01/02/2021
*Guayabazo*
_Manuel García Javier_
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*La _‘guaranducha’_ jalpaneca*
A propósito de la época de carnaval, celebración que está estrechamente ligada a la Semana Santa y a la Cuaresma Cristiana, a mediados de los años cincuenta del siglo pasado, Jalpa de Méndez vivió una etapa carnavalesca digna de ser repetida, al menos para alegrar los corazones de la población y olvidarse un poco de la pandemia del _‘coronavirus’_. Entre las principales se encuentra la llamada _*‘guaranducha’*_, que al parecer tuvo su origen en el vecino estado de Campeche y más tarde, en la paradisiaca isla de Cozumel.
Muy diferente a la obra del escritor *Juan de la Cabada Vera*, que recoge la tradición carnavalesca de Campeche, y la cozumeleña que fue una representación músico-teatral de carácter satírico, jocoso, chusco; en la cual los personajes representan una comedia en donde se parodian las costumbres del blanco con el negro a principios del siglo XX, la *_‘guaranducha’_ jalpaneca* tuvo otra connotación, de acuerdo con la idiosincrasia de los pueblos chontales.
De niño, acostumbrábamos seguir a una docena de danzantes que encabezados por un corpulento negro guiaba al grupo bastón en mano, adornado con cintas de diversos colores y sonidos de cascabeles, iban por todas las calles hasta detenerse en el lugar donde exprofeso habían aceptado recibir a la comparsa.
Con el acompañamiento de una popular música de viento, cantaban a coro: _*‘Pa’chena magajua toj / coj, coj, colate ruj / y con el pachán sosteó / en el panza, tucuj, tucuj’*_, era la entrada de los danzantes que girando de derecha a izquierda hacían un círculo enorme para que pudiera ser apreciado el baile.
_*‘Traigo el pelota de pozol / una pushcagua de frijol / mi machete y mi morral... Traigo el semi por el rienda / pa’ que se siente el donce’a / y quiero mercar en tienda / el piegra y el batea’*_, continuaban.
Y ahí es donde entraban en escena una graciosa _*‘negrita’*_ que invitaba a bailar a todo mundo; el popular _*‘Candemo’*_, que no dejaba que nadie se le acercara, porque la consideraba su mujer; _*‘Burrutaco’*_, que era un indio bruto que todo le salía mal, y la _*‘Monina’*_, jovencita de color que era todo diversión y cariñosa…
Con trajes de vistosos colores, bailaban moviéndose al compás de los ritmos cadenciosos, eróticos y sensuales, derivados de los más ancestrales ritos africanos, siendo interrumpidos de manera tempestuosa por la _*‘Monina’*_ que ordenaba de manera fuerte: _*‘Burrutaco, tráele el agua a tu mama’*_, y el necio indio corre con un cántaro de agua, trastabillando y mojando a cuanta persona se encontraba cerca de la comparsa.
Bailan de a brinquitos la _*negrita y Candemo*_: _*‘don Pancho es un embustero / igual que el ‘tío Pascual’*_ al que le envidian hasta el sombrero… _*‘Adiós, adiós, Monina va a morir / Allá en el cielo la espera dios’*_…
Todo el diálogo se desarrolla en un ambiente de música, danza y folklor, tradición, donde prevalece lo chusco de las costumbres indígenas, amalgamado con frases invitando a la paz y el amor.
La despedida se hace girando en círculo, con versos y la invitación a recibirlos el año que viene en un ambiente carnavalesco de fiesta.
Y claro que el reparto estaba compuesto, en su mayoría, por la familia Valenzuela, el _‘mosquito’_, que representaba a _*‘Burrutaco’*_; _‘Chide’_, que se vestía de _*‘Monina’*_; _‘Lencia’_, de _*‘Candemo’*_; _‘Leca’_, que salía de _*‘negrita’*_ y una larga lista de jalpanecos que hoy ya no existen y pocos, pero muy pocos, aún pululan por las calles de la jicarera ciudad vendiendo pollos, frutas, etc.
En verdad, el carnaval de mi tierra tiene historia. Recordamos que en aquella época de los años cincuenta, la eterna rivalidad entre las cerveceras dividió a todo un pueblo en vías de obtener el reinado a las fiestas de carnestolendas; *Don Jhony Martínez May*, distribuidor la _*Corona Extra*_, con su favorita *Irma Castellanos Adorno*, una preciosa morena de cuerpo escultural que hacía suspirar a muchos, y don *Sebastián Romero Blé*, de la cerveza _*Superior*_, que se fue con todo para que *Magnolia Hernández Hernandez*, una espectacular rubia de fina estampa, quien disputó muy fuerte el cetro de reina del carnaval.
Medio Jalpa apoyó a Irma, y la otra mitad a Magnolia, de ahí la rivalidad, incluso pleitos entre familias, de la que obtuvo el triunfo Irma Castellanos Adorno. Y lo mismo sucedió con los candidatos a _‘Rey Feo’_, en una tenaz lucha entre el flaco _*‘Cheíto’*_ y el gordo _*‘Cheón’*_… Así era el carnaval de mi pueblo que, fuese lo que fuese y ocurriera lo que ocurriera, *la gente apoyaba a sus candidatas*… Claro está, hasta en la política así sucede, pero con la diferencia de que antes el pueblo ofrecía su voto y ahora los candidatos compran el voto. Es todo, nos leemos en la próxima.