10/04/2025
¿Renunciar al liberalismo, la masonería y la constitución del 57?
No importa. La última voluntad de Delfina lo vale.
El 8 de abril de 1880 fue para el Gral. José de la Cruz Porfirio Díaz Mori una fecha difícil de olvidar, que lo acompañaría en sus recuerdos hasta su muerte en Francia 35 años más tarde. ”Fina” como llamaba de cariño a su esposa “Delfina Ortega Díaz”, sobrina carnal con quien se casó en 1867. Mediante una carta poder, al encontrarse el general derrotando a los franceses en la épica batalla del 2 de abril.
El soldado de la república contaba con 36 años de edad y Delfina con 15 años menos, cuando se asentó en el acta del recién creado registro civil, emanado de las Leyes de Reforma que los QQ:.HH:. Benito Pablo Juárez García, Miguel Lerdo de Tejada y José María Iglesias habían implementado una década atrás.
Durante los 13 años que duró su matrimonio procrearon 7 hijos: de los cuales sólo 2 llegaron a la edad adulta. El resto murió durante sus primeros años de vida. Y fue precisamente las complicaciones del séptimo parto, el de Victoria Francisca (la niña sólo vivió unas horas) lo que desahuciaría a “fina” unos días después.
“Porfirio, no quiero morir en pecado. Quiero casarme por la iglesia para morir en paz”,
ese fue el último deseo de una agonizante primera dama, devota de la religión católica, que veía como se apagaba su vida poco a poco.
El presidente Díaz pidió al Arzobispo Pelagio Antonio Labastida y Dávalos que hiciera los trámites correspondientes para celebrar el matrimonio religioso. El asunto tenía sus bemoles: El parentesco, el juramento liberal a la constitución del 57 y , sobre todo, la masonería ( siendo muy jóven, Porfirio se inició en la Logia Simbólica de la ciudad de Oaxaca por invitación del M:.M:. Marcos Pérez Santiago)
Labastida dispensó el impedimento por consanguinidad, pero lo obligó a renunciar al juramento liberal y presionar lo necesario para separarse de la masonería. Porfirio no tuvo duda en hacerlo, haría lo que fuera por su amada Delfina y en la madrugada del 7 de abril de 1880, el caudillo escribió:
“El suscrito Porfirio Díaz, declaro que la religión católica, apostólica y romana fue la de mis padres y es la mía en que he de morir: que cuando he protestado guardar y hacer guardar la Constitución Política de la República lo he hecho en la creencia de que no contrariaba los dogmas fundamentales de mi religión y que nunca hubo voluntad de herirles. Declaro igualmente que habiendo estado repetidas veces en posición encumbrada, y aun suprema, en la administración, nunca cultivé el pensamiento que a todos nos asalta, de aprovecharme de las leyes que nacionalizaron los bienes eclesiásticos y que no poseo cosa alguna por ese tratado. Declaro por último que los motivos que me impulsaron a afiliarme en la masonería son y han sido el conocer y practicar la virtud, obedeciendo a las leyes de la conciencia universal. Me he separado de los talleres por las múltiples ocupaciones en el cargo político que ostento, aunque con el propósito de no dar por rotos los deberes que contraje y que he llevado a la práctica respetando a todo hombre cualquiera que sean sus creencias religiosas y políticas. Porfirio Díaz”
La pareja recibió la bendición y al otro día Delfina Ortega de casi 35 años de edad falleció dentro del seno de la iglesia católica. Porfirio la había complacido y hecho feliz por última vez.