02/10/2026
Daré mi opinión como terapeuta que trabaja con niños y adolescentes.
Me es imposible ver la trágica noticia en la que en una secundaria de Torreón, Coahuila —donde exalumnos atacaron a su comunidad escolar y le arrebataron la vida a la subdirectora— y no sentir la urgencia de hablarle a cada papá, mamá y maestro.
Este doloroso evento no es un hecho aislado; es un espejo que nos obliga a ver una realidad incómoda: los límites y las reglas no son un castigo, son una necesidad emocional y social. La permisividad absoluta en el hogar no es amor; debilita la personalidad de los hijos y cría adultos incapaces de convivir en sociedad.
Hoy se escucha mucho la frase: “¡Con el cabello no se aprende!”. Pero el verdadero problema en las aulas no es el tipo de corte; es la forma tan dura en que, como sociedad, hemos desautorizado a los docentes frente a los alumnos. Cuando una familia le quita la autoridad al maestro para defender el capricho de un hijo, le enseña a toda una generación que las reglas no importan y que el único límite que vale es el propio. Por el afán de "sobreprotegerlos" de la frustración, formamos niños sin empatía; y no tienen idea de lo frecuente que es escuchar a las familias decir "es que se frustra por eso no le digo nada" o "es mi hijo yo lo crío como yo quiera" sin ponerse a pensar que no solo viven en casa, sino que conviven en otros entornos.
Lo ocurrido en Torreón es el extremo más violento de esta desconexión: jóvenes que ven a sus maestros como un estorbo para hacer su santa voluntad. El derecho a expresarse se desvirtuó por completo; se convirtió en un "puedo hacer lo que me dé la gana sin importar a quién dañe".
Hoy más que nunca, necesitamos reconstruir la alianza entre la casa y la escuela. Familias y docentes deben volver a hacer equipo para recordarles a los niños, niñas y jóvenes que vivir en sociedad significa entender que mis derechos terminan exactamente donde empiezan los de los demás.
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💔 HOY NO SOLO MURIÓ UNA SUBDIRECTORA… UNA FAMILIA PERDIÓ A UNA MUJER QUE NO VOLVIÓ A CASA
Hoy, como maestra, leo esta noticia y no puedo evitar sentir tristeza, miedo y mucha impotencia.
Una compañera salió de su casa para ir a trabajar, como lo hacemos miles de docentes todos los días. Salió para cumplir con su responsabilidad, para estar en su escuela, con su comunidad educativa… y ya no regresó a casa.
No puedo dejar de pensar en su familia.
Porque detrás de la palabra subdirectora hay una mujer, una hija, una esposa, una madre, una hermana, una amiga. Hay una familia que seguramente esta mañana esperaba verla regresar.
Y no volvió. 💔
Los primeros reportes señalan que la agresión ocurrió en una secundaria de Torreón y que la víctima fue la subdirectora del plantel. También hubo estudiantes y personal escolar lesionados.
Y mientras algunos podrán leer esto como una noticia más, para quienes estamos dentro de las escuelas es diferente.
Porque conocemos ese lugar.
Sabemos lo que significa llegar temprano, abrir un salón, recibir a nuestros alumnos, resolver problemas, escuchar a un adolescente, atender una emergencia y tratar de que todo salga bien.
También sabemos que muchas veces dejamos nuestra propia familia en casa para cuidar a los hijos de alguien más.
Por eso esta tragedia duele.
Duele pensar que una escuela, que debería ser un espacio de aprendizaje y protección, pueda convertirse en escenario de una tragedia.
Y también me preocupa escuchar el testimonio de un estudiante que relató que los agresores habrían gritado: “Vamos por todas las mujeres”. Esa frase forma parte del testimonio del alumno y las autoridades todavía investigan qué ocurrió y cuál fue el móvil.
Hoy no quiero hacer juicios apresurados.
Quiero hacer una reflexión:
¿Qué estamos haciendo como sociedad para proteger nuestras escuelas?
¿Qué estamos haciendo para detectar señales de violencia antes de que sea demasiado tarde?
¿Cómo protegemos a nuestros alumnos?
¿Y cómo protegemos también a quienes todos los días estamos frente a ellos?
Porque los maestros también tenemos miedo.
Tenemos familia que nos espera.
Tenemos hijos, padres, esposos, esposas, hermanos y personas que nos quieren.
Nosotros también queremos regresar a casa.
Hoy mi corazón está con la familia de nuestra compañera y con toda la comunidad educativa de Torreón.
🕊️ Que su familia encuentre fortaleza en medio de un dolor que ninguna familia debería vivir.
Y a todos mis compañeros docentes:
Cuídense. Cuídense entre ustedes. Hablen. Reporten las señales de riesgo. Conozcan sus protocolos. Y nunca dejemos de recordar que detrás de cada docente hay una familia que espera que regresemos a casa.
💔 Hoy una compañera no regresó. Y eso nos duele a todos.