08/12/2025
Un día volteas y ves a tu hijo hablándole a un peluche como si fuera real…
lo arrulla, le da de comer, lo pone a bailar o hasta le “llama la atención”. Y muchos pensamos:
“Qué tierno… está jugando”.
Lo que casi nadie nos dice es que, en realidad, ahí está pasando algo muchísimo más grande.
Eso se llama juego simbólico, y no es “solo jugar”. Es una de las formas más profundas que tienen los niños de aprender y de procesar el mundo.
En ese juego están imitando lo que ven todos los días: cómo los cuidamos, cómo hablamos, cómo nos preocupamos por otros. Cuando un niño cuida a su muñeco está practicando empatía. Cuando inventa diálogos, está desarrollando lenguaje. Cuando arma una historia, por chiquita que sea, está usando su pensamiento, su memoria y su imaginación. Cuando repite situaciones de la vida real, está entendiendo cómo funciona el mundo que lo rodea.
Por eso este tipo de juego suele empezar alrededor del año y medio, primero muy sencillo, y se va volviendo cada vez más rico entre los dos y cuatro años, cuando ya vemos historias completas: la casita, el doctor, la escuelita, el superhéroe que rescata, la mamá que cuida.
Nada de eso es pérdida de tiempo.
Es ejercicio puro para el cerebro, para el corazón y para la comunicación.
Así que la próxima vez que veas a tu hijo dándole de comer a un peluche o haciendo bailar un muñeco, lo que está ocurriendo es que está creciendo, aprendiendo a sentir, a hablar y a entender a los demás. Y eso, créeme, es una de las cosas más importantes que puede estar haciendo.