04/12/2023
Hoy domingo, nuestro día de descanso semanal, busquemos y encontremos un rincón solitario.
Vamos a meditar.
Meditar no es pensar en algo, sino todo lo contrario.
Confortablemente cesamos de buscar ideas, limpiando nuestro cerebro de palabras.
Encontraremos totalmente mudos, la paz del silencio interior.
A esta renuncia de beneficios intelectuales, agregaremos en nuestro corazón los deseos de amar o ser amados, identificándonos completamente con el corazón. Abrimos las puertas emocionales que consisten en sumergirnos en los latidos cardíacos, es decir en el constante movimiento por las arterias y las venas de la preciosa sangre.
Luego de obtener el silencio mental y el cálido paseo sanguíneo, eliminaremos en el s**o hasta el infimo deseo, absorbiendo nada más que la alegría de vivir, la felicidad de habitar en ese palacio mágico que es nuestro cuerpo.
Agreguemos entonces la descontracción muscular, sintiendo la paz de nuestros huesos, navegando en el tiempo eterno.
Ya quietos como una modesta piedra, aceptemos el placer de tener una piel cuajada de poros, expulsando en el espacio sideral la maravillosa energía humana.
En total, somos un grito feliz disolviéndose en el cielo de nuestra madre galaxica, sintiéndonos aceptados por el cielo como si fuéramos un terrón de azúcar.
Meditar es convertirnos en el elixir del universo.
Acepta que tú eres un universo en miniatura y también acepta la felicidad de existir.
Con los brazos inmóviles te envío un abrazo,
Alejandro
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