24/02/2026
¿Qué hemos hecho mal, o qué han hecho mal con nosotros?
Lo que estamos viviendo como sociedad duele. Los bloqueos, los videos de jóvenes armados que se muestran orgullosos de pertenecer a organizaciones violentas…
La reacción inmediata es indignarnos. Y claro que hay indignación.
Pero también necesitamos comprender.
Hay una forma de violencia que no siempre se ve: la que moldea aspiraciones, la que define qué significa “tener éxito”, la que convierte el poder económico en admiración y el miedo en respeto. Cuando como sociedad comenzamos a normalizar ciertos símbolos, esos símbolos empiezan a formar parte de la identidad de quienes están creciendo.
A veces pensamos en las esculturas inacabadas de Miguel Ángel: figuras que parecen intentar salir del mármol. No sabemos si están naciendo o quedando atrapadas en la piedra.
Nuestros jóvenes también están en proceso. Se están formando. Y todos influimos, de alguna manera, en la forma que va tomando esa “escultura”.
Como escuela creemos profundamente que la educación no es solo transmisión de conocimientos, sino construcción de sentido.
Que el deporte no es solo competencia, sino comunidad.
Que la cultura no es solo entretenimiento, sino identidad.
Que el reconocimiento más valioso no viene del miedo, sino del esfuerzo, la disciplina y el cuidado de los demás.
No se trata únicamente de señalar lo que está mal.
Se trata de fortalecer lo que está bien.
De acompañar. De dialogar. De estar presentes.
Hoy más que nunca, familia y escuela compartimos una tarea fundamental: ofrecer referentes distintos, espacios seguros y oportunidades reales para que nuestros jóvenes encuentren reconocimiento en caminos que construyen y no destruyen.
Nos vemos mañana, para seguir construyendo juntos la sociedad que queremos.