21/01/2026
Él no entiende de horarios de oficina, pero conoce de memoria el sonido del motor del bus de las ocho.
Espera en el paradero, con la espalda encorvada ignorando el frío de la noche.
—Papá, ya soy grande, no tienes que venir —le dice ella cada noche al bajar.
Él no discute. Solo la toma de la mano y empieza a caminar con ella, como lo ha hecho desde siempre.
No la espera porque crea que ella no puede sola; la espera porque sabe que el mundo es duro, y él quiere ser el primer lugar seguro que ella pise al regresar.
Él no cuida a una adulta, cuida el tesoro que le dio sentido a su vida. 🥹