25/07/2026
Autismo: ¿la risperidona calma… o nos deja de escuchar al niño?
Cuando un niño deja de gritar, deja de golpearse o deja de tener crisis, todos sentimos alivio.
Pero hay una pregunta que nunca deberíamos dejar de hacernos:
¿Realmente está mejor… o simplemente expresa menos lo que le pasa?
La conducta es una forma de comunicación.
Detrás de la irritabilidad, la agresividad o las crisis puede haber dolor, trastornos del sueño, alteraciones gastrointestinales, sobrecarga sensorial, ansiedad, déficits nutricionales, epilepsia u otras condiciones médicas que necesitan ser identificadas y tratadas.
La risperidona puede ser una herramienta útil en situaciones específicas y cuando está correctamente indicada. Sin embargo, no reemplaza la búsqueda de la causa del sufrimiento del niño.
Además, hablamos de un fármaco con posibles efectos metabólicos y hormonales importantes en un organismo que está creciendo. Por eso, cuando un niño la necesita, también necesita un seguimiento integral: controles clínicos, monitoreo de laboratorio, evaluación nutricional y una revisión periódica para valorar si el tratamiento sigue siendo el más adecuado.
En nuestro consultorio, antes de pensar en “controlar una conducta”, buscamos comprender qué la está provocando. Y cuando un niño recibe este tipo de medicación, implementamos protocolos de seguimiento y, si la evolución lo permite y es clínicamente apropiado, evaluamos estrategias de reducción progresiva.
No confundamos el silencio con la mejoría.
Escuchar lo que un niño intenta decir con su conducta puede cambiar por completo su diagnóstico, su tratamiento y su futuro.
Porque nuestro objetivo no es apagar síntomas. Es entender al niño.