvarse, Don Carlos presentó un alegato donde hacía el cargo de que era víctima de una conspiración de sus enemigos para obtener su puesto de cacique. Dijo que habían sido movidos por el odio y la venganza debido a ciertos castigos que les había impuesto en su calidad de funcionario. Entre el 23 de septiembre y el 4 de noviembre de 1539 Carlos fracasó en una serie de peticiones para conseguir más tiempo a fin de formular una defensa o para que se le concediera un nuevo proceso.
Antes de que Zumárraga pronunciara sentencia envío todo el trasunto del proceso al virrey Mendoza y a los oidores de la Audiencia para su opinión sobre la materia. Esta acción del 18 de noviembre indicaba que Zumárraga estaba considerando remitir a Don Carlos al brazo secular. Al parecer el virrey y los jueces no registraron objeción a la sentencia propuesta por Zumárraga. Al menos no tenemos registro de lo contrario.
La sentencia se pronunció el 28 de noviembre de 1539. Fue breve de que rehusó confesarse o pedir clemencia, Zumárraga recomendó y certera. Carlos fue condenado como hereje dogmatizador y en vista que fuera remitido al brazo secular. La sentencia civil que se dictó fue la quema en la hoguera. Se confiscaron todas las propiedades de Carlos. No se hizo mención de los cargos de idolatría y de concubinato.
El 29 de noviembre de 1539 un pregonero le anunció al populacho que iba a efectuarse un auto de fe el domingo siguiente. Se requería que todos estuvieran presentes so pena de excomunión si dejaban de asistir. El auto se verificó en el Zócalo el domingo 30 de noviembre. Don Carlos apareció en la procesión llevando el Sambenito y la coraza con una vela en la mano. Fue conducido al cadalso de la plaza. Se encontraba reunida la mayoría de los ciudadanos de la Ciudad de México y de Texcoco, así como el virrey Mendoza, la Audiencia y Zumárraga. El obispo dijo su sermón y luego le ordenó al secretario de la Inquisición, Miguel López de Legazpi, que leyera la sentencia. Le fue traducida al condenado.
En el último momento Carlos se arrepintió y le pidió a Zumárraga que le permitiera dirigirse en su propia lengua a los nativos ahí reunidos. Los instó a observar su ejemplo, a desdecirse de sus idolatrías y a seguir la fe verdadera. No pudo escapar a la pena de muerte debido a lo tardío de su confesión. Fue transferido a las autoridades civiles para la ejecución de la sentencia. No sabemos el modo en que murió don Carlos. Don José Toribio Medina especuló que el cacique fue primero estrangulado con el garrote y luego fue quemado el cadáver. Este era el procedimiento usual aplicado a herejes obstinados de confesión de última hora.⁶
La ejecución de don Carlos suscitó una tormenta de protestas en los círculos oficiales de España. Zumárraga fue censurado por su acción rigurosa.⁷ No cabe duda de que el caso de don Carlos dio un real ímpetu al movimiento de exención del indio de la jurisdicción del Santo Oficio de la Inquisición.
El movimiento de exención, en tanto se basó en las actitudes humanistas expuestas en el capítulo III y se le dio fuerza por el caso de don Carlos, fue lento en complacer.⁸ Las instrucciones de Tello de Sandoval y de Moya de Contreras les otorgaban a esos inquisidores jurisdicción sin excepción. Los indios fueron tratados por Tello y los obispos como ordinarios en toda la Nueva España hasta 1571. Los prelados monásticos en áreas donde no había obispo residente continuaron sus inquisiciones bajo la autoridad de la bula “Omnimoda” hasta que un decreto de Felipe II del 30 de diciembre de 1571 eliminó a los indios de la jurisdicción de todas las inquisiciones y los colocó bajo el control directo de los obispos en materia de fe y costumbres.⁹
Conclusión sobre la Inquisición y los indios: 1536-1543
Cualquier juicio sobre la Inquisición India de Zumárraga dependerá necesariamente de los criterios utilizados para su evaluación. Si se examina esta institución como dispositivo para extirpar la idolatría y los sacrificios y disolver el paganismo, toda la historia de México demuestra que Zumárraga fracasó. El clérigo ortodoxo defendería los procesos indios de Zumárraga por necesarios y haría notar la indulgencia general de la inquisidora apostólico en casos de poco significado. Estaría pronto a sostener, sin embargo, que fueron absolutamente necesarias la firmeza y la severidad en el trato con aquellos nativos que hubieran socavado la conquista espiritual.
El humanista probablemente hubiera condenado a Zumárraga por su Inquisición India. Desde su punto de vista habría parecido severa, injusta e innecesaria. No habría perdonado el abandono de ciertas ideas humanistas básicas por la seguridad del imperio y de la religión. El antropólogo cultural sencillamente habría afirmado que la inquisición India era un dispositivo fortuito en el proceso de la aculturación forzada.
El erudito objetivo tiene que vindicar a Zumárraga de cualquier culpabilidad en el caso de don Carlos. El proceso se llevó a cabo sin irregularidades legales y el cacique fue condenado sobre amplia evidencia de ser un hereje dogmatizante.
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Notas y referencias
1 - AGN, Inquisición, Tomo 2, exp. 10.
2 - Nezahualcóyotl fue el rey-poeta de Texcoco a fines del siglo XV.
3 - Medina, Inquisición primitiva, I, 65, comenta que no era usual empotrar ídolos en las paredes como decoración o como pilares para sostener la estructura. Algunos de los ídolos descubiertos por Zumárraga en la casa de Carlos estaban empotrados en las paredes.
4 - A Lorenzo de Luna, como gobernador de Texcoco, le había ordenado al virrey Mendoza en enero de 1538 que buscará y destruyera ídolos en la jurisdicción de Texcoco. AGN, Civil, tomo 1271.
5 - Para una interesante relación de la adoración a Tlaloc en su montaña en las épocas de la preconquista, de la conquista y la moderna, véase Fernando Horcasitas y Charles Wicke, Archaeological Investigation on Monte Tlaloc, México, Mesoamerican Noles, V (1957), 83-96.
6 - Medina, Inquisición primitiva, I, 173, nota 10.
7 - Para la censura, véase García Icazbalceta, Don fray Juan de Zumárraga, I, 41 y IV, documentos 18 y 19.
8 - En 1537 Zumárraga le había hecho la petición al rey de que permitiría castigar como un padre a aquellos indios que cometieran ofensas contra la fe después de haber sido bautizados.
9 - The Inquisition in the Spanish Dependencies, pp. 210-211.
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