10/08/2026
La Batalla del Puerto del Gallinero
Fue uno de los enfrentamientos más sangrientos e intensos de la guerra civil de 1832.
Esta batalla fue una pieza fundamental de la rebelión o revolución de 1832 contra el gobierno de Anastasio Bustamante —vicepresidente en funciones de presidente, de tendencia centralista y conservadora—. El antagonista fue el general José Esteban Moctezuma —federalista, con tropas principalmente de Zacatecas y aliados de San Luis Potosí y otros—, quien se había pronunciado en apoyo del Plan de Veracruz y de la restitución de Manuel Gómez Pedraza. Bustamante salió personalmente de la Ciudad de México a combatirlo.
La rebelión del coronel Landero, ocurrida el 2 de enero de 1832 en Veracruz de acuerdo con don Antonio López de Santa Ana, fue secundada en Tampico por el general potosino Esteban Moctezuma y en Zacatecas por el propio gobernador don Francisco García. El gobernador de Tamaulipas, don Francisco Vital Fernández, por un tiempo se mostró indeciso, pero, cediendo a insinuaciones de enviados del general Moctezuma y del gobernador de Zacatecas, decidió también secundar el movimiento rebelde cuando éste precisó sus fines, exigiendo el regreso del general Manuel Gómez Pedraza, quien había renunciado la presidencia y se hallaba en el extranjero, para hacer cesar el gobierno del vicepresidente don Anastasio Bustamante.
Hasta mediados de julio del mismo año de 1832 resolvió el general Moctezuma salir de Tampico para San Luis Potosí, Estado que permanecía fiel al gobierno del general Bustamante y que estaba gobernado por el señor don Julián de los Reyes; la toma de San Luis era absolutamente necesaria para constituir en dicha ciudad el centro de operaciones y disponer el avance hacia la capital de la Republica. En Ciudad del Maíz se encontraba el segundo Batallón de cívicos de San Luis al mando del coronel José Antonio Barragán, con instrucciones de hostilizar el paso de la columna del general Moctezuma; pero en lugar de cumplir con las órdenes recibidas se unió con su batallón al ejército rebelde. Al recibirse en San Luis la noticia de la deserción de Barragán y del avance de la fuerza, ya considerable, de Moctezuma, se ordenó al general Pedro Otero para que, con el segundo Batallón perteneciente, al tercero de cívicos de San Luis y los activos de Querétaro y Tlaxcala que se encontraban de guarnición, salieran al encuentro de aquella. El 2 de agosto partió el general Otero y al día siguiente, en la hacienda de Pozo del Carmen trabó combate con los rebeldes, sufriendo rápida derrota. Esta fácil victoria dejó a Moctezuma el paso franco hasta San Luis, la que ocupó el día 5 por abandono de las fuerzas leales del Gobernador.
La noticia de la ocupación de San Luis por los rebeldes produjo la alarma consiguiente al Gobierno general, disponiéndose a iniciar una campaña militar enérgica, la que sería dirigida personalmente por el Vicepresidente, general Anastasio Bustamante, quien obtuvo del Congreso la autorización necesaria. En breves días fueron alistadas tropas en número de cuatro mil hombres, encargándose del mando de las brigadas a generales de positivo mérito militar como don Mariano Aristas y don Valentín Amador. La división al mando supremo del general Bustamante salió de la Capital a mediados de agosto rumbo al norte.
En San Luis, el general Moctezuma había logrado aumentar su ejército rebelde a más de cinco mil hombres con los elementos que le fueron proporcionados por Zacatecas y Tamaulipas. El general Moctezuma era de escasos conocimientos militares; pero por el fácil triunfo de Pozo del Carmen y lo numeroso del ejército que había logrado reunir, se consideraba invencible. Informado de la resolución del general Bustamante, dispúsose ir a su encuentro con la confianza de que alcanzaría otro triunfo; en efecto se movilizo con rapidez y el día 10 de septiembre ocupaba la plaza de San Miguel el Grande.
La división del general Bustamante, que había avanzado hasta Querétaro por el camino nacional, con el mayor sigilo logra hacer su marcha por distintos caminos y llegar a la Villa de Dolores Hidalgo, cortando así a Moctezuma toda comunicación con San Luis y Zacatecas. El día 15 de septiembre recibió Moctezuma la noticia de la ocupación de la Villa de Dolores por el general Bustamante y ansioso de los laureles de la victoria decidió salir a combatirlo. El mismo día 15 abandono San Miguel y el 16 se detuvo en la hacienda de la Venta, el 17 llegó a la del Rincón y el 18 presentaba frente de combate a la división Bustamante, inferior en muchos hombres, pero superior en dirección militar.
El general Bustamante, obrando con pericia y sagacidad, escogió el lugar más estratégico para librar una batalla decisiva, siendo éste el llamado Puerto del Gallinero, entrada o paso de la “Sierra de la Media Luna”, entre las haciendas de Rincón y Trancas.
Moctezuma parecía secundar los hábiles planes del general Bustamante, realizando sus movimientos tal como había sido calculado y previsto, llegando a las cercanías del “Puerto del Gallinero” cuya posesión consideró como clave en el triunfo. Frente a una pequeña colina formó Moctezuma su línea de batalla, en semicírculo muy extenso, colocando en los dos extremos las caballerías y en el centro las infanterías, sin cuidarse de la protección de la retaguardia ni de apartar fuerza de reserva. En cambio, la disposición del ejército de Bustamante obedecía en todo a la ciencia táctica y estratégica de la época, aprovechando hábilmente para su defensa y protección los accidentes naturales del sitio escogido para el combate.
A las seis de la mañana del día 18 de septiembre se dio principio a la batalla con nutrido cañoneo y fusilería sin que pareciera intención de Bustamante avanzar sobre las posiciones del enemigo. En esta situación permanecieron los ejércitos hasta las diez y media de la mañana, hora en que dos columnas de caballería de la división Bustamante se desprendieron de su línea para iniciar una carga, saliendo a su encuentro las caballerías de Moctezuma, al mando del coronel Stáboli. Aparentaron las caballerías de Bustamante no poder resistir el empuje de las enemigas emprendiendo la retirada, lo que fue estimado por el general Moctezuma como el principio del fin de aquel combate, que no sería otro que su triunfo completo. Por sus órdenes, cuatro batallones con bayoneta calada se lanzaron a la persecución de las caballerías de Bustamante y en seguida y en desorden el resto del ejército, considerándose victorioso, pero al llegar al sitio de antemano escogido por el general Bustamante, los clarines de su división lanzaron al aire los toques de contra ataque, realizando este movimiento con tal vigor y valentía que causaron la inmediata y total derrota del ejército de Moctezuma, dispersándolo y persiguiendo a los fugitivos hasta la hacienda de Trancas.
El saldo sangriento de este terrible combate fue de 1.116 mu***os recogidos del campo por las fuerzas victoriosas. De esta enorme cantidad de víctimas, 975 se identificaron como pertenecientes al ejército derrotado, siendo las otras 141 el precio de la victoria. Estas víctimas, de los dos bandos juntas, fueron enterradas en un ancho y profundo foso en el mismo lugar de la batalla.
—Así vivieron el suceso algunos testigos de la Villa de Dolores—
«La media tarde del pasado 18 de septiembre, los habitantes del Heroico Pueblo de Dolores, vieron entra y desfilar por sus calles, con las armas al hombro, a los contingentes de prisioneros de los ejércitos de Tamaulipas, Aguascalientes, Jalisco y Zacatecas los que por los vecinos fueron tratados con toda la dignidad que amerita un connacional, aunque por las circunstancias de la vida al momento opositor al legitimo gobierno.
«La tranquilidad pública, los intereses de personas y de la nación, el buen nombre de la república, su estabilidad y su existencia, fueron comprometidos y liberados al triste azar de la guerra y al rudo poder de las armas. La batalla del Puerto del Gallinero se recordará siempre y se llorará por los mexicanos.»
—OFICIO DEL CURA DE LA VILLA DE DOLORES HIDALGO —
«Se da noticia del número de mu***os que se sepultaron en su parroquia, después de la batalla del Puerto del Gallinero, la que se suscitó entre seis y las quince horas, del día martes 18 de septiembre de 1832. Entre las Fuerzas Militares de los Estados del Interior, al mando del señor general don Esteban Moctezuma y las Fuerzas del Gobierno General, al mando del señor vicepresidente de la republica general don Anastasio Bustamante.
«Acción militar la que es considerada como una de las mayores catástrofes en las guerras civiles de México.
«Hasta hoy he podido lograr las últimas razones de los mu***os que se han sepultado en distintos lugares de las haciendas y ranchos próximos al paraje donde fue la batalla, y que por la distancia de las diferentes direcciones que tomaron en su fuga y se les persiguió, no había podido contestar a V. S. con la brevedad que deseaba, a su oficio fecha 20 del mes presente, en que V. S. se sirve comunicarme los deseos del Exmo Sr. general en jefe, para tener un conocimiento cierto del número do los que murieron. Según las noticias adquiridas del alcalde comisionado, del sacerdote que destiné para la bendición del campo y de varios caudillos y mayordomos, y otras que he podido adquirir, llegan los enterrados en el campo a novecientos veinticuatro, y los sepultados en esta parroquia de mi cargo, mu***os de las resultas heridas, cuarenta y cinco; por todos, novecientos sesenta y nueve, no siendo posible alcanzar el número fijo por hallarse a largas distancias, según se dice, otros cadáveres que no se han podido recoger. Es cuanto Puedo decir a V. S., etc.
«Dios y libertad. Curato de Dolores Hidalgo, 23 de septiembre de 1832. —Ignacio Moctezuma. — Sr. mayor general D. Manuel Gil Pérez.»
Por más de cincuenta años después de esa batalla, una gruesa cruz de madera marcó el sitio de la fosa común donde se hacinaron los 1.116 cadáveres. Cuantos por allí pasaban cumplían la piadosa costumbre de los caminantes de allegar una piedra al sitio donde descansaban los despojos de quienes caían a la orilla de los caminos, víctimas de los asaltos de los tulices o de los encuentros de las facciones en armas. Alrededor de esa cruz fueron amontonándose los guijarros. Ahora la cruz no existe, pero el montón de guijarros perdura allí todavía, escondido en el tiempo, recordando a los mexicanos que murieron en la batalla más sangrienta de nuestras guerras civiles, sangriento hecho de armas.
Notas del autor:
—El general don Anastasio Bustamante, encontrándose en el cuartel general de la Villa de Dolores Hidalgo, envió a la capital de la República su renuncia al cargo de vicepresidente y presidente en funciones el 19 de septiembre de 1832.
—Por disposición del propietario de la fotografía, a esta se le coloca el logotipo del Instituto de Artes, Oficios y Fortalecimiento Económico Miguel Hidalgo y Costilla, conservando él los derechos de propiedad.
Juan José Hernández García