27/09/2025
La infancia que no podemos volver a ver.
Hubo un tiempo en que la infancia no giraba en torno a pantallas, aquel tiempo atrás donde corríamos descalzos por la hierba, hasta que la luz de los faroles de la calle nos decían que era hora de regresar a casa.
Construíamos fortalezas en los árboles, convertíamos palos en espadas, y creíamos que el mundo era tan grande como nuestros pequeños vecindarios.
Los veranos parecían eternos, desde subirnos a los árboles para bajar mangos, hasta los paseos en bicicleta eran increíbles, ¿Y a quién con sus amigos no los correteo un perro?, para acabar el día llenos de risa con una limonada después de un día largo al aire libre.
Nadie nos dijo entonces que esos serían los días que, años después, recordaríamos con nostalgia. Porque esos momentos sencillos, las cenas en familia, los juegos en el jardín, las risas que resonaban mucho después de la puesta del sol, nos formaron más de lo que jamás imaginamos.
Ahora, como adultos, guardamos esas memorias como tesoros en lo más profundo de nuestro corazón. Tal vez nunca recuperemos esos días así de exactos, pero su belleza vive en las historias que compartimos, en las tradiciones que mantenemos vivas, y en el amor que transmitimos a la próxima generación.
La infancia pasa volando, pero sus enseñanzas permanecen para siempre. Encuentra alegría en la sencillez, valora cada momento, y nunca olvides de dónde vienes.