En Juchitán vivió una mujer admirable. Señora que no tuvo oportunidad de estudiar la educación media ni la superior. Fue a la escuela durante tres años, pero eso le bastó para adquirir los conocimientos que inculcó pacientemente a cientos de niños. Se llamaba Aída López Piza Bolán. Vivió en la Tercera Sección de la población. Tuvo la vocación por enseñar. ¿Qué la motivaba? ¿Qué hacía que esta señora que atendía un puesto de frutas dedicara tiempo y esfuerzo a sus paisanitos? El amor por la niñez juchiteca y el deber de enseñarles a leer y escribir. La maestra Aída, como todos la recuerdan, dio clases bajo un árbol de higo hace más de sesenta años. No había trámites, papeles, cuotas de inscripción ni certificados. Bastaba con que el niño llevara un banquito para tener dónde sentarse y muchos deseos de aprender. Su método de trabajo era la Cartilla o Silabario de San Miguel, que viene de mediados del siglo XIX, por lo que su patio, que era su centro de enseñanza, era conocido como “Escuela Cartilla o Escuela de la maestra Aída”. Se esmeraba, asimismo, por que sus chamacos tuvieran buena caligrafía, por lo que la letra manuscrita era la regla. Cuando un niño terminaba sus 38 lecciones y podía ser considerado alfabetizado, la profesora le ponía una corona de flores en la cabeza y la escuela en su conjunto iba a dejar al muchachito hasta a su casa, entre vivas y aplausos. Como agradecimiento, la madre del pequeño preparaba agua fresca para obsequiar a los niños contentos. Mucha gente del pueblo jamás pisó una escuela oficial. Decenas de niños tuvieron como única maestra a Na Aída López Piza. Pero con eso se hicieron de una herramienta fundamental para la vida moderna. Otros, ingresaron a la primaria, misma que cursaron con facilidad, puesto que ya sabían leer y escribir. Se destacaron de entre sus condiscípulos por esa misma razón. Nunca se dio un reconocimiento público a esta juchiteca ejemplar. Jamás mereció una pensión por parte de la SEP o alguna instancia de gobierno, aunque por sí misma haya contribuido a cambiar la vida de cientos de niños. Pero en el corazón de sus alumnos siempre fue la maestra Aída, y así continuará siendo hasta que el último de aquellos niños deje de habitar en este mundo. Honor a quien honor merece. La Escuela Comunitaria "Aída López Piza" es un centro de enseñanza básico para la alfabetización y acreditación. Mediante colaboración con el Instituto Estatal de Educación para Adultos, brindamos a la comunidad la oportunidad de estudiar