05/02/2024
Melchor Díaz en In****no de Cerro Prieto
Amat Cucapah
Federico Iglesias Serafín.
En 1540, durante la tercera parte del mes de septiembre vino -desde San Jerónimo de los Corazones, Sonora-, hasta nivel del paralelo 32º, un grupo de 25 soldados jefaturados por Melchor Díaz, pasando por Sonoytdag en travesía del Pinacate caminaron el trayecto del desierto de Altar, bordeando Laguna Prieta hacia el desemboque del río Colorado.
Arriban para contactar a Hernando de Alarcón, quien contra corriente navegó el Colorado hasta aldeas Quechan, como parte expedicionaria buscando las: Siete Ciudades del Cíbola y la Gran Quivira.
Recorrieron alrededor de 650 kilómetros encontrando aquí a los “Cucapah”, gente fuerte y alta pareciendo gigantes, dormían en largas chozas, como zahúrdas metidas debajo de la tierra, cuyo techo sobresalía al nivel de las veredas.
Ayudados por cucapáhs cruzaron el río hacia California; fuera del alcance de las mareas, caminan encima de la caliente carpeta azufrosa, plagada de inesperados borbotones e inesperados chorros de agua hirviendo, lanzados por geiseres inmersos en profundidades del interior de la tierra, entre sofocantes nubes blancas de v***r, originadas en “laguna de volcanes”.
Esta es la zona de Cerro Prieto, Baja California, donde crecen las localidades: Michoacán de Ocampo, Nuevo León con Estaciones Delta y Victoria. Su primer registro histórico es 1540; donde los caballos trotaban asustados y la tropa con imaginación animista creyó estar en un verdadero In****no ardiendo en la Tierra; aterrorizados miraban con sus ojos los demonios y oían los “ayes” como alaridos lacerantes de infinito dolor, sufriendo las almas en pena.
Tan imaginada descripción corresponde a la extensa zona derredor a la montaña “Cerro Prieto” que tiene dos estructuras prominentes volcánicas: una es el cono (montículo) elevado a 260 metros snm; en su interior se aprecia el cráter elíptico de 387 x 337 metros y la otra estructura con los tres domos volcánicos notables.
Coinciden académicos de Geociencias su origen ligado al sistema “Fallas de San Andrés”, naciendo en la época del Pleistoceno, durante el período Cuaternario, en tiempo hipotético de 80 mil años, pero creciendo durante 400 en dos eventos eruptivos.
Esta montaña está al Oriente separada de la cordillera del Cucapah, con su notorio color negro; circundado por fértiles campos cultivados, al sur del ejido Hipólito Rentería; su distinguida elevación la vemos a 30 kilómetros desde la periferia de Mexicali y a unos 60 kilómetros de San Luís Río Colorado.
Es evidente, la residencia de la nación Cucapah como gentes ancestrales en este territorio deltico; su espíritu étnico conserva intrínseca cosmogonía ligada con la formación de Cerro Prieto, transmitida en leyendas orales: una leyenda es “como la bruja los diezma hasta dejando una sola familia, donde el varón quema a la bruja vengando a su tribu, emergiendo el volcán del humo y fuego”.
Otra leyenda habla que una mujer hiere a un animal, el cual en estertores de agonía revolcándose acumula tierra con sus patas, formado el cono.
Una acción más contemporánea, narra en su diario el mayor Samuel P. Heintzelman, jefe de la guarnición norteamericana, fundadora del Fuerte Yuma, en la recién nueva frontera marcada en 1851. El, guiado por cucapáhs visita The Black Mountain, siendo urgido retirarse del sitio, por el manifiesto temor de los nativos a una supuesta desconocida ave gigante custodiando la montaña.
Por eso, cuando el lugar convertido en zona contaminada por trabajos geotérmicos de CFE y en basurero con deshechos de moradores, surgió en 2015 la iniciativa motivante del profesor Juan Hernández, quien con el proyecto “Wi ñill: Wa’ Shayii”, con casi un centenar de voluntarios rescataron “Cerro Prieto” convirtiéndolo en Centro Ecoturístico.
Con arrojo entusiasta el Prof. Hernández siendo docente de artes plásticas diseñó y los simpatizantes ayudaron trazando un ave gigantesca; sus alas de punta a punta miden 190 metros, quedando de cabeza a pies midiendo 200 metros, sobre el fondo del cráter desértico, donde la intersección de sus ejes elípticos sitúan el corazón externo, inactivo del volcán, como “Casa del Zopilote”.
Observable es la imagen satelitalmente; aunque también es visible con nitidez por pasajeros, desde ventanillas de algunas aeronaves en vuelo bajo.
Pues sobre esta región volcánica transitó Melchor Díaz con nativos aliados bordeando el Colorado, buscando los barcos y señal convenida con Alarcón; llegaron hasta donde hallaron una gran cruz formada con el tronco de un árbol y vieron marcado el texto: “Alarcón, cartas al pie”; desde con los Yuma-Quechan regresan a San Jerónimo.
Refer: libro “Puerto Isabel”. E-mail:[email protected]