Instituto de Artes y Oficios, Miguel Hidalgo y Costilla

Instituto de Artes y Oficios, Miguel Hidalgo y Costilla Enseñando, aprendemos. (Séneca)

Publicación especial: En respuesta a un amable mensaje escrito a mi cuenta personal, en el que nos felicitan por las pub...
22/08/2026

Publicación especial:

En respuesta a un amable mensaje escrito a mi cuenta personal, en el que nos felicitan por las publicaciones sobre variados pasajes de nuestra historia local y, al mismo tiempo, nos dicen: «Magnífico trabajo el que hacen desde su página, pero se olvidan del pequeño detalle de decirles a los lectores quiénes son ustedes, no desde las cuentas personales de cada uno de ustedes (que él también sigue), sino del Instituto, que es lo que hace falta dar a conocer». Aquí va:

El Instituto de Artes, Oficios y Fortalecimiento Económico “Miguel Hidalgo y Costilla” es una institución educativa y de capacitación ubicada en Dolores Hidalgo Cuna de la Independencia Nacional.

Se inauguró el 12 de julio de 2019 (durante la administración del entonces alcalde Miguel Ángel Rayas Ortiz) como iniciativa de Miguel Castillo Martínez, Miguel Ángel Raya Ortiz y con apoyo de la Dra. Johana Mata Silva de Dirección de Desarrollo Económico Municipal. Su objetivo principal es rescatar, promover y enseñar oficios tradicionales heredados del Padre de la Patria, Miguel Hidalgo y Costilla (como alfarería, cerámica, obrajería y otros), fortalecer la economía local, generar alternativas de autoempleo e ingresos, y reforzar el tejido social y familiar.

El instituto se inspiró en el modelo del Instituto de Artes y Oficios de Querétaro y ha contado con el apoyo de artesanos locales, como Miguel Castillo, uno de sus principales impulsores, Erika Hernández, Juan José Hernández García

―Inicialmente funcionó en las instalaciones del Museo Bicentenario.

―Luego se ubicó en un salón a un costado de la Biblioteca Pública “Esperanza Zambrano”.

―En 2024 enfrentó problemas de espacio porque el área de la biblioteca se destinó a un C4 (Centro de Control, Comando, Comunicaciones y Cómputo), lo que dejó al instituto en una situación de “olvido” y generó llamados a reubicarlo.

Sus objetivos y servicios:

―Capacitar a la población en talleres de artes y oficios tradicionales.

―Impulsar la economía familiar y el desarrollo de nuevos negocios locales.

―Ofrecer alternativas de educación y desarrollo de habilidades manuales o técnicas.

― Promover la cultura mediante exposiciones pictóricas de artistas internacionales, mexicanos y, principalmente, de niños (la Secretaria de Gobernación y otras instituciones); conciertos musicales y presentaciones artísticas; así como conferencias sobre la preservación del patrimonio histórico y cultural de nuestro municipio (en colaboración con la Biblioteca Esperanza Zambrano y la UTNG). En colaboración con CUNART, Cuna Arte y Cultura A.C., instituimos el “Galardón Caudillos Dolores”, reconocimiento que, desde la sociedad, se ha entregado durante seis años continuos a todo aquel dolorense que mantiene a diario una lucha constante por mantener vivos los oficios históricos de nuestro municipio.

Enfoque:

―Rescate de cadenas de valor productivas, oficios manuales y talleres de capacitación continua.

Talleres y cursos que ha ofrecido

Entre los más frecuentados se encuentran:

―Bisutería y filigrana

―Torneado en barro / cerámica

―Decorado de cerámica y mayólica

―Artes plásticas

―Estilismo

―Tallado de madera

―Velas artesanales / aromáticas

―Herbolaria / farmacia viviente

―inglés y náhuatl

―Clases de regularización (matemáticas e inglés para primaria)

―Historia de la Cuna de la Independencia Nacional.

Esto es nuestro Instituto de Artes, Oficios y Fortalecimiento Económico "Miguel Hidalgo y Costilla".

Dolores Hidalgo: la Cuna de la Patria que atrajo al EmperadorDolores Hidalgo no es solo un punto en el mapa del Bajío. E...
21/08/2026

Dolores Hidalgo: la Cuna de la Patria que atrajo al Emperador

Dolores Hidalgo no es solo un punto en el mapa del Bajío. Es el lugar donde, en la madrugada del 16 de septiembre de 1810, el cura Miguel Hidalgo y Costilla alzó la voz que encendió la Independencia de México. Ese peso simbólico, impregnado en cada piedra de la antigua casa cural y en el aire de su plaza, fue lo que en 1864 motivó a Maximiliano de Habsburgo, Emperador de México, a trasladarse hasta allí para presidir las celebraciones patrias. No se trató de un capricho protocolario ni de una visita de cortesía: fue un acto deliberado de legitimación política y de apropiación de los mitos fundacionales de la nación.

Para comprender la decisión del archiduque austriaco hay que recordar el contexto. En diciembre de 1863, apenas un año antes, las autoridades locales de la entonces ciudad de Hidalgo —presididas por el prefecto político Isidro Magaña— habían firmado un acta de adhesión al orden emanado de la Intervención francesa. Entre los firmantes figuraban el párroco José M. Gómez, el comandante militar Amado Río, alcaldes, sacerdotes y vecinos notables. Aquella adhesión reflejaba el clima de una región que, tras años de guerra civil, veía en el Imperio una promesa de paz y progreso. Maximiliano, consciente de la necesidad de arraigarse en el imaginario popular mexicano, entendió que no bastaba con gobernar desde la capital: había que rendir tributo al origen mismo de la independencia.

Así, el 15 de septiembre de 1864, el Emperador llegó a Dolores Hidalgo. El programa oficial de las fiestas nacionales detalla con precisión la solemnidad del momento. A las diez y media de la noche, las autoridades, con antorchas y música a la cabeza, se dirigieron a la residencia de Su Majestad (la casa del insurgente Benemérito de la Patria en Grado Heroico don Mariano Abasolo). Desde allí, acompañado de consejeros de Estado, chambelán y secretario de gabinete, se trasladó a la casa del héroe Miguel Hidalgo y Costilla. Las autoridades se colocaron delante de la ventana del que fuera despacho del cura; la tropa, a pie y sin armas, formó en la banqueta del frente; el público llenó la calle. A las once en punto, Maximiliano se asomó a la ventana, pronunció un discurso y vitoreó a la Independencia y a sus héroes. Inmediatamente estallaron dianas, repiques a vuelo y salvas de artillería: el mismo eco que, según la memoria colectiva, había resonado 54 años antes en ese mismo sitio.

Al día siguiente, 16 de septiembre, las salvas y el repique anunciaron el alba. A las nueve de la mañana el Emperador asistió a misa y Te Deum en la iglesia parroquial. Después regresó a la casa de Hidalgo para inscribir su nombre en el registro de visitantes y, por la tarde, presidió una gran comida a la que asistieron siete patriotas supervivientes de 1810, autoridades de Guanajuato, San Luis Potosí, San Miguel de Allende y San Felipe, alcaldes indígenas y notables invitados. En el brindis, Maximiliano elevó su copa por la Independencia y la memoria de sus héroes, saludado por una nueva salva. El pabellón imperial flameó durante dos días en los edificios públicos y en la propia casa del cura.

La elección de Dolores no fue casual. Maximiliano buscaba vincular su trono extranjero con el acto fundacional de la nación. Al vestirse de charro y al pronunciar el Grito desde la ventana histórica, se convirtió en el primer gobernante mexicano —republicano o imperial— en conmemorar oficialmente el alzamiento en el lugar exacto donde nació. Aquella ceremonia codificó elementos del ritual cívico que aún reconocemos: el balcón, la plaza, la proclama nocturna, el vínculo directo entre el jefe de Estado y el mito de Hidalgo. Aunque las fiestas patrias existían desde los tiempos de Guadalupe Victoria, la escenificación en Dolores les otorgó una carga simbólica e identitaria inigualable.

La paradoja es evidente y fascinante: un emperador impuesto por las bayonetas francesas rindió tributo, con respeto y solemnidad, a la memoria libertaria del cura insurgente. En un intento de sostener su corona, Maximiliano tuvo que inclinarse ante el origen mismo de la independencia mexicana.

Como colofón queda abierta una interrogante que sigue resonando cada septiembre: ¿a quién se le debe el mérito de la tradición de que los jefes de Estado vengan a Dolores Hidalgo a dar el Grito de Independencia? ¿A Maximiliano de Habsburgo, que en 1864 fue el primero en hacerlo en el sitio histórico, o a Lázaro Cárdenas, que en el siglo XX consolidó la costumbre de que los presidentes de la República acudieran al menos una vez durante su mandato a la cuna de la Independencia?

Juan José Hernández García

La valía de un pensador político y social debe medirse por el impacto y la trascendencia de sus reformas, no por los pas...
19/08/2026

La valía de un pensador político y social debe medirse por el impacto y la trascendencia de sus reformas, no por los pasajes de su vida íntima. Separar la vida privada de la aportación ideológica es fundamental para un análisis histórico maduro y objetivo. Miguel Hidalgo y Costilla con “El Grito de Dolores” rompió las cadenas coloniales de una nación entera; ese legado de libertad permanece intacto, ajeno a los debates de su biografía personal, como el pilar fundamental del México moderno.

―El Grito de Dolores en voz de Guadalupe Hidalgo y Costilla la nieta de Hidalgo, Dolores Hidalgo 1909

Ceremonia Cívica del 15 y 16 de septiembre

La Junta Patriótica del legendario pueblo en que el mártir de Chihuahua dio el grito de independencia en 1810, solicitó del Comité Patriótico Hidalgo, que preside el señor Clemente Z. Hernández un orador para las fiestas patrias, y el señor Hernández nombró al conocido abogado Trinidad Meza y Salinas, y tuvo el tino de comisionar a la señorita Guadalupe Hidalgo, nieta del Cura de Dolores, para que representara en esas fiestas al Comité aludido, al que no debe confundirse con el que se llama “Comité Patriótico Hijos de Hidalgo,” porque son totalmente distintos.

El día 15, a las 5:30 a. m., por el tren ordinario, llegó la señorita Hidalgo, acompañada de la señorita Guadalupe del Río, profesora que en México se encarga de la guardia de los restos de Hidalgo, y del Lic. Meza y Salinas, a la estación de “Dolores,” que dista tres kilómetros de la histórica ciudad.

En un tranvía especial llegaron todos a la ciudad, donde una multitud se agolpaba en las aceras, en las puertas, en las ventanas, para ver a la señorita Hidalgo.

Al entrar la nieta de este héroe a la recámara en que dormía su insigne abuelo, que se le destinó para que ella la ocupara, se emocionó tanto, que prorrumpió en llanto e hizo asomar las lágrimas en las pupilas de sus acompañantes. ¡Cuántos recuerdos evocó ese añoso edificio que fue mansión de Hidalgo! La imaginación, caldeada por el amor patrio, se lo representa en sus hondas meditaciones, cuando pensaba en la libertad de México, cabizbajo, abstraído reconcentrado en su magna idea, con el cuadro irritante de la tiranía española, ante su vista, y allá en el horizonte dibujado todo el esplendor de la libertad francesa y la emancipación de las colonias inglesas en el Norte.

A las 8 p. m. una comisión especial condujo a la señorita Hidalgo a la plataforma de honor, donde fue colocada en el asiento del centro para que presidiera la velada. Esta se desarrolló en varios números de música, canto, poesía y discursos que merecieron el aplauso del auditorio, muy numerosos, que henchía el amplísimo salón que se improvisó en el mercado, y que tenía una vista elegante y sugestiva.

Sonaron las once, y el Jefe Político, tomando del brazo a la señorita Hidalgo, y seguido por otras personas, se dirigió a la tribuna, donde le cedió su puesto y le entregó el pabellón nacional, para que ella diera el grito reglamentario. Toda la concurrencia se puso de pie, y la señorita Hidalgo, visiblemente emocionada, pronunció tan fuerte, que fue de todos oída, las palabras que se convirtieron en el lema de la lucha nacional: “Viva la Independencia; viva la Virgen de Guadalupe.” Un vocerío ensordecedor resultado del entusiasmo que cundió como electricidad, acogió esa histórica frase.

El entusiasmo popular superó a toda descripción. Cada viva fue contestado estrepitosamente, y minutos después de haber desaparecido la señorita Hidalgo, la muchedumbre gritaba vivas a ella y al presidente de la República.

El cura párroco dispuso una función religiosa en memoria de nuestros primeros héroes, y galantemente invitó a la señorita Hidalgo, por medio de una comisión, y con otra, formada por las señoras Concepción G. de González Caballero, Concepción P. viuda de G. Caballero y María Frías de Bueno, más las señoritas Concepción Martínez y Dolores González Caballero, fue llevada al templo parroquial, cuyo frontispicio es muy semejante al del Sagrario de México. Plétora de gente invadió la iglesia, atraída por el hecho de ser la primera vez que la religión recuerda tan solemnemente a los caudillos de nuestra emancipación política.

La ceremonia oficial de este día se verificó en el mismo salón, principiando a las 11 a. m. Hizo nuevos honores a la señorita Hidalgo, la misma comisión de distinguidas damas que la acompañara al templo, y otra vez le fue cedida la presidencia del acto, lo cual aprobó ostensiblemente el público todo.

Varios discursos y poesías se pronunciaron, llamando la atención los versos de una joven estudiante de Querétaro, y la alocución de un obrero de Guanajuato, quienes vinieron exprofeso a conmemorar la gloriosa fecha.

El orador venido de México fue el Lic. Meza y Salinas.

Una jamaica bien organizada y lucida, y un baile inmediato, en que la nota simpática fue la franca alegría de los sencillos pueblos, compusieron el número del día 17, con lo cual terminaron las fiestas patrias en el laboroso pueblo de Dolores Hidalgo, que parce estar sumergido en el ambiente noble y sereno del Cura inmortal que lo convirtió en origen de patrióticas leyendas.

A esos dos actos concurrió la señorita Hidalgo, y fue cariñosamente entendida y obsequiada por damas y caballeros, quienes le hicieron una valla de honor cuando abandono el salón.

Al día siguiente, por el tren del Sur, se dirigió la ilustre huésped a México, dejando aquí muy gratos recuerdos y duraderas impresiones, tanto porque su parecido con el denotado insurgente, evocó más claramente su memoria, cuanto por el carácter afable y humilde que le gana afectos.

El Corresponsal.

El Debate, número 37, octubre 6 de 1909, página 4.

La valoración histórica de las grandes figuras de la patria suele enfrentar tensiones entre la rigidez del mito oficial y el escrutinio de su vida privada. En el caso de Miguel Hidalgo y Costilla, el debate sobre si tuvo o no descendencia surge de manera recurrente en el análisis de su biografía. Sin embargo, juzgar la valía del "Padre de la Patria" a través de este prisma metodológico es un error de perspectiva. Las dinámicas personales de los insurgentes responden a las complejidades de su tiempo, pero sus decretos sociales buscaban un bien común universal. Por lo tanto, cualquier controversia sobre su entorno familiar no demerita, en absoluto, la trascendencia de su pensamiento libertario.

El valor de Hidalgo para la historia americana no radica en la perfección moral de su vida privada bajo estándares contemporáneos, sino en la radicalidad de sus proclamas ideológicas y en su capacidad de movilización popular. El pensamiento libertario de Hidalgo posee una fuerza ética intrínseca que se sostiene por sí misma. Cuando el líder insurgente decretó la abolición de la esclavitud y la supresión de los tributos injustos en Guadalajara, no estaba legislando para su beneficio personal o familiar; estaba desmantelando las bases estructurales de la opresión colonial.

La soberanía nacional y la búsqueda de la igualdad que defendió transformaron la estructura política de México para siempre. Un ideal de justicia no pierde validez por los debates biográficos de quien lo pronuncia; la abolición de la esclavitud es un acto humanista universal, independientemente de la genealogía de su autor. La historia demuestra que los hombres son temporales y falibles, pero las ideas de libertad son permanentes y universales.

Nota importante:

El historiador Dr. Cristian Rea Garcia considera que el parentesco de Guadalupe Hidalgo y Costilla con el cura Hidalgo es dudoso o falso (formaba parte de varias personas que alegaron descendencia para obtener pensiones y reconocimiento en el Porfiriato). En la época se le presentó públicamente como “la nieta de Hidalgo”, por lo que nuestra publicación hace referencia al acontecimiento histórico de 1909.

Juan José Hernández García

Estadio General de Brigada Ernesto Aguirre ColoradoHace un par de semanas, en esta nuestra página, realizamos una public...
13/08/2026

Estadio General de Brigada Ernesto Aguirre Colorado

Hace un par de semanas, en esta nuestra página, realizamos una publicación sobre la inauguración del Campo Deportivo General Ernesto Aguirre Colorado. En una charla de café, un buen amigo y lector de nuestras publicaciones me preguntó por qué se le dio a este estadio el nombre de este militar constitucionalista de origen tabasqueño, fallecido dieciséis meses antes del mérito de tener en Dolores Hidalgo un sitio emblemático con su nombre.

Como resultado de la conversación y con motivo de la publicación que hicimos, vamos a dar a conocer a todos que en 1936, cuando el general Ernesto Aguirre Colorado era comandante militar del Estado, se propuso —en cooperación con las autoridades municipales y del Estado— realizar en beneficio de la ciudad Cuna de la Independencia Nacional varias obras materiales. Bajo su mando, el coronel Gerardo Rafael Catalán, jefe de este sector militar, con elementos del Primer Batallón y de otras corporaciones destacamentadas en los pueblos circunvecinos —comunidades agrarias armadas—, cooperaron cabalmente acatando las disposiciones de su superior, colaborando con las autoridades civiles en trabajos de mantenimiento de las calles, plazas, mercados, así como en el saneamiento del cementerio y del hospital de Dolores Hidalgo.

La mayor preocupación del general Aguirre Colorado respecto a los dolorenses era que sus juventudes crecieran gozando de una vida sana y alejadas de las malas costumbres que, a su edad, fácilmente podían apoderarse de ellas, alejándolas de las oportunidades que la Revolución había creado en su beneficio.

Por eso, en ese año de 1936, el jefe militar dispuso que los terrenos del Campo Militar (a excepción del campo de aviación General Álvaro Obregón) se convirtieran en el Campo Deportivo Militar Independencia, con una capacidad para 15 000 espectadores. Estos terrenos del Campo Militar abarcaban desde la avenida Educación Tegnologica hasta la calle Revolución; y antes de 1930 eran conocidos como la Fracción de los Fierros. El campo deportivo “Estadio Independencia” contaba con canchas para prácticas de fútbol, béisbol, pista de atletismo, básquetbol y una parte dedicada a prácticas de equitación. Fue inaugurado durante las fiestas patrias de 1936 y, al ser su acceso principal frente a la calle Querétaro, el presidente de la Junta de Administración Civil, don Salvador Estrada Martínez, giró órdenes al vecindario para que pintaran las fachadas de sus casas y repararan la banqueta del frente de su propiedad —en ese entonces era orden legal que los propietarios tuvieran la obligación de mantener el frente de sus casas y las banquetas en buen estado; esto se puede comprobar en el Archivo Histórico de Dolores Hidalgo, donde se encuentran muchos documentos que así lo mencionan—. El día de la inauguración, don Salvador Estrada hizo un elocuente agradecimiento al general Ernesto Aguirre Colorado por ser el principal promotor de que en Dolores Hidalgo se construyera tan importante obra, con la que se encauzaría a las juventudes de la región hacia las buenas costumbres y la salud física y mental, al dedicar su tiempo libre a las actividades físicas en este campo deportivo.

Es por esta dedicación del general Ernesto Aguirre Colorado que, al reconstruirse en 1940 parte del antiguo Estadio Independencia, el presidente de la República, Lázaro Cárdenas, decide nombrar al espacio con el nombre del general tabasqueño. ―En 1940 el campo deportivo militar pierde gran parte de sus terrenos al quedar constituido ahí el Centro de Desarrollo Agropecuario y Ganadero―.

Dos años después, en 1938, don Emilio García adoquinó la calle Querétaro desde la esquina de la calle Guanajuato hasta la avenida Norte, que por cierto en algún tiempo se llamó avenida Dolores. Pero esa ya es otra historia, la que luego contaremos.

Juan José Hernández García

La Batalla del Puerto del GallineroFue uno de los enfrentamientos más sangrientos e intensos de la guerra civil de 1832....
10/08/2026

La Batalla del Puerto del Gallinero

Fue uno de los enfrentamientos más sangrientos e intensos de la guerra civil de 1832.

Esta batalla fue una pieza fundamental de la rebelión o revolución de 1832 contra el gobierno de Anastasio Bustamante —vicepresidente en funciones de presidente, de tendencia centralista y conservadora—. El antagonista fue el general José Esteban Moctezuma —federalista, con tropas principalmente de Zacatecas y aliados de San Luis Potosí y otros—, quien se había pronunciado en apoyo del Plan de Veracruz y de la restitución de Manuel Gómez Pedraza. Bustamante salió personalmente de la Ciudad de México a combatirlo.

La rebelión del coronel Landero, ocurrida el 2 de enero de 1832 en Veracruz de acuerdo con don Antonio López de Santa Ana, fue secundada en Tampico por el general potosino Esteban Moctezuma y en Zacatecas por el propio gobernador don Francisco García. El gobernador de Tamaulipas, don Francisco Vital Fernández, por un tiempo se mostró indeciso, pero, cediendo a insinuaciones de enviados del general Moctezuma y del gobernador de Zacatecas, decidió también secundar el movimiento rebelde cuando éste precisó sus fines, exigiendo el regreso del general Manuel Gómez Pedraza, quien había renunciado la presidencia y se hallaba en el extranjero, para hacer cesar el gobierno del vicepresidente don Anastasio Bustamante.

Hasta mediados de julio del mismo año de 1832 resolvió el general Moctezuma salir de Tampico para San Luis Potosí, Estado que permanecía fiel al gobierno del general Bustamante y que estaba gobernado por el señor don Julián de los Reyes; la toma de San Luis era absolutamente necesaria para constituir en dicha ciudad el centro de operaciones y disponer el avance hacia la capital de la Republica. En Ciudad del Maíz se encontraba el segundo Batallón de cívicos de San Luis al mando del coronel José Antonio Barragán, con instrucciones de hostilizar el paso de la columna del general Moctezuma; pero en lugar de cumplir con las órdenes recibidas se unió con su batallón al ejército rebelde. Al recibirse en San Luis la noticia de la deserción de Barragán y del avance de la fuerza, ya considerable, de Moctezuma, se ordenó al general Pedro Otero para que, con el segundo Batallón perteneciente, al tercero de cívicos de San Luis y los activos de Querétaro y Tlaxcala que se encontraban de guarnición, salieran al encuentro de aquella. El 2 de agosto partió el general Otero y al día siguiente, en la hacienda de Pozo del Carmen trabó combate con los rebeldes, sufriendo rápida derrota. Esta fácil victoria dejó a Moctezuma el paso franco hasta San Luis, la que ocupó el día 5 por abandono de las fuerzas leales del Gobernador.

La noticia de la ocupación de San Luis por los rebeldes produjo la alarma consiguiente al Gobierno general, disponiéndose a iniciar una campaña militar enérgica, la que sería dirigida personalmente por el Vicepresidente, general Anastasio Bustamante, quien obtuvo del Congreso la autorización necesaria. En breves días fueron alistadas tropas en número de cuatro mil hombres, encargándose del mando de las brigadas a generales de positivo mérito militar como don Mariano Aristas y don Valentín Amador. La división al mando supremo del general Bustamante salió de la Capital a mediados de agosto rumbo al norte.

En San Luis, el general Moctezuma había logrado aumentar su ejército rebelde a más de cinco mil hombres con los elementos que le fueron proporcionados por Zacatecas y Tamaulipas. El general Moctezuma era de escasos conocimientos militares; pero por el fácil triunfo de Pozo del Carmen y lo numeroso del ejército que había logrado reunir, se consideraba invencible. Informado de la resolución del general Bustamante, dispúsose ir a su encuentro con la confianza de que alcanzaría otro triunfo; en efecto se movilizo con rapidez y el día 10 de septiembre ocupaba la plaza de San Miguel el Grande.

La división del general Bustamante, que había avanzado hasta Querétaro por el camino nacional, con el mayor sigilo logra hacer su marcha por distintos caminos y llegar a la Villa de Dolores Hidalgo, cortando así a Moctezuma toda comunicación con San Luis y Zacatecas. El día 15 de septiembre recibió Moctezuma la noticia de la ocupación de la Villa de Dolores por el general Bustamante y ansioso de los laureles de la victoria decidió salir a combatirlo. El mismo día 15 abandono San Miguel y el 16 se detuvo en la hacienda de la Venta, el 17 llegó a la del Rincón y el 18 presentaba frente de combate a la división Bustamante, inferior en muchos hombres, pero superior en dirección militar.

El general Bustamante, obrando con pericia y sagacidad, escogió el lugar más estratégico para librar una batalla decisiva, siendo éste el llamado Puerto del Gallinero, entrada o paso de la “Sierra de la Media Luna”, entre las haciendas de Rincón y Trancas.

Moctezuma parecía secundar los hábiles planes del general Bustamante, realizando sus movimientos tal como había sido calculado y previsto, llegando a las cercanías del “Puerto del Gallinero” cuya posesión consideró como clave en el triunfo. Frente a una pequeña colina formó Moctezuma su línea de batalla, en semicírculo muy extenso, colocando en los dos extremos las caballerías y en el centro las infanterías, sin cuidarse de la protección de la retaguardia ni de apartar fuerza de reserva. En cambio, la disposición del ejército de Bustamante obedecía en todo a la ciencia táctica y estratégica de la época, aprovechando hábilmente para su defensa y protección los accidentes naturales del sitio escogido para el combate.

A las seis de la mañana del día 18 de septiembre se dio principio a la batalla con nutrido cañoneo y fusilería sin que pareciera intención de Bustamante avanzar sobre las posiciones del enemigo. En esta situación permanecieron los ejércitos hasta las diez y media de la mañana, hora en que dos columnas de caballería de la división Bustamante se desprendieron de su línea para iniciar una carga, saliendo a su encuentro las caballerías de Moctezuma, al mando del coronel Stáboli. Aparentaron las caballerías de Bustamante no poder resistir el empuje de las enemigas emprendiendo la retirada, lo que fue estimado por el general Moctezuma como el principio del fin de aquel combate, que no sería otro que su triunfo completo. Por sus órdenes, cuatro batallones con bayoneta calada se lanzaron a la persecución de las caballerías de Bustamante y en seguida y en desorden el resto del ejército, considerándose victorioso, pero al llegar al sitio de antemano escogido por el general Bustamante, los clarines de su división lanzaron al aire los toques de contra ataque, realizando este movimiento con tal vigor y valentía que causaron la inmediata y total derrota del ejército de Moctezuma, dispersándolo y persiguiendo a los fugitivos hasta la hacienda de Trancas.

El saldo sangriento de este terrible combate fue de 1.116 mu***os recogidos del campo por las fuerzas victoriosas. De esta enorme cantidad de víctimas, 975 se identificaron como pertenecientes al ejército derrotado, siendo las otras 141 el precio de la victoria. Estas víctimas, de los dos bandos juntas, fueron enterradas en un ancho y profundo foso en el mismo lugar de la batalla.

—Así vivieron el suceso algunos testigos de la Villa de Dolores—

«La media tarde del pasado 18 de septiembre, los habitantes del Heroico Pueblo de Dolores, vieron entra y desfilar por sus calles, con las armas al hombro, a los contingentes de prisioneros de los ejércitos de Tamaulipas, Aguascalientes, Jalisco y Zacatecas los que por los vecinos fueron tratados con toda la dignidad que amerita un connacional, aunque por las circunstancias de la vida al momento opositor al legitimo gobierno.

«La tranquilidad pública, los intereses de personas y de la nación, el buen nombre de la república, su estabilidad y su existencia, fueron comprometidos y liberados al triste azar de la guerra y al rudo poder de las armas. La batalla del Puerto del Gallinero se recordará siempre y se llorará por los mexicanos.»

—OFICIO DEL CURA DE LA VILLA DE DOLORES HIDALGO —

«Se da noticia del número de mu***os que se sepultaron en su parroquia, después de la batalla del Puerto del Gallinero, la que se suscitó entre seis y las quince horas, del día martes 18 de septiembre de 1832. Entre las Fuerzas Militares de los Estados del Interior, al mando del señor general don Esteban Moctezuma y las Fuerzas del Gobierno General, al mando del señor vicepresidente de la republica general don Anastasio Bustamante.

«Acción militar la que es considerada como una de las mayores catástrofes en las guerras civiles de México.

«Hasta hoy he podido lograr las últimas razones de los mu***os que se han sepultado en distintos lugares de las haciendas y ranchos próximos al paraje donde fue la batalla, y que por la distancia de las diferentes direcciones que tomaron en su fuga y se les persiguió, no había podido contestar a V. S. con la brevedad que deseaba, a su oficio fecha 20 del mes presente, en que V. S. se sirve comunicarme los deseos del Exmo Sr. general en jefe, para tener un conocimiento cierto del número do los que murieron. Según las noticias adquiridas del alcalde comisionado, del sacerdote que destiné para la bendición del campo y de varios caudillos y mayordomos, y otras que he podido adquirir, llegan los enterrados en el campo a novecientos veinticuatro, y los sepultados en esta parroquia de mi cargo, mu***os de las resultas heridas, cuarenta y cinco; por todos, novecientos sesenta y nueve, no siendo posible alcanzar el número fijo por hallarse a largas distancias, según se dice, otros cadáveres que no se han podido recoger. Es cuanto Puedo decir a V. S., etc.

«Dios y libertad. Curato de Dolores Hidalgo, 23 de septiembre de 1832. —Ignacio Moctezuma. — Sr. mayor general D. Manuel Gil Pérez.»

Por más de cincuenta años después de esa batalla, una gruesa cruz de madera marcó el sitio de la fosa común donde se hacinaron los 1.116 cadáveres. Cuantos por allí pasaban cumplían la piadosa costumbre de los caminantes de allegar una piedra al sitio donde descansaban los despojos de quienes caían a la orilla de los caminos, víctimas de los asaltos de los tulices o de los encuentros de las facciones en armas. Alrededor de esa cruz fueron amontonándose los guijarros. Ahora la cruz no existe, pero el montón de guijarros perdura allí todavía, escondido en el tiempo, recordando a los mexicanos que murieron en la batalla más sangrienta de nuestras guerras civiles, sangriento hecho de armas.

Notas del autor:

—El general don Anastasio Bustamante, encontrándose en el cuartel general de la Villa de Dolores Hidalgo, envió a la capital de la República su renuncia al cargo de vicepresidente y presidente en funciones el 19 de septiembre de 1832.

—Por disposición del propietario de la fotografía, a esta se le coloca el logotipo del Instituto de Artes, Oficios y Fortalecimiento Económico Miguel Hidalgo y Costilla, conservando él los derechos de propiedad.

Juan José Hernández García

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Dolores Hidalgo
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