02/01/2026
Alzamiento Zapatista
Hace treinta y dos años las comunidades indígenas se levantaron en protesta contra el gobierno.
La madrugada del primero de enero de 1994, mientras México iniciaba una nueva etapa económica marcada por la apertura comercial, un grupo armado integrado principalmente por comunidades indígenas apareció públicamente en varios municipios de Chiapas. Se identificaron como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Hoy, primero de enero de 2026, se cumplen treinta y dos años de aquel levantamiento que modificó de manera duradera la forma en que se estudian los movimientos indígenas en México y en América Latina.
Chiapas era entonces uno de los estados con mayores niveles de desigualdad social. Amplias zonas rurales carecían de servicios básicos, acceso estable a la tierra y reconocimiento p*lítico. Las comunidades indígenas vivían bajo condiciones de marginación histórica que se habían acumulado desde la época colonial y que persistieron tras la Revolución mexicana. A inicios de los años noventa, las reformas legales en materia agraria alteraron el régimen de propiedad comunal y colocaron a miles de familias campesinas en una situación de vulnerabilidad frente al mercado.
En ese contexto, el levantamiento no fue un acto aislado ni improvisado. Investigaciones realizadas por Pablo González Casanova, Armando Bartra, Luis Hernández Navarro, Rosalva Aída Hernández Castillo y Ana Esther Ceceña muestran que el EZLN fue el resultado de procesos organizativos de largo aliento. Durante años, las comunidades construyeron redes locales, espacios de formación y acuerdos colectivos que permitieron articular una respuesta común frente a las transformaciones económicas y sociales que afectaban su vida cotidiana.
El primero de enero funcionó como un punto de condensación. La inconformidad acumulada tomó forma pública mediante un lenguaje que combinó demandas sociales, referencias históricas y símbolos indígenas. El movimiento colocó en el centro la relación entre tierra, comunidad y dignidad. Para las bases zapatistas, la tierra no era solo un recurso productivo. Era territorio compartido, memoria colectiva y base material de la organización social.
La estructura del EZLN se diferenció de los modelos p*líticos tradicionales. Su organización se apoyó en asambleas comunitarias, cargos rotativos y una lógica conocida como mandar obedeciendo. Las decisiones se construían a partir de consultas internas y acuerdos colectivos. Esta forma de funcionamiento dio origen a municipios autónomos y juntas de gobierno locales encargadas de educación, salud, justicia comunitaria y administración del territorio. Estas experiencias no buscaron sustituir al Estado. Plantearon la construcción de autonomía desde la vida cotidiana.
La cosmovisión indígena ocupó un lugar central en este proceso. La palabra colectiva, el corazón como espacio del pensamiento y la comunidad como eje de la vida social aparecieron de manera constante en los comunicados zapatistas. La antropología mexicana ha documentado cómo estas nociones permitieron articular una forma de acción colectiva donde la identidad cultural no quedó separada de la organización p*lítica. El zapatismo mostró que la cultura no era un elemento secundario, sino un componente activo de la movilización social.
El impacto del levantamiento alcanzó al Estado mexicano. La aparición pública del EZLN obligó a abrir procesos de diálogo y a reconocer la existencia de pueblos indígenas con demandas propias. Aunque los acuerdos firmados no se tradujeron plenamente en cambios legales, el tema de la autonomía indígena quedó instalado en la discusión nacional. La relación entre comunidades indígenas, territorio y poder estatal comenzó a ser pensada desde nuevas coordenadas.
En el ámbito académico, el levantamiento marcó un punto de inflexión. Las ciencias sociales mexicanas ampliaron sus marcos de análisis para comprender los movimientos indígenas más allá de las categorías clásicas. La etnografía, la sociología rural y la historia social encontraron en el zapatismo un referente central para estudiar organización comunitaria, resistencia territorial y formas no estatales de gobierno. Estas discusiones se proyectaron hacia América Latina, donde experiencias indígenas similares comenzaron a dialogar con el caso chiapaneco.
A treinta y dos años de distancia, el levantamiento zapatista sigue siendo una referencia obligada. No solo por los acontecimientos de 1994, sino por el impacto que tuvo en la manera de pensar la acción colectiva indígena desde las ciencias sociales. El EZLN abrió preguntas que siguen vigentes sobre tierra, autonomía y comunidad en el presente.
Fuentes
Bartra, A. (1999). Los herederos de Zapata. Ediciones Era.
Ceceña, A. E. (1999). Rebelión y resistencia en el mundo globalizado. CLACSO.
González Casanova, P. (2003). La rebelión zapatista y las ciencias sociales. Siglo XXI Editores.
Hernández Castillo, R. A. (2001). La otra frontera: identidades múltiples en el Chiapas poscolonial. CIESAS / Miguel Ángel Porrúa.
Hernández Navarro, L. (1997). Chiapas: la guerra y la palabra. Ediciones Era.
Tomado de: Nota Antropológica
Imagen: José Clemente Orozco,
Generals ( Zapatistas), 1935