Cobat Plantel 23 "Dr. Rodolfo Torre Cantú"

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03/02/2022

EL DERECHO A LA ORGANIZACIÓN

Por: Aquiles Córdova Morán

Fue Hobbes, en su conocida y famosa obra Leviatán quien lanzó al mundo y fundamentó la idea del soberano absoluto, del gobernante con poder ilimitado para hacerse obedecer por los individuos de modo incontestable y para castigar a todo aquel que intentara revolverse en contra de la autoridad central. Como se sabe, Hobbes partía de la idea de que el "estado natural", de que el sentimiento fundamental del individuo respecto a sus semejantes no era (no es) el de la piedad o el de la solidaridad, sino de superación y dominio hacia ellos.

Tal estado de guerra de todos contra todos tenía que producir, y produjo, un sentimiento generalizado de inseguridad, de temor por la vida propia, haciendo finalmente que el sentimiento básico, el que movía al hombre primitivo y determinaba su conducta fuera el temor a la muerte.

En este estado de preocupación fundamental por la propia conservación, el hombre aislado, el individuo, se constituye en el único y solo juez de su propia causa, y decreta, por tanto, que, en la defensa de sí mismo, no debe reconocer trabas de ninguna especie si realmente desea sobrevivir; que todo le está permitido, que aun el as*****to queda justificado y que, por consiguiente, cada hombre tiene derecho aun sobre el cuerpo de los demás hombres. Surge así, según Hobbes, el ius in omnia del estado de naturaleza.

Hobbes mismo asienta que las acciones que cada hombre emprende, por sí y ante sí, para salvaguardar su vida, muy lejos de garantizar su seguridad y suprimir el estado de guerra de todos contra todos, se convierten en la fuente de dicho estado y en catalizador de la violencia generalizada. En tales condiciones, la tranquilidad y la satisfacción del ser humano se hacen imposibles. Esto no plantea una contradicción moral, sino lógica, al hombre en estado de naturaleza. En consecuencia, para resolver y disolver dicha contradicción, el hombre no requiere hacerse más moral, más bueno, sino sencillamente más inteligente, más capaz de inventar recursos ingeniosos que le resuelvan problemas. No sería nada remoto que en esta conclusión de Hobbes se halle la raíz y la justificación de la esencia de la política y de los políticos actuales que creen (y así actúan) que, como dijo en sus memorias Gonzalo N. Santos (el alazán tostado), en política la moral "es un árbol que da moras”.

Continuemos. El hombre en estado de naturaleza, pues, se mostró incapaz de resolver por sí mismo, por sus propias acciones individuales, la contradicción fundamental que lo agobiaba. No tuvo más remedio, entonces, que hacerse inteligente e idear una solución que lo rebasara como individuo y pusiera fin a sus problemas. Tal solución fue construir un poder, el más grande posible, que flotara y dominara sobre los demás como un monstruo todopoderoso, como un Leviatán, que se constituye en una verdadera providencia terrena. Tal Leviatán tendría que surgir de un pacto, concertado entre el individuo y todos los demás hombres, de no agredirse y de respetarse mutuamente, pero como -según dice Hobbes- todo pacto sin el respaldo de la espada no pasa de ser palabras, de ahí la necesidad de un poder exterior a los pactantes que sirviera de garantía.
Los hombres, pues, entregan a Leviatán todos sus derechos a cambio de que les garantice la paz y seguridad, pero mientras estos derechos eran limitados (ius in omnia), el poder que recibe Leviatán es, pues, ilimitado, absoluto, el individuo queda ante él mismo despojado de todo tipo de derechos. He aquí una de las más completas fundamentaciones filosóficas, debida a la pluma del genial inglés, de las pretensiones del Estado moderno al poder corporativo y absoluto.

Todos sabemos que filósofos posteriores se opusieron terminantemente a este punto de vista hobbesiano, y que lo combatieron con buenas armas. Locke -para no ir muy lejos- haciendo al trabajo fuente del derecho a la propiedad en su origen, afirmó que este y otros derechos son de carácter individual, que surgieron y existieron antes que la sociedad misma y que, por tanto, no pueden ser conculcados por nadie, por ningún gobierno. Otros pensadores fueron más allá. Afirmaron (Rousseau, por ejemplo) que el pacto no es precisamente entre los individuos, sino entre estos y el poder, que se compromete a garantizar paz, seguridad y bienestar al pueblo y que, cuando un gobierno, sea del tipo formal que sea, no cumple con ese compromiso, viola el pacto y el pueblo adquiere automáticamente el derecho no solamente de protestar en su contra, sino aun el de derrocarlo por los medios que sean necesarios, incluida la violencia (derecho a la rebelión).

Sabido es que muchos de nuestros políticos viven anclados en Hobbes, aunque nunca lo hayan leído. Con su conducta, con su actuación cotidiana, con el odio reaccionario que muestran hacia la organización independiente y combativa de los pueblos, reivindican todos los días la teoría del poder absoluto de Hobbes y niegan a la gente todo derecho a la protesta. Aunque, en teoría, la democracia liberal reconoce más sus orígenes en Locke, en Montesquieu y en Jean Jacob Rousseau, actúan más de acuerdo con Hobbes; el aparato del gobierno tiende a hacerse cada día más dominante, más absorbente, más totalitario y a reducir a cero a la sociedad civil.

Es verdad que todos los días se pregona el reconocimiento formal de que toda soberanía y todo poder emanan del pueblo, que el gobierno y su poder no tienen otra justificación que servir a su pueblo y garantizar la paz y el bienestar de los ciudadanos, el profundo respeto a la sociedad civil y a su libertad de organizarse para exigir sus derechos, protestar públicamente y criticar sin cortapisas a sus gobernantes. Pero todo ello -repito-, es solo la forma, a nivel público, para darse imagen ante los ciudadanos menos enterados y conscientes, que desgraciadamente son la mayoría. Sin embargo, en los hechos, en la realidad en la que se vive en las oficinas públicas, sólo existe el funcionario soberbio, prepotente, que se afirma todos los días en la idea de que el poder le pertenece a él y sólo a él y que, por tanto, el pueblo lo debe respetar y temer en forma absoluta; que todo ejercicio del derecho de manifestación y de protesta es un acto de desafío contra su poder omnímodo y que, por tanto, lejos de tener que respetar y atender tal derecho, debe reprimir y sofocarlo por los medios a que haya lugar. De ahí que, como primer paso, por todos lados se escuche el conocido "no negocio bajo presiones".

El pueblo, la gente común y corriente, debe saber, por eso, que organizarse y protestar no es ningún delito, aunque así se lo digan y machaquen todos los días funcionarios insensibles, sino uno de sus fundamentales derechos individuales, según la teoría filosófico-social que sirve de base al Estado moderno. Y decidirse, por tanto, a ejercerlo con todo rigor, si no quiere verse aplastado y reducido a cero por el poderoso Leviatán.

27/01/2022

DEMOCRACIA Y DICTADURA: ¿SON TAN EXCLUYENTES COMO SE DICE?

Por: Aquiles Córdova Morán

En nuestros días y en nuestras sociedades se tiene por verdad incontestable que la dictadura y la democracia son conceptos antagónicos cuyos contenidos se excluyen radicalmente entre sí, de modo tal que es imposible confundirlos y, más todavía, descubrir hechos, prácticas o realidades que les sean comunes. Para la mentalidad del hombre de la calle de hoy (y hasta para algunos “especialistas”), pensar y actuar de otro modo resulta tan inútil y absurdo como buscar la luz en la tiniebla o, con un refrán muy conocido, como intentar mezclar el agua con el aceite. Dictadura: basta escuchar esta palabra para que a todo mundo se le ericen los cabellos, se persigne como quien ve al demonio y estalle en anatemas, condenas y todas las maneras que encuentre a mano para expresar de modo tajante su horror, su rechazo y su condena. Democracia: y la gente se relaja, sonríe y piensa en todas las virtudes, en todas las bondades, las libertades, las oportunidades y las humanidades que le han dicho se encierran en esta forma de Gobierno, y se dispone instintivamente a dar la vida por ella si fuere necesario.

Pero la amarga verdad y la terca realidad no se dejan someter a ese maniqueísmo exagerado; no se dejan encerrar entre los dos polos de tan simplista disyuntiva: o luz o sombra, sin claroscuros; o bien o mal, sin términos medios; o el paraíso de la libertad absoluta de la democracia o la esclavitud más abyecta connatural a la dictadura. Para empezar, salta a la vista la inconsistencia del lugar común según el cual, en una dictadura, el dictador lo es todo y el pueblo nada; que la masa carece absolutamente de derechos, principiando por el más fundamental que es el de elegir libremente a sus gobernantes, y tiene que someterse al capricho de un solo hombre: el dictador. La falsedad reside en que no ha existido nunca el Gobierno de un solo hombre, ni siquiera en la época de oro del absolutismo. Es verdad que la dictadura suprime la elección periódica de los gobernantes y sigue luego con otros derechos del ser humano como las libertades de asociación, de organización, de prensa, de opinión y de manifestación pública; pero esto no nace del “capricho” del dictador, sino de la necesidad de asegurarse el pleno control del país por parte de una clase rica y dominadora, poco numerosa, sí, pero dueña de un inmenso poder financiero, militar, y político, en cuyo nombre e interés se toma el poder por la fuerza, se dictan las políticas restrictivas y se sostiene al Gobierno de facto contra la voluntad popular. Sin embargo, para que esto dure es necesario, como en la democracia, no sólo dar resultados al grupo dominante, sino también algún incentivo a la masa, al pueblo trabajador, pues es imposible que un Gobierno se sostenga sólo con el filo de las bayonetas.

Y, ¿qué ocurre con la democracia? De antiguo se sabe, cuando menos desde que Montesquieu escribió El espíritu de las leyes (para no irnos hasta la Atenas de Pericles), que, para que exista una democracia electoral auténtica, es indispensable que haya, primero, democracia económica; esto es, en términos realistas de hoy, que la distancia entre las clases altas y el pueblo no sea abismal, que la riqueza social se distribuya de la manera más equitativa posible. ¿Por qué? ¿Qué pasa allí donde la desigualdad es tan grande y tan honda que la sociedad se divide y se polariza en grupos antagónicos? Allí, las masas trabajadoras viven atadas al yugo de una extenuante jornada de trabajo y a un mísero ingreso para mal vivir, y, por tanto, son presas de la ignorancia, la enfermedad, la malnutrición, la apatía política y la apatía en general ante los grandes problemas de la existencia social; de aquí que, en estos casos, ocurra lo mismo que en las dictaduras, esto es, que el poder se torna monopolio de la clase adinerada y educada y es ella la directamente beneficiada con la actividad del Gobierno. Es, por tanto, la que lo defiende y sostiene frente al pueblo con maniobras, manipulaciones y con la fuerza misma en última instancia. En suma: contra lo que generalmente se piensa, la democracia en los países muy desiguales es, también, una dictadura de clase, de unos pocos privilegiados que imponen su voluntad y sus intereses a las mayorías, aunque, a diferencia de la dictadura abierta, el poder se legítima cada cierto tiempo mediante el voto popular, el voto de un pueblo que lo ignora todo de la política y de la economía apremiado por lo que le espera al día siguiente.

Y también aquí, como en las dictaduras, no todo son palos, pobreza y manipulación; algo toca a los pobres. Se le prometen algunos derechos a través de la ley escrita y se le respetan en los hechos mientras su ejercicio no ponga en riesgo al status quo. Pero, igual que en las dictaduras, cuando los intereses del sistema corren peligro, aunque sea mínimo, todas las libertades, derechos y garantías no sólo son preteridos ante la “necesidad prioritaria de orden, tranquilidad y paz públicas”, sino que se les combate, calumnia y criminaliza en abierta contradicción con el discurso democrático y hasta con la letra misma de la ley. Se ha dicho que un signo inequívoco de gobierno dictatorial (y uno de sus mayores daños) es el envilecimiento que causa en la sociedad entera, en las organizaciones, en las familias, en los medios informativos, etcétera, el terror provocado por el uso perverso de los tribunales, la cárcel, la fuerza pública y la represión, envilecimiento que obliga a todos a callar la verdad, a sofocar sus sentimientos filiales, paternales, humanos, para adular y besar la mano que encarcela, reprime y tortura a sus hermanos, padres, hijos y amigos. Los obliga incluso a condenarlos y delatarlos, como acabamos de ver en el caso de los bombazos de Boston. No sólo eso. Se criminaliza y persigue a la organización “no autorizada” del pueblo; se calumnia, amenaza y reprime toda forma de protesta pública auténtica, mientras se aplaude y alienta a los “paleros” del poderoso. Hasta la tan ensalzada y pregonada libertad de prensa se acota, limita y condiciona a los intereses de la “democracia”: entra en juego la mordaza a los opositores, la censura a los medios, so pena de clausura o de ahogo económico si no se someten a las “órdenes superiores”. El dictador, abierto o “democrático”, sofoca la voz de los inconformes pensando tal vez que así desaparecerán los problemas; y los medios se suman a la farsa. Ante tal comedia, no queda más que preguntar como lo hiciera en su día Sor Juana Inés de la Cruz: ¿Y quién es más de culpar aunque cualquiera mal haga, el que peca por la paga o el que paga por pecar?

20/01/2022

¡SOLTAR LAS AMARRAS AL PUEBLO!

Por: Aquiles Córdova.

Partiendo de la tesis de que la Revolución mexicana, sus caudillos e ideólogos principales, en la medida en que lo fueron, jamás se propusieron otra cosa que barrer enérgicamente con los vestigios feudales que trababan el desarrollo del capitalismo, sobre todo en el campo, y garantizar las condiciones de todo tipo para el quehacer y la prosperidad económicas de una burguesía nacional emergente; esto es, partiendo de la idea de que la Revolución Mexicana triunfante jamás se propuso otra cosa que instaurar en el país un capitalismo pleno, hay que interpretar el punto de vista de quienes sostienen la tesis de la desviación, del “abandono del camino original” como la fuente y la causa fundamental de nuestras dificultades actuales, en el sentido de que, de no haber ocurrido tales desviaciones, hoy disfrutaríamos de un capitalismo eficiente, esto es, de un capitalismo capaz de generar, en la cantidad y calidad suficientes, todos los satisfactores materiales y espirituales que está demandando la sociedad mexicana, y capaz, también, de distribuirlos de manera aceptablemente equitativa.

Tal punto de vista, como es fácil entender, no cuestiona la parte esencial del sistema, su carácter capitalista, sino, justamente, su falta de integridad, esto es, el no haber sabido ser un sistema suficiente y completamente capitalista. La “claudicación” y el “abandono” de que se habla, pues, serían la claudicación y el abandono de una senda consecuentemente capitalista.

Los partidarios de este enfoque explican las “desviaciones” y “traiciones” a los principios y metas originales de la revolución por la falta de visión, honradez, patriotismo y audacia de que dio muestras el grupo en el poder, desde el fin del periodo presidencial del General Lázaro Cárdenas; y no faltan quienes culpan al mismo Cárdenas de ser el iniciador de este proceso, con su designación en favor del General Manuel Ávila Camacho para presidente de la República. Otros, más prácticos quizás, sitúan el punto de vista más cerca, en el sexenio del Lic. Luis Echeverría Álvarez.

Consecuentes con este enfoque del problema, reducen la tarea del ahora al simple relevo de hombres en el poder: si la causa de nuestros males radica en que nos gobiernan hombres antipatriotas, deshonestos, desleales y prevaricadores, el remedio está en desplazarlos y colocar en su lugar a otros que no lo sean, a hombres que, por sus virtudes, sean capaces de llevarnos a reencontrar el rumbo hace tiempo abandonado, para continuar por el camino de una Revolución en perpetuo ascenso.

Aceptar esta explicación del problema es, a todas luces, aceptar una visión subjetivista, impotente, de la historia. Ésta tendría como explicación última la voluntad arbitraria, el capricho o la maldad de los hombres, sin que podamos nunca saber de dónde proceden, cuál es el origen de esos caprichos y maldad y sin que podamos, por tanto, hacer nunca nada para poner remedio a la situación.
Esta visión olvida, intencionalmente quizás, que la experiencia histórica enseña que aun las tareas mismas del capitalismo sólo pueden realizarlas plenamente, y llevarlas hasta sus últimas consecuencias, la energía y la participación consciente, activa y convencida de las grandes masas populares. De aquí se desprende fácilmente que el pecado capital del sistema surgido de la Revolución Mexicana, el que explica, incluso, que haya sido posible que se pusieran al timón de la misma hombres dispuestos a traicionarla, radicó en su política de corporativización, manipulación y sometimiento de las grandes masas populares, de las grandes masas de obreros y campesinos a los intereses y designios del gobierno. O, dicho de otro modo, en la cancelación drástica de su participación libre, activa y consciente.

Naturalmente que esto tampoco ocurrió por el simple capricho del grupo en el poder. La corporativización y sometimiento de las masas trabajadoras mexicanas, casi desde el inicio mismo de los regímenes revolucionarios, obedeció a una férrea necesidad de controlarlas absolutamente, impuesta tanto por el carácter capitalista del proceso que se iniciaba como por la delicada coyuntura mundial de aquel momento; es decir, que los hombres en el poder no habrían podido hacer otra cosa aunque así lo hubieran deseado. De donde se desprende, como lo he sostenido en otra ocasión, que la actual situación que vive el país no puede visualizarse como un accidente o como el fruto de un plan maquiavélico del grupo en el poder para “traicionar los postulados originales de la revolución”, sino sólo como la consecuencia necesaria del carácter capitalista del proceso y de las circunstancias históricas en que éste surgió y se ha venido desarrollando.

El capitalismo mexicano ha devenido en un capitalismo débil, ineficiente y en crisis porque es un capitalismo que se ha venido construyendo sin la acción consciente y libre de las masas, sin su impulso consecuentemente revolucionario. Los hombres en el poder han rehuido al control, la vigilancia y la presión de las masas, recluyéndolas desde el principio en organizaciones-cárcel y corporativizándolas a través del partido oficial.

De aquí se desprende también, entonces, que no es verdad que la tarea política del momento consista esencialmente en dar la batalla para desalojar a los “corruptos y prevaricadores” del poder y sentar en su lugar a los autodeclarados “patriotas, honestos, leales y revolucionarios”. Estamos completamente seguros de que, sin una real liberación de las masas de su cárcel organizativa, sin una participación activa y consciente de las mismas en la reconstrucción del país, las cosas seguirán igual o peor que ahora, quien quiera que sea el grupo o persona que ocupe el poder.

Por tanto, la tarea central del momento consiste en liberar a las masas de sus tradicionales cadenas organizativas, en conquistar para ellas el derecho a organizarse en forma absolutamente libre e independiente del gobierno, y en concientizarlas y prepararlas para su participación activa y revolucionaria en la solución de los grandes problemas nacionales.

Y es tan cierto esto que el mismo sistema tiene, desde mi punto de vista, en la liberación, la organización y la participación consciente de las masas en las grandes cuestiones nacionales, la única y última opción verdadera para reconquistar la confianza del pueblo, para derrotar legalmente a sus enemigos y para evitar la colisión de las clases, que de otra manera se avisora inevitable.

Debería, por tanto, decidirse de una vez a cortar las amarras del pueblo, pasando, si fuera necesario, sobre los intereses mezquinos que se opongan a tal medida. Porque si no lo hacen por conveniencia los hombres del poder, las masas lo harán, de todos modos, más pronto que tarde.

15/09/2021

15 de septiembre: El Grito de Independencia

El Grito de Independencia es uno de los eventos históricos más importantes de nuestro país, pues marca el inicio de la lucha por la independencia de México y se conmemora cada 15 de septiembre.

🇲🇽¡VIVA MÉXICO! 🇲🇽

11/09/2021

𝐑𝐞𝐠𝐫𝐞𝐬𝐨 𝐚 𝐥𝐚𝐬 𝐚𝐮𝐥𝐚𝐬 𝐬𝐢𝐧 𝐯𝐚𝐜𝐮𝐧𝐚𝐬: 𝐮𝐧𝐚 𝐚𝐦𝐞𝐧𝐚𝐳𝐚 𝐦𝐚́𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐦𝐞𝐱𝐢𝐜𝐚𝐧𝐨𝐬.

🖋 Jesús Leonardo Garza.
𝖱𝖾𝗌𝗉𝗈𝗇𝗌𝖺𝖻𝗅𝖾 𝖽𝖾 𝗅𝖺 𝖥𝖭𝖤𝖱𝖱𝖱 𝖾𝗇 𝖳𝖺𝗆𝖺𝗎𝗅𝗂𝗉𝖺𝗌

El regreso a clases de manera presencial se dio el pasado 30 de agosto en 30 entidades de la Republica con más de 11 millones 426 mil alumnos, por indicaciones del Gobierno Federal y de la Secretaria de Educación Pública, ¿Pero es esta una decisión correcta en las condiciones actuales? Veamos.

En México la pandemia por el COVID-19 inicio en marzo del 2020, y a casi 18 meses de esto, los casos positivos estimados suman más de: 3, 660, 573, según datos abiertos de la Dirección General de Epidemiología. Mientras que las defunciones ocasionadas estimadas por este virus suman hasta la primera semana de septiembre del año en curso más de 277,688. Ante esto, cifras oficiales expusieron que al menos 835 menores de edad han fallecido a causa de esta enfermedad, dato al que aparentemente no le están tomando importancia porque el nuestro gobierno sigue argumentando que los niños y adolescentes no son población de riesgo.

El país ocupa el 12º lugar en las estadísticas de vacunación mundial, apenas 36,190,731 personas cuentan con el esquema de vacunación completo, lo que representa el 28.6%, los expertos en temas de salud y epidemias dicen que mínimo el 80% de los habitantes del país deberían estar totalmente vacunados para lograr una inmunización colectiva y así el riesgo de contagios sea mucho menor que el actual.

Ahora, hablemos de la situación de las escuelas; después de más de un año y medio de no tener clases presenciales, las aulas e instalaciones se encuentran sin las condiciones necesarias para recibir a los estudiantes en un ambiente que brinde seguridad ante posibles contagios: sanitarios con agua potable, luz eléctrica, espacios limpios y amplios, ventilación en las aulas, etc., además de que ahora son necesarios los insumos de salud, tales como: cubrebocas, termómetros, gel antibacterial, tapetes sanitizantes, líquidos desinfectantes, caretas y todo lo necesario para afrontar y romper la cadena de contagios por coronavirus.

A mi parecer, los datos expuestos hasta aquí contestan la interrogante que nos hicimos al inicio. Y esto lo reafirman las muchas escuelas que han tenido que volver a clases virtuales; a tan solo una semana de haber iniciado de forma presencial, la aparición de casos positivos ya está confirmado entre alumnos y docentes.

La Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios “Rafael Ramírez” (FNERRR) a lo largo y ancho del país a denunciado que el volver a las aulas sin vacunas y sin la infraestructura adecuada es un riesgo para la vida de los propios alumnos y de sus familias, lo que provocaría un alza en los contagios y defunciones en el país. Nos hemos basado desde el inicio de nuestras demandas y denuncias en datos reales y confirmados por las autoridades competentes, que argumentan que México no está preparado para regresar a las escuelas; situación preocupante porque el plan de acción para que esto suceda no está siendo ejecutado de forma óptima.

En Tamaulipas, para el regreso a las aulas se convocó solo voluntariamente a las escuelas del nivel básico, públicas y privadas que pertenezcan al área rural y urbana de municipios en Fase I; las pertenecientes del nivel medio superior en los municipios en Fase ll, mientras que las instituciones de nivel superior, así como requisito para todos los niveles deberán de contar con el distintivo de “Escuela segura” que otorga la Comisión Estatal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COEPRIS), siguiendo indicaciones y protocolos de seguridad en todas las instalaciones.

Creemos necesario que tanto el Gobierno Federal como los Gobiernos Estatales deben tomar decisiones consientes para salvaguardar la integridad y la salud de los habitantes, que no se ponga en riesgo a la población y que garanticen un regreso a clases presenciales que brinde seguridad para alumnos y trabajadores de la educación con vacunas para todos y una infraestructura adecuada. Pues solo así, esto dejaría de representar una amenaza más para los mexicanos.

11/09/2021

Nuestra paciencia conseguirá más cosas que nuestra fuerza (Edmund Burke)

10/09/2021

A la Juventud 🚩
-Gregorio de Gante

El futuro te espera y con sus flores
perfumará tus íntimos dolores;
es tuyo el porvenir, tuyo el mañana
de senda larga y dura y escabrosa...
¡Juventud!, al combate, ya es la hora:
¡Capullo perfumado, brota rosa,
tiniebla de la noche, surge aurora.

28/08/2021

Aún tenemos un lugar para ti.
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06/08/2021

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