14/07/2026
Esa puerta de madera que alguna vez les pareció inmensa, ahora les queda pequeña. No porque haya cambiado, sino porque ellos crecieron.
Hace tres años por primera vez, dieron ese primer gran paso, algunos con lágrimas en los ojos. Otros aferrados a una mano. Muchos sin entender que aquel lugar desconocido estaba a punto de convertirse en uno de los escenarios más importantes de su vida.
Y entonces ocurrió la magia de los días.
Las mañanas dejaron de dar miedo. Los salones se llenaron de amigos. Las maestras se convirtieron en un abrazo cotidiano. Las primeras letras, los primeros logros, las primeras veces… comenzaron a construir una historia que, sin hacer ruido, cambió para siempre la forma en la que miraban el mundo.
Pero después de escuchar su nombre a la hora de la salida durante miles de tardes, llegó una última vez.
Ellos no lo sabían.
Pero esta vez afuera los esperaban sus familias, globos, abrazos, burbujas, sonrisas… y una alfombra roja que no celebraba el final de una etapa, sino todo lo que habían sido capaces de crecer dentro de ella.
Y quizá esa sea la misión más hermosa del preescolar: recibir niños que apenas comienzan a descubrir el mundo y despedir pequeños que ya aprendieron a confiar en sí mismos para mostrarse a el.
Gracias a las familias por permitirnos acompañarlos en estos primeros años, los que casi siempre pasan demasiado rápido. Gracias a nuestras maestras por hacer que cada día valiera la pena. Y gracias a ustedes, pequeños, por recordarnos que las historias más grandes siempre comienzan con un primer paso… y con una puerta que alguien se atreve a cruzar.
Quizá lo más bonito de ser niño es que todavía no se conoce el peso de las despedidas.
Y mientras ellos corrían, sonreían y gritaban.
Nosotros entendimos que algunas despedidas tienen el tamaño de una historia entera.
Hasta pronto peques. 🧡🩵
¡PRIMARIA HERE WE GO!
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