14/06/2024
Enseñanza de la Amada Madre María sobre el Rayo Verde de Sanación.
Dictado por la Amada Arcangelina la Sagrada Santa Amatista en el Santuario del Corazón de Amatista. Mérida, Yucatán, México. 13 de junio de 2024.
En un rincón sereno de los Jardines Celestiales, la Amada Madre María se encontraba rodeada por un círculo de almas deseosas de aprender los secretos de la sanación divina. El ambiente estaba impregnado de una luz verde esmeralda, emanando paz y renovación, mientras María, con su aura radiante de compasión y amor, comenzaba su enseñanza sobre el Rayo Verde de Sanación.
"Queridos hijos," comenzó María con una voz suave pero llena de poder, "el Rayo Verde es la esencia misma de la sanación, la curación y la salud. Este rayo divino es un regalo del Creador, una manifestación de la armonía y el equilibrio universal. Hoy, os guiaré en la comprensión y aplicación de este rayo para que podáis sanar vuestras vidas y las vidas de aquellos a quienes tocáis."
El aire se llenó de un aroma a hierbas frescas y flores, y una brisa suave acarició a los presentes mientras la Madre María continuaba.
"Imaginad un río de luz verde que fluye desde el corazón del universo hacia vosotros. Este río de luz es portador de la energía curativa del Rayo Verde. Para conectar con esta energía, es necesario abrir vuestros corazones y mentes, permitiendo que la luz verde penetre cada célula de vuestro ser."
María levantó sus manos hacia el cielo, y una cascada de luz verde descendió sobre el grupo, llenándolos de una calidez reconfortante.
"Cerrad los ojos y respirad profundamente," instruyó. "Visualizad esta luz verde entrando por la coronilla de vuestra cabeza y fluyendo suavemente a través de vuestro cuerpo. Siente cómo limpia y purifica cada rincón, disolviendo cualquier bloqueo o enfermedad."
El grupo siguió sus palabras, y pronto, un sentimiento de paz y rejuvenecimiento los envolvió. María continuó con su lección.
"El Rayo Verde no sólo cura el cuerpo físico, sino también el emocional y el mental. Cada vez que os sentís heridos o desequilibrados, invocad este rayo con el poder de vuestra intención y vuestras palabras. Decid en voz alta: 'Amada Presencia YO SOY, invoco el poder del Rayo Verde para sanar y restaurar mi ser en perfecta salud y armonía'."
El aire a su alrededor comenzó a vibrar con una energía más intensa, y los presentes sintieron una conexión más profunda con la luz verde.
"Recordad, mis queridos hijos, que la verdadera sanación comienza en el corazón. Perdonad a aquellos que os han herido y liberad el resentimiento. La energía del Rayo Verde fluye libremente en un corazón puro y libre de ataduras."
María bajó sus manos y una sensación de completitud llenó el espacio. "Practicad esto diariamente," concluyó, "y os convertiréis en canales de sanación para vosotros mismos y para el mundo. El Rayo Verde es una bendición eterna, y siempre está disponible para aquellos que buscan la salud y la armonía con sinceridad y amor."
Con estas palabras, la Amada Madre María bendijo a cada alma presente, y el Jardín Celestial brilló aún más intensamente con la luz esmeralda de la sanación. Los corazones y las mentes de sus discípulos se llenaron de gratitud y esperanza, sabiendo que llevaban consigo una herramienta divina para transformar sus vidas y las de los demás.
A medida que las almas presentes absorbían las palabras y la energía de la Amada Madre María, un sentimiento de unidad y propósito comenzó a florecer entre ellas. La luz esmeralda del Rayo Verde seguía irradiando en el Jardín Celestial, y el aire vibraba con una frecuencia de curación y amor divino.
Una joven alma, llamada Clara, levantó la mano con reverencia y humildad. María le sonrió con ternura, invitándola a hablar.
"Amada Madre María," comenzó Clara con una voz llena de esperanza y curiosidad, "¿cómo podemos llevar esta luz y sanación a nuestro mundo terrenal? ¿Cómo podemos ayudar a sanar a otros que sufren y no conocen el poder del Rayo Verde?"
María asintió suavemente, reconociendo la importancia de la pregunta. "Querida Clara, llevar la luz del Rayo Verde a vuestro mundo es un acto de amor y servicio. Cada uno de vosotros tiene la capacidad de ser un faro de sanación. Aquí hay algunos pasos que podéis seguir para manifestar esta luz en vuestra vida diaria y en la vida de los demás."
Con un movimiento de sus manos, María creó un círculo de luz verde en el aire, dentro del cual aparecieron imágenes y símbolos que ilustraban sus enseñanzas.
"Primero," dijo María, "cultivad la práctica de la meditación y la conexión diaria con el Rayo Verde. Haced de esto una rutina, como el acto de respirar. A través de la meditación, os llenaréis de esta energía y podréis mantener vuestro propio equilibrio y salud."
Las imágenes mostraban a personas sentadas en meditación, rodeadas de una suave luz verde que las envolvía y sanaba.
"Segundo," continuó María, "extendéis esta luz a través del poder de la intención y la visualización. Cuando estéis en presencia de alguien que necesita sanación, visualizad el Rayo Verde fluyendo desde vuestro corazón hacia ellos. Imaginad esta luz llenando su ser, disolviendo cualquier dolor o enfermedad."
Las imágenes cambiaron para mostrar a Clara enviando una corriente de luz verde a una persona enferma, quien luego se levantaba, rejuvenecida y sana.
"Tercero," dijo María, "usad el poder de las palabras. Enseñad a otros a invocar el Rayo Verde con decretos y afirmaciones. Compartid con ellos las palabras: 'Amada Presencia YO SOY, invoco el poder del Rayo Verde para sanar y restaurar mi ser en perfecta salud y armonía'. Al hacerlo, estaréis sembrando semillas de luz en sus corazones."
Las imágenes mostraban a un grupo de personas recitando juntas, unidas por un aura de luz verde.
"Finalmente," concluyó María, "practicad la compasión y el perdón en todas vuestras interacciones. Un corazón lleno de amor y libre de resentimiento es un canal más puro para la energía de sanación. Tratad a cada ser con amabilidad y comprensión, y veréis cómo la luz del Rayo Verde se extiende a través de vuestras acciones."
El círculo de luz verde se desvaneció lentamente, y María bajó sus manos, mirando con amor y sabiduría a sus discípulos.
"Recordad, mis queridos hijos, que sois canales de la divinidad. La sanación comienza con vosotros y se extiende hacia el mundo. Con cada acto de amor, con cada pensamiento de bondad, estáis trayendo el Rayo Verde a la tierra. Continuad con fe y dedicación, y la luz de la sanación brillará en todos los rincones de vuestro mundo."
Con estas palabras, las almas presentes sintieron una renovación de propósito y compromiso. Clara, y todos los demás, se sintieron inspirados y empoderados para llevar la enseñanza de la Amada Madre María a sus vidas y más allá, sabiendo que estaban tocados por el divino Rayo Verde de sanación.