01/11/2025
Una esposa le informa a su pareja que su hija adolescente, que se ha recuperado de anorexia nervosa, no ha cenado. El padre se siente preocupado. Tiene miedo de que su hija retome los ayunos, de que se desnutra o que recaiga en la enfermedad.
Al llegar a casa, el padre le pregunta a su hija:
-¿hija, ya cenaste?
La hija responde que sí.
Al escuchar esta respuesta, el padre se enoja y le reclama a su hija por haberle mentido (aunque él mismo le ocultó información, fingiendo ignorancia sobre el hecho de que su hija no habla cenado).
La hija se enoja al sentirse engañada y vigilada, sale abruptamente de la habitación y se encierra en su recamara (y no cena). El padre se queda discutiendo unos minutos con su esposa.
El padre predijo que, si le indicaba a su hija que cenara, terminaría en conflicto con ella; intentando evitar el conflicto hace uso de una estrategia de comunicación indirecta, pero el resultado fue que su hija no cenó, que no recibió su mensaje de afecto protector (Hija, me preocupa que tengas una recaída en la enfermedad), que terminó en conflicto con ella e incluso en una discusión con su pareja.
La hija, intentando evitar un conflicto con el padre e intentando evitar exponerse a una situación emocionalmente dolorosa (confrontar su conducta de ayuno) mintió a su padre.
Ninguno tenía malas intenciones. Ambos intentaban protegerse a sí mismos y evitar una confrontación con un ser querido.
El uso de estilos de comunicación indirecta puede facilitar o potenciar los conflictos en lugar de evitarlos, además de que puede deteriorar la confianza entre las personas.