Escuela para Padres Izúcar

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CUANDO UN ADULTO REHACE SU VIDA AMOROSA siente ilusión. Pero un niño no vive ese mismo “nuevo comienzo”. Para él, la lle...
30/11/2025

CUANDO UN ADULTO REHACE SU VIDA AMOROSA siente ilusión. Pero un niño no vive ese mismo “nuevo comienzo”. Para él, la llegada de una nueva pareja activa mecanismos emocionales que la psicología conoce desde hace años, pero de los que casi no se habla.
Un niño no piensa en amor romántico. Piensa en pertenencia. En seguridad. En territorio emocional. Y cuando aparece alguien nuevo, su cerebro no dice: “Qué bonito, mamá ya no está sola”. Su cerebro dice:
“¿Qué significa esto para mí?”
“¿Pierdo espacio?”
“Sigo siendo importante?”
Ese es el primer terremoto: amenaza al vínculo primario. El vínculo primario es esa sensación de que mamá o papá son su lugar seguro. Cuando entra otra figura adulta, el niño teme —aunque no lo diga— que ese lugar se reduzca, se reparta o se pierda.
Luego llegan los celos. No siempre porque quiera “poseer” a mamá o a papá, sino porque el niño interpreta la nueva relación como una competencia por amor, atención y tiempo. No entiende matices. En su cabeza, el amor es una lámpara de aceite: si alguien más llega, cree que la llama podría apagarse para él.
Después aparece algo más silencioso: la lealtad dividida. Muchos niños sienten que aceptar a la nueva pareja es traicionar al progenitor ausente. A esa edad, la lealtad es blanco y negro. Por eso algunos muestran rechazo, frialdad o irritabilidad… no por la persona nueva, sino por el conflicto interno.
Hay casos donde surge la culpa, especialmente si el niño se encariña con la nueva pareja. Es un pensamiento duro:
“Si me cae bien, lastimo a mi papá/mamá.”
Esa carga emocional puede hacer que se cierren, que actúen “raro”, o que parezca que no aceptan nada… cuando en realidad están protegiendo a alguien en su corazón.
Y luego está la fantasía más común y más callada: la esperanza de que sus padres vuelvan a estar juntos. Aunque ya hayan pasado años. Aunque los adultos ya lo hayan superado. Aunque racionalmente sepan que no va a pasar. La psicología lo describe como “mantenimiento del deseo de reunificación”, y es tan fuerte que la nueva pareja no solo entra a la vida del adulto… entra a destruir un sueño que el niño, en secreto, todavía sostiene.
Todo esto pasa por dentro mientras los adultos dicen frases como:
“Es que es un niño, se acostumbrará.”
“Ya lo entenderá cuando sea grande.”
“No debería ponerse así.”
Pero el niño no tiene la madurez emocional ni las herramientas cognitivas para entender todo lo que está ocurriendo. Sabe lo que siente, pero no sabe explicarlo.
Por eso reacciona. Por eso se cierra. Por eso explota. Por eso retrocede.
No porque sea difícil. No porque sea malcriado.
Sino porque está intentando sobrevivir al movimiento emocional más grande de su vida… sin capacidad para nombrarlo.
Si estás pasando por este proceso, no lo vivas desde la culpa, pero sí desde la conciencia. Habla claro. Dale tiempo. Dale espacio. Dale presencia. Es un duelo para ti… pero es un terremoto para él.
La nueva pareja puede traer amor, estabilidad y un futuro más sano. Claro que sí.
Pero antes de que eso ocurra, el niño necesita sentir algo muy simple:
que su lugar en tu corazón no está en negociación.
Y esa certeza, cuando llega, es lo que finalmente permite que un niño deje de mirar al nuevo adulto como un intruso… y empiece a verlo como parte de su mundo.
Tomado de la Red.

04/09/2024
¡Lloré con esta reflexión! ¡OJO! (Reflexión para los Padres 🥺)¡Ponme la cadenita!En algún hogar del mundo, esa mañana, c...
25/04/2024

¡Lloré con esta reflexión! ¡OJO! (Reflexión para los Padres 🥺)

¡Ponme la cadenita!

En algún hogar del mundo, esa mañana, como todos los días, se escuchaban los gritos alterados de un hombre regañando a su hijo:

-Levántate pronto, lávate la cara, los dientes, péinate, ponte la camisa....

Pero apúrate, tienes que ir a clases. ¿Sabes qué?... Ya no hay tiempo para que desayunes, en el camino tomarás tu jugo, pero no lo vayas a tirar..

¿Qué te dije, tonto? Ya te manchaste la camisa. Me tienes harto, nunca aprendiste a hacer bien las cosas.

El chiquillo guardaba silencio, sabía que le podía ir peor. Estaba tan atemorizado que ni siquiera podía decirle "papá".

En la escuela, constantemente era reprendido por su maestra porque se distraía. Siempre pensando por qué no podía ser feliz como los demás niños.

Esa tarde al regresar a casa, sin saber por qué, se atrevió a romper el silencio y dijo:

-Hoy me preguntó la maestra en qué trabajas y no supe qué responder.

Yo entreno perros, dijo el hombre.

-¿Y para qué los entrenas? dijo el niño.

-Los enseño a ser obedientes, a sentarse, a echarse, a quedarse quietos, a brincar obstáculos, a no hacer destrozos, cuidar la casa, cuidar y proteger a los niños, los entreno para trabajar en la policía, en los bomberos, los entreno para rescatar personas, para salvar vidas localizando explosivos y muchas cosas más...

¡Ah! ¡También los entreno para ayudar a caminar a las personas ciegas!

Con mucho interés seguía preguntando:

-¿Y les pagan a los perros por hacer todo eso?

Claro que no, dijo él.
A cambio reciben mucho amor, atención y cuidados de parte de sus dueños o de quienes trabajan con ellos.

- ¿Y cómo logras entrenarlos?

-Es muy sencillo, dijo. Solamente les pongo una cadenita, los llevo a pasear, camino y platico con ellos y poco a poco les voy enseñando. Cuando no hacen bien los ejercicios los corrijo firmemente pero sin lastimarlos, después los acaricio para que sientan que no estoy enojado con ellos! Pero se necesita mucha paciencia!

El pequeño, muy emocionado, quería salir corriendo y platicarle a sus amiguitos lo que acababa de escuchar, pero de pronto....
con ese gesto infantil, característico y natural que hacen los niños cuando sienten que van a brotar sus lágrimas, levantó su carita inocente y dijo...

-Ponme la cadenita!

Yo también quiero salir a pasear y platicar contigo, quiero aprender muchas cosas de ti, quiero que me corrijas si lo hago mal y después me acaricies para sentir que no estás enojado conmigo.

A cambio yo seré un niño obediente, no te haré enojar más, no haré destrozos, cuidaré la casa, aprenderÉ a cuidar a las personas, a salvar vidas...

Ah! y si un día tú quedaras ciego, yo te ayudaré a caminar!

¡Por favor, ponme la cadenita, solo tenme paciencia!

El hombre aquel, estalló en un sollozo profundo que le desgarró el pecho. Y al abrazar a su hijo, sintió que de su corazón salía una cadenita que rápidamente se enlazaba con el corazón de su hijo.

¡Era una cadenita con muchos eslabones de amor, de calor humano, de comprensión y mucha paciencia!

El niño sonrió, se acurrucó en su pecho y dijo:

¡Gracias, Papá!

"Que todo lo amable, gentil, tolerantes, cariñosos, cuidadosos que podemos ser, lo seamos con los nuestros, hijos, esposo (a) padres, nietos, hermanos, familia, amigos y los que nos rodean y podamos reflejar así el amor en donde nos movamos".

¡Bella reflexion!

Pepe de cinco años había dibujado toda una pared en su casa, el abstracto dibujo era un regalo para su padre que llevaba...
23/04/2024

Pepe de cinco años había dibujado toda una pared en su casa, el abstracto dibujo era un regalo para su padre que llevaba varios días de viaje por trabajo.
Al regresar el padre, encontró a Omar rayando la pared.
Al observar esto, su padre decidió no regañarlo, al contrario, decidió explicarle desde el amor que amaba sus dibujos y le dijo que le regalaría un cuaderno especial para dibujar en donde él podría dibujar todo lo que quisiera.
Le dijo que le dejaría ese regalo como un recuerdo y que cada vez que él tuviera que salir, le podría hacer un dibujo y mandárselo o esperar a que regresara y dárselo para enmarcarlo y ponerlo en su oficina.
Le dijo que estaba orgulloso de su talento y de su destreza pero que la próxima vez lo hiciera en el cuaderno y no en la pared porque iba a ser difícil que lo llevara consigo y habría que limpiarlo después.
Agradeció mucho el regalo y ambos se abrazaron.
“Eres tú quien decide cómo quieres que te recuerden tus hijos. ¿Qué quieres lograr? ¿Miedo o respeto? Decide construir, decide enseñar desde el amor...
¡Las paredes siempre se pueden volver a pintar!

LOS HIJOS NO SE VAN, LA VIDA SE LOS LLEVA....Los hijos se van; hay que aceptarlos con esa condición, hay que criarlos co...
14/04/2024

LOS HIJOS NO SE VAN, LA VIDA SE LOS LLEVA....

Los hijos se van; hay que aceptarlos con esa condición, hay que criarlos con esa idea, hay que asumir esa realidad.
No es que se van; es que la vida se los lleva. Ya no eres su centro.
Ya no eres la autoridad,
No diriges, aceptas.
No mandas, acompañas.
No proyectas, respetas.
Ya necesitan otro amor, otro nido y otras perspectivas.
Ya les crecieron alas y quieren volar.
Ya les crecieron las raíces y maduraron por dentro.
Ya no les caben las raíces en tu maceta, ni les basta tu abono para nutrirse, ni tu agua para saciarse, ni tu protección para vivir.
Quieren crecer en otra dimensión, desarrollar su personalidad, enfrentar el viento de la vida, a la sombra del amor y al rendimiento de sus facultades.
Tienen un camino y quieren explorarlo, lo importante es que sepan desandarlo, tienen alas y quieren abrirlas.

Tú quedas adentro.
En el cimiento de su edificio, en la raíz de su árbol, en la corteza de su estructura, en lo profundo de su corazón.
Tú quedas atrás.
En la estela luminosa que deja el barco al partir.
En el beso que le mandas.
En el pañuelo que los despide.
En la oración que los sigue.
¡En la lágrima que los acompaña!
Tú quedas siempre en su interior, aunque cambies de lugar.

Haz la vida de tus hijos tan feliz, que cuando partan, piensen en regresar, aunque solo sea para tomar tu mano y estar sólo un instante junto a ti...

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