23/08/2025
Para siempre en la mente y en el corazón.
Nunca me dijo te quiero, no recuerdo si alguna vez me abrazó, creo que ni notaba mi existencia. Pero apenas aprendí a leer y escribir y entonces me vió. Tal vez por primera vez me notó.
Y así, mientras otros niños sólo hacían las tareas escolares, yo empecé a escribir recibos de dinero, acuerdos de compra venta e incluso una vez me despertó en la madrugada para que le escribiera un compromiso de buen comportamiento que él me dictó. Y es que en ese tiempo, él era el Juez del pueblo y unos esposos que se peleaban a cada rato lo buscaban para que él pusiera "orden" entre ellos ( usos y costumbres de algunos pueblos).
Él no era un tipo cualquiera. Y aunque no sabía leer ni escribir ya que nunca fue a la escuela, ( pues se decía que quedó huérfano desde bebé y su tía lo crió) él era muy bueno relacionándose con las personas: hacía negocios por escrito relacionados con sus vacas, sus borregos, sus siembras y sus cosechas; también hacía acuerdos y compromisos a la palabra y con estrechón de manos.
El no era el Antonio ( como el Gabino, el Celedonio o el Patricio), tampoco era el Sr. Antonio ( como el sr. Eduardo o el sr Daniel ).
El era: Don Antonio.
Cada vez que terminaba yo un escrito para él,
él sonreía orgulloso y les decía: "ella es muy inteligente" "algún día será una secretaria".
Yo sonreía tímida, bajaba mi cabeza, recogía mis greñitas mal peinadas y con la mano derecha las ponía detrás de mi oreja mientras miraba mis zapatos de hule negro, miraba mis manos, mis piernitas y tocaba yo mi cara cuarteada de tanto sol. Después me iba corriendo a dar de comer a los guajolotes, a los pollos o a desgranar o a seguir haciendo las tortillas. Ni siquiera sabía yo lo que era una secretaria.
Tan pronto terminé la primaria, me fuí a la ciudad. Yo quería seguir estudiando. No regresé por mucho, pero mucho tiempo.
Mi madre y mis tías dijeron un día: "Mi papá ya está perdiendo la memoria, ya no se acuerda bien de nosotros".
Yo sentí que debía volver a verlo otra vez y regresé.
Él estaba ahí, paradito y agarrado de los barrotes de su zaguán por la parte de adentro. Yo llegué ese día y desde afuera le dije: "¡Don Antonio!" ¿Cómo está UD?. Se levantó un poco el sombrero como lo hacía siempre con los dedos índice y anular de la mano derecha y con su pulgar lo acomodaba bien.
Su sonrisa tan encantadora de siempre, su carita tan bonachona y sus mejillas coloradas como los güeros de rancho.
Me dijo: "Bien, gracias a dios", mientras elevaba su mano al cielo dónde el decía que estaba su dios.
Le sonreí tratando de contener mis lágrimas, pues ya no era el señor que recordaba cuando yo tenía 7 u 8 años. Ya habían pasado al menos 30 años más (y yo sólo había regresado de vez en cuando).
Le pregunté: " ¿Tu sabes quién soy yo?"
Me dijo: "Sí...sí...¿Cómo no?"
_Y se quedó en silencio un buen rato.
_"Tu eres mi secretaria ". _Al fin dijo.
Le sonreí incrédula y no pude dejar de acompañar sus ojos brillosos con los míos y derramar mis lágrimas.
Me acerqué a su oído mientras le acariciaba su mano a traves de los barrotes del zaguán y le dije: "No, no soy secretaria" "Yo soy el jefe de la secretaria". Le besé la mejilla y lo miré. Sonreímos los dos.
_ "¿De veras? ¡A brón! ( Así decía cuando no podía creer algo).
Gracias Abuelo, gracias Don Antonio. Tu dijiste varias veces que yo era inteligente y ¿sabes qué?.
Yo te creí y así terminé la universidad en negocios, hice diplomados, certificaciones e idiomas; así es como emprendí e invertí en espacios seguros para enseñar a los niños a leer y escribir. También les repetí siempre que eran muy inteligentes, con suerte algunos de ellos también me creen. Sólo le agregué que son guapos a los niños y muy bellas a las niñas.
También procuro recordarles siempre a las maestras y a los padres de familia que las palabras igual que las acciones en la primera infancia no se quedan en la primera infancia.
Se llevan para siempre en la mente y en el corazón. Con ellas podemos construir vidas.
Gracias Abuelo.
Tus palabras en mi primera infancia me ayudaron a construir mi porvenir 🫂