22/12/2025
Si quieres un niño feliz, ¡dejálo jugar!
Erróneamente pensamos que juego es lo opuesto al trabajo. Identificamos la palabra juego con el hacer nada, o con una actividad frívola, mientras que trabajo es una actividad seria y con propósito. El trabajo, entonces, es algo digno mientras que el juego es una mera diversión. Sin embargo, no es así. El juego es el trabajo del niño.
A través del juego el niño desarrolla su imaginación, aprende a relacionarse, ensaya los diferentes roles de la sociedad, y digiere sus experiencias. Recuerdo a un niño que siendo mi alumno en preescolar perdió por enfermedad a su madre en el verano. Cuando reiniciamos clases, en el tiempo que yo daba para juego libre, el jugaba a que alguien se moría. Le preguntaba a algún compañero, “¿Quieres jugar a que te morías?” Le pedía que se acostara en el piso y lo cubría con una tela. Todos los niños gustosos cooperaban. Este juego lo repitió varias veces a la semana durante más de un mes. Estaba obviamente digiriendo la muerte de su madre, y cuando este proceso terminó, dejó de hacerlo. Esto le ahorró a su padre ¡muchas horas de terapia!
Si lo vemos desde este punto de vista, el juego es un asunto complejo y fascinante. El juego del niño viene a ser una expresión de lo que más adelante llamaríamos arte, literatura o drama. Es una especie de metamorfosis perpetua en donde los niños se mueven de lo imaginativo a lo real y viceversa en esta fascinante experiencia llamada juego.
Preguntémonos ¿a cuántos adultos no nos ayudaría soltar el peso de nuestras cargas cotidianas si nos dedicáramos un rato a jugar? Si los adultos recuperamos esta capacidad, seguro tendríamos una sociedad más comprensiva y más feliz.
Rosa Barocio.
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