05/08/2024
🌆 En el umbral de la mañana que se confunde con la tarde, cuando el sol se despereza entre los árboles y los relojes parecen susurrar secretos olvidados, se me revela una verdad en los pliegues de un instante. Como padre y psicólogo, soy un tejedor de sueños y memorias, hilando cada momento compartido en un tapiz que danzará en los corazones de mis hijos. En París, aquella noche, la pizza era un oráculo, un fragmento de felicidad que se desvanecía en los labios, pero que permanecería eterno en el alma.
🍕 Cada bocado era una risa, un eco de aventuras y pequeñas maravillas, trenzadas en el aire con la delicadeza de los cuentos de infancia. Estoy volviendo a estudiar y profundizar a Jung, siempre tan sabio, que nos habla de la conexión profunda, de ese hilo invisible que nos une en la oscuridad y la luz. En esos momentos, París no era solo una ciudad, era un cosmos donde las estrellas eran los ojos de mis hijos, brillando con el reflejo de un amor incondicional.
🪞 El proceso de individuación se convierte en un juego de espejos, donde padres e hijos se descubren mutuamente en reflejos distorsionados pero hermosos. Los padres, al ver el mundo a través de la mirada asombrada de sus hijos, redescubren a su Niño Divino, ese ser que corretea por los jardines del tiempo, lleno de maravilla y risa. Los niños, a su vez, forjan su identidad en el crisol de esas experiencias compartidas, integrando pedazos de sus padres y del mundo que los rodea en su ser en desarrollo.
🌌 Las palabras de Jung se entrelazan con la realidad, recordándonos que cada instante vivido plenamente es un puente hacia el crecimiento personal y espiritual. No se trata solo de enseñar o proteger, sino de estar presentes, de ser compañeros en la danza de la vida, explorando y celebrando juntos cada pequeña maravilla que el mundo tiene para ofrecer.
🕰️ Así es cómo en medio de un escenario lleno de distracciones dónde el tiempo se escapa como arena entre los dedos, elegir estar plenamente presente con nuestros hijos se convierte en un acto de amor y rebelión. Escuchar sus historias, compartir sus entusiasmos y crear recuerdos juntos son los regalos más preciosos que podemos ofrecerles. Estos momentos, tejidos con hilos de conexión auténtica, no solo nutren sus almas, sino que también enriquecen nuestras vidas de una manera profunda y duradera, como un susurro que perdura más allá del tiempo y del espacio.
🍞 Mientras escribo estas líneas, sentado en la terraza del Villa Unión, frente al Parque Botánico de Culiacán, rodeado por el bullicio de voces y aromas que solo sus hornos de última generación puede ofrecer, mi hija me recuerda: hoy, hace un año exacto llegamos a París y lo primero que hicimos fue comer Pizza en la Place d´Italie. Las experiencias compartidas se tejen con el tiempo, formando un tapiz de memorias y aprendizajes. Las risas de mi hija son la música que acompaña mis pensamientos, recordándome que cada momento es una oportunidad para nutrir nuestro vínculo y hacerlo más sano, más fuerte y mas profundo.
✍️ Y en este punto que escribo. Llega el pan francés que mi hija pidió para pastorear la espera de los platillos principales; entonces dejo de escribir estas líneas para empezar a escribir el recuerdo compartido con mi hija.