10/09/2026
VAQUEROS, regálense un minuto: este mensaje puede hacer la diferencia para alguien.
El amarillo no fue elegido solamente porque representa luz, esperanza o alegría. Detrás de ese color también existe una historia real.
En 1994, Mike Emme, un joven estadounidense de 17 años, murió por suicidio. Mike era conocido por haber restaurado un Ford Mustang amarillo, un automóvil que llegó a convertirse en un símbolo ligado a su recuerdo.
Después de su muerte, familiares y amigos quisieron transformar ese dolor en una forma de ayudar a otros. En su funeral distribuyeron mensajes escritos en papel amarillo, acompañados de cintas amarillas, con información y palabras que invitaban a pedir ayuda. La idea era sencilla, pero profundamente significativa: ofrecer una manera de decir “necesito ayuda” cuando quizá no se encuentran las palabras para hacerlo.
Con el tiempo, aquella iniciativa dio origen al Yellow Ribbon Su***de Prevention Program y el amarillo comenzó a asociarse con la prevención del suicidio y con la importancia de hablar abiertamente sobre la salud emocional y de buscar apoyo.
Por eso, cuando vemos un lazo amarillo, no tendría que ser solamente un adorno de septiembre.
Puede ser un recordatorio de las conversaciones que todavía necesitamos tener, de las señales que debemos aprender a escuchar y de todas esas personas que quizá están atravesando una batalla que no podemos ver.
Que el amarillo no sea únicamente el color de una campaña.
Que también signifique presencia, escucha, acompañamiento y la posibilidad de pedir ayuda cuando continuar se vuelve difícil.
Porque detrás de cada lazo puede existir un mensaje que merece permanecer mucho después de septiembre:
Hablar puede abrir una puerta.
Escuchar puede hacer la diferencia.
Pedir ayuda también es una forma de seguir.