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El principio del camino:
Secundaria Comunitaria
Desde su creación en 1971 el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe),
ha desarrollado y operado diversos servicios y programas en distintos ámbitos de la
educación inicial y básica. Los alumnos que terminan sus estudios en Cursos Comunitarios,
se les certifica en los distintos niveles de la educación básica, expedido por
la Secretaría de Educa
ción Pública (SEP). Esto significa que los estudios realizados
en Cursos Comunitarios tienen la misma validez que en cualquier otro tipo o modalidad
de escuela preescolar, primaria o secundaria en el país. En 1974, los primeros Cursos Comunitarios empezaron a ofrecer educación primaria
a niños de comunidades pequeñas y aisladas, en donde no se cubrían las condiciones
para la instalación de escuelas regulares. Para diseñar estos servicios, el
Conafe retomó las experiencias de la escuela rural mexicana, adaptándolas a las
condiciones de ese momento.1
En un primer momento el Conafe fue constituido para dar atención educativa a la población
de comunidades rurales marginadas y dispersas del país; sin embargo, poco
a poco la oferta educativa rebasó la expectativa y se convirtió en un espacio que
promueve la participación social y posibilita el desarrollo comunitario, a pesar que en
sus inicios “…el termino Educación Comunitaria se refería sólo a la ubicación espacial
donde se realizaba la práctica educativa: Comunidades Rurales Marginadas”;2
las características propias del programa, generaron dinámicas de colaboración e
intercambio entre los miembros de la comunidad que empezaron a generarles aprendizajes,
incluso a provocar mayor cohesión social en las localidades. Debido principalmente
a la estancia permanente del instructor en la comunidad durante el ciclo
escolar, que le permitían involucrarse en la dinámica y en las problemáticas locales
de manera activa, colaborando en la organización colectiva para su resolución. Por ende las acciones que impulsan a los miembros de la comunidad a participar en
actividades de fomento educativo se han convertido en característica de los proyectos
y en sí de la operación de los programas del Conafe a nivel nacional. Actualmente, el Conafe opera servicios en más de 35 mil comunidades con menos
de 500 habitantes; en los que atiende a grupos multigrado en los niveles de preescolar
y secundaria, y multinivel en primaria, en comunidades rurales, indígenas y en
contextos migrantes. En la Educación Comunitaria se recibe un mínimo de cinco y hasta veintinueve alumnos
de diferentes edades y características culturales, étnicas, lingüísticas, religiosas,
así como con distintos saberes, valores, costumbres y tradiciones. La Educación Comunitaria está a cargo de jóvenes con escolaridad mínima de secundaria,
designados Instructores Comunitarios. Su estancia en la localidad es de
uno o dos años, en los que realiza una labor educativa con alumnos en edad
de cursar la educación básica, a cambio de ello el Conafe le proporciona una beca
económica durante 30 o 60 meses, con la idea de que pueda continuar con sus
propios estudios. Para dirigir los procesos de enseñanza-aprendizaje, la Delegación Estatal del Conafe
proporciona a los instructores comunitarios una formación inicial durante seis semanas,
al integrarse a la comunidad, tutorías mensuales de tres días, y en determinados
momentos asesoría en el aula. Los padres de familia tienen un papel importante en la participación de los procesos
educativos y de gestión de los servicios escolares a través de la Asociación Promotora
de Educación Comunitaria (APEC) que involucra a los padres de familia en las actividades
escolares, la instalación de los servicios educativos y la definición del horario
de clases, asimismo, proporciona hospedaje y alimentación al Instructor Comunitario
y da constancia de la asistencia y trabajo del instructor para que reciba su apoyo
económico cada mes. En la Educación Comunitaria los niños, niñas y jóvenes se conciben como personas
únicas con características diversas en cuanto a cultura, lengua, intereses, capacidades,
destrezas y ritmos de aprendizaje; por ello se concibe que el proceso de enseñanza-
aprendizaje se enriquece con las experiencias, conocimientos y participación
de todos los miembros del grupo, y la actuación de sus miembros está basada en el
respeto y la valoración, aprecio y aprendizaje de los demás, lo que hace posible una
educación inclusiva. Acorde a la perspectiva internacional, el Conafe diseña sus modelos educativos
para lograr una educación inclusiva, puesto que constituye la posibilidad para atender
“la exigencia de educar a todos los alumnos en la misma escuela y la necesidad
de hacer una reforma al conjunto del sistema educativo”.3
Entendiendo que la inclusión se entiende como “el proceso de identificar y responder
a la diversidad de necesidades de todos los estudiantes”, lo cual se logra a
través de su participación en el aprendizaje, las culturas y las comunidades “e involucra
cambios y modificaciones en contenidos, enfoques, estructuras y estrategias,
con una visión común que incluye a todos”.4
Para el Conafe se concibe que la participación de los niños, niñas y jovenes de diferentes
edades y con diferentes conocimientos y habilidades en la realización de
actividades formativas, constituye una condición propicia para generar situaciones
en las que se favorezca que a través de la interacción entre alumnos se enriquezca
el proceso del aprendizaje entre pares. Uno de los enfoques de la Educación Comunitaria es la perspectiva intercultural,
lo que implica de acuerdo con Schmelkes, que una propuesta curricular debe ser
entendida como un: “instrumento mediador entre el saber cultural y la cotidianidad,
entre el conocimiento comunitario y la práctica, entre la ciencia y la filosofía, y entre
el conocimiento y el pensamiento étnico […] la acción pedagógica debe ser fundamentalmente
una acción comunicativa, de diálogo permanente y argumentación
rigurosa, de tal manera que primen los conocimientos y saberes que tengan los
mejores argumentos y no simplemente los de la sociedad dominante.5
Por ello, en la Educación Comunitaria el diálogo y la argumentación entre instructor,
alumnos y miembros de la comunidad permiten legitimar los saberes, valores, tecnologías
y costumbres regionales y locales, y los integra con los contenidos establecidos
en la curricula nacional; además establece una relación de anclaje entre ambos
conocimientos que adquieren nuevos significados con la posibilidad de utilizar lo
aprendido para afrontar situaciones diversas dentro y fuera del aula. El Consejo diseña modelos educativos adecuados a cada contexto que permiten el
logro del perfil de egreso de la educación básica, propiciando el fortalecimiento de
la identidad de cada alumno y contribuyendo a la preservación de la cultura local. De esta forma al legitimar a través del diálogo y la argumentación los saberes de las
culturas locales se promueve el fortalecimiento de la diversidad cultural y su riqueza. Por eso es necesario para el Conafe continuar impulsando el diseño de modelos
pertinentes a los contextos rurales, indígenas y migrantes que aseguren el logro
del perfil de egreso de la educación básica nacional a partir de atender a cada
nivel con estrategias educativas flexibles e inovadoras que respondan a las características
de los alumnos que asisten a los servicios y que promuevan la participación
y organización de la comunidad en una búsqueda de mejores condiciones de
bienestar social, autogestión. En la Educación Comunitaria se construyen espacios que ofrecen oportunidades
de participación en la comunidad e intercambio de aprendizajes, pero también el desarrollo
de habilidades para aprender a aprender a lo largo de toda la vida. Por
ello uno de los propósitos de la Secundaria Comunitaria actual es desarrollar en
los alumnos habilidades para el aprendizaje autónomo, es decir, habilidades para
“aprender a aprender”.