Antropología e Historia en Guerrero

Antropología e Historia en Guerrero Difusión de actividades en el campo de la antropología e historia del Estado de Guerrero.
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El decreto que se presenta fue expedido por Francisco O. Arce, el 7 de septiembre de 1886, para honrar la memoria de Nic...
06/09/2026

El decreto que se presenta fue expedido por Francisco O. Arce, el 7 de septiembre de 1886, para honrar la memoria de Nicolás Bravo con motivo del primer centenario de su natalicio. Bravo fue testigo y partícipe de cambios significativos en la historia de México, desde el dominio español hasta ser una nación independiente y republicana. En 1816 y 1817, que ya habían mu**to los iniciadores de la insurgencia suriana y la rebelión enfrentaba varias adversidades, Bravo mantuvo vivo el ideario político y social emanado del Congreso de Chilpancingo, fue leal a los órganos de gobierno insurgente y prosiguió la lucha armada. Dominó la Tierra Caliente y la Sierra, incursionó a las regiones Centro y Norte del actual territorio guerrerense y contendió hasta los actuales estados de México y Michoacán. Fortificó varios cerros como el del Águila y el de Santo Domingo. Reconstruyó la fortaleza del Cóporo, en donde fue sitiado del 1º de septiembre al 1º de diciembre de 1817. Logró escapar y, a pesar de estar herido, trató de rescatar a José Sixto Verduzco y a Ignacio Rayón que habían sido aprehendidos. Enfermo, fue hecho prisionero en el rancho de Dolores, el 22 de diciembre de 1817. El comandante realista Gabriel Armijo, al informar de su detención, dijo que él: “era mandarín del mayor concepto entre los de su clase, y de influjo indecible en toda la Tierra Caliente por su astucia, por su mal encaminada constancia, por su sagacidad, atrevimiento, antigüedad en su fatal causa y arbitrios de formar reuniones”. Texto: María Teresa Pavía Miller, Centro INAH Guerrero. Imágenes: Decreto del 7 de septiembre de 1886, en Archivo Histórico del Estado de Guerrero y retrato de Nicolás Bravo realizado por Cruces y Campa, Fototeca Nacional del INAH, en: https://repositorio.inah.gob.mx/o-42916

La conmemoración de la Independencia en México fue reconocida desde 1813 en los Sentimientos de la Nación de José María ...
06/09/2026

La conmemoración de la Independencia en México fue reconocida desde 1813 en los Sentimientos de la Nación de José María Morelos y Pavón, en los que se asentó que debía celebrarse el 16 de septiembre. La Constitución de 1824 también lo estipulo así, pero a lo largo del siglo XIX se llevó a cabo de manera irregular. Fue hasta el Porfiriato que dicho festejo se realizó en las plazas centrales de la capital del país y de los estados de la república. El espíritu patriótico, inculcado en ese tiempo mediante la instrucción escolar, los monumentos, esculturas y pinturas de personajes y escenas históricos, propició que en la provincia no solo se festejaran las fechas nacionales sino también los sucesos y héroes locales. Esa situación se aprecia en el Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Guerrero, del 6 de septiembre de 1899, que conserva el Archivo Histórico del Estado de Guerrero, en el que se publicó el programa de los festejos patrios en Chilpancingo durante el mes de septiembre. Los días solemnizados fueron: el 10 por el natalicio de Nicolás Bravo, el 13 por el Primer Congreso de Anáhuac, así como el 15 y el 16 por la Independencia. En el programa se asentó que el día 10: “Al rayar el alba, se izará el Pabellón nacional y será saludado con salvas, dianas y repiques, anunciándose a los habitantes de la ciudad que comienzan las manifestaciones públicas en celebración del 113º aniversario del nacimiento del magnánimo caudillo Don Nicolás Bravo, situándose la banda de Música del Estado, frente a la estatua del héroe, hasta las siete de la mañana, después de recorrer las principales calles de la población.” A las doce horas y a las seis de la tarde del mismo día: “se repetirán las mismas demostraciones de la mañana.” Por la noche, de las ocho a las diez y media: “habrá serenata en el Jardín Bravo y se quemarán unos fuegos artificiales.” El día 13 se repetirían: “las mismas demostraciones de regocijo” y estaría “a disposición del público, en el Salón de sesiones del H. Congreso, el Álbum del 13 de septiembre de 1813, para que las personas que lo deseen inscriban algún pensamiento en él”. El 15 de septiembre, por la noche, se ofrecería un concierto en el salón de recepciones del Palacio de Gobierno. Al terminar, se leería el Acta de Independencia que se expidió en Chilpancingo en 1813. Después, se entonaría el Himno Nacional y habría repiques, dianas y salvas.
Texto: María Teresa Pavía Miller, Centro INAH Guerrero, Imagen: Programa de Digitalización de Archivos Históricos del Instituto Guerrerense de la Cultura. Imágenes: página 6 del Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Guerrero del 6 de septiembre de 1899 y vista del Monumento a Nicolás Bravo en el Jardín Bravo de Chilpancingo, fotografía de autor desconocido tomada hacia 1939, proporcionada por Francisco Herrera Sipriano.

Los temas históricos que describo son asuntos muy complejos, por lo tanto, hago de su conocimiento que únicamente relato...
05/09/2026

Los temas históricos que describo son asuntos muy complejos, por lo tanto, hago de su conocimiento que únicamente relato algunos asuntos de estos, porque esas cuestiones requieren de más investigación y, por ende, de una explicación más profusa. Considero que es elemental recordar que, después de la conquista española, los teteuctin (plural de tecuhtli o teuctli) o señores indígenas funcionaron como intermediarios políticos entre sus respectivos señoríos encomendados y los conquistadores. Es decir, los teteuctin continuaron gobernando sus antiguos teucyotl delegados a los españoles para que cobraran tributo. Cabe hacer notar que la jurisdicción de los señores indígenas de Chilapa en el siglo XVI, llamados caciques por los españoles, era de mayores dimensiones con relación a la de los caciques novohispanos que surgieron a partir del siglo XVII. En esa época, con la reorganización de los señoríos indígenas en repúblicas de indios se destruyó el poder señorial prehispánico, lo que determinó que la jurisdicción de los caciques novohispanos resultara bastante reducida en comparación con la de los señores mesoamericanos del siglo XVI. Recordemos que la intermediación política en el mundo novohispano entre los encomenderos y los señores indígenas de sus respectivos señoríos encomendados inició después de la conquista, pero cuando la república de indios sustituyó al señorío indígena y la alcaldía mayor a la encomienda, el contexto histórico fue trastocado. Esa situación la debemos considerar desde las postrimerías del siglo XVII, cuando los clérigos, corregidores y alcaldes mayores continuaron la intermediación política con el mundo indígena, pero a través de las autoridades indígenas de las repúblicas de indios e indudablemente los caciques novohispanos, lo que les facilitaba el control de los nativos denominados macehualtin o el común. Al parecer, de esa situación se derivó que Magnus Mörner comentara: “los esfuerzos de la Corona para mantener los caracteres exclusivamente indios de los dirigentes nativos, falló por completo”, y podemos agregar: porque generalmente los cacicazgos novohispanos fueron ocupados por mestizos culturales y genéticos. La conjetura del surgimiento y desarrollo del cacicazgo novohispano la empiezo a sustentar con algunos documentos de los Moctezuma de Chilapa, porque considero que su cacicazgo novohispano surgió a partir del siglo XVII, ya que el apellido Moctezuma no aparece en los documentos que tengo consultados del siglo XVI, incluyendo los del ramo de indios del AGN. Como sabemos, después de la conquista están registrados otros nombres como gobernadores indígenas, por ejemplo: don Agustín de Chilapa, referido en la memoria de padre Diego de Soria (aproximadamente: 1586-1589). El apellido Moctezuma lo encontramos hasta el siglo XVII en los manuscritos del ramo de indios del AGN, por tanto, considero que el cacicazgo de los Moctezuma inició en el siglo XVII. Así lo atestigua un documento fechado el 29 de febrero de 1616 en donde aparece: “don Joseph Moctezuma”. Sabemos que es un cacique, porque la palabra “don” antepuesta al nombre del personaje, implica que era un cacique o noble indígena de linaje. Texto: Rafael Rubí Alarcón, Asociación de Historiadores de Guerrero, A. C. Imágenes: Indumentaria prehispánica de un pipiltin mexica, Arqueología mexicana, vol. III. núm. 17, enero-febrero 1996. Noble indígena a mediados del siglo XVI. Códice Tudela, Margarita Menegus, en Historia de la vida cotidiana T. I. México 2004.
Elaborada en 2025

La hacienda de beneficio de la plata en San Juan Bautista de Taxco el Viejo se encuentra inmersa en la región conocida c...
05/09/2026

La hacienda de beneficio de la plata en San Juan Bautista de Taxco el Viejo se encuentra inmersa en la región conocida como la “Provincia de la Plata” conformada por cuatro centros mineros: Taxco, Zacualpan, Sultepec y Temascaltepec, desde la segunda mitad del siglo XVI hasta el siglo XIX.
Para entender el contexto de la región minera en Taxco, se debe mencionar que la mayor parte de haciendas e ingenios mineros se encontraban en tres escurrimientos fluviales que forman parte de sistema del río Balsas: en profunda barranca el río Taxco y el Cacalotenango al poniente, y al oriente del centro urbano el río San Juan o Río Frío.
Todos estos escurrimientos de las haciendas confluyen en el punto conocido como Taxco el Viejo y alojaron la mayor parte de las edificaciones para beneficio y fundición de los minerales, cuya característica fue la cercanía con las bocaminas. En el río Cacalotenango, donde el judío portugués Cáceres se instaló en Tenango o Cacalotenango, se encontraban las fundiciones de Santa Bárbara, los ingenios o haciendas del Fraile, San José y Santa Rosa. En el escurrimiento fluvial de Landa se ubicaban la hacienda San Joaquín, la Luz y la de San Francisco Cuadra. Por el centro de Taxco, en la barranca de Tetitlán, estaban la hacienda de Tetelcingo y la fundición de Mora. En el otro escurrimiento de agua, en el lugar conocido como el solar, hacia la Macarena, estuvo la hacienda de Xocotitlan por el lado poniente con dirección al sur. Finalmente, en el Río Frío o San Juan, que corre por el lado oriente del actual centro urbano y que nace en los poblados de Acamixtla, San Juan, Juliantla y Tehuilotepec, se encuentran aún vestigios de las haciendas de Atlishuaya, Atlixtac, Santa Ana, Santa Rosa, Santa Prisca, Tetelcingo, San Sebastián y Hueymatla, dónde también se encuentran vestigios de antiguos hornos de mineral y la hacienda de San Juan Bautista en Taxco el Viejo, que, junto con la de Cantarranas, fueron las primeras en el real de minas de Taxco, y, finalmente, sobreviven algunos residuos de la exhacienda en Puente Campuzano. Cabe mencionar que, en la primera etapa, los habitantes empezaron a explotar los minerales en forma rudimentaria, bajo las formas comunes de excavación a cielo abierto y la horizontal, como el denominado los Tajos del cerro Bermeja al oriente de Taxco, donde se encontraba el socavón del Rey, ubicándose las primeras viviendas mineras en el barrio de la Veracruz del actual Taxco.1
Los conquistadores españoles incursionaron en el antiguo Tlachco (hoy Taxco el Viejo), entre 1520 y 1521, cuando preparaban la toma de Tenochtitlán. Vinieron en busca del estaño que necesitaban para fabricar sus cañones, hecho que quedó registrado en la Cuarta Carta de Relación que Hernán Cortés envió al rey Carlos V.2 La hacienda de beneficio de mineral San Juan Bautista es una de las primeras que se construyeron en la Nueva España, alrededor de 1543, luego de veinte años de exploración y explotación de los minerales en forma rudimentaria en la región de lo que hoy es Taxco, Guerrero. El período mencionado es producto de una deducción, dado que es en esta etapa en la que algunos españoles llegan a esta región para invertir en los trabajos mineros, tal es el caso de Pedro de Sandoval, quien inició la edificación de este enorme complejo de 3.5 hectáreas, integrado por un acueducto de 1.5 km, del que se conservan tan solo 108 metros lineales. Contaba con cinco molinos hidráulicos y sus respectivas tahonas en paralelo, un complejo sistema hidráulico de canales a cielo abierto, semi cubiertos y túneles de conducción subterránea, que finalmente convergen en uno de los escurrimientos fluviales con una diferencia de altura de 35 metros, lo que permitía el manejo de los afluentes en diversos puntos. Tiene un patio central o espejo de agua, rodeado de jardines, la casa principal o del administrador, de dos niveles, una casa contigua de cinco habitaciones, otros salones adyacentes y una bóveda de cañón corrido en la parte más baja de la topografía, acompañada de un acueducto secundario que recibe y conduce finalmente el afluente hasta el río Taxco. Estas estructuras funcionarían hasta un poco después de finales de la Revolución Mexicana, coincidentemente con el ingreso de otras técnicas, producto de la Revolución Industrial, que vendrían a sustituir las técnicas ya obsoletas del beneficio de patio y la llegada de nuevos procedimientos.
Al parecer, la hacienda de San Juan Bautista fue habitada por William Spratling, y luego por Héctor Aguilar, habiendo reutilizado los espacios para instalar talleres de joyería de plata, su propia casa habitación y diseñando algunos espacios, imprimiendo su estilo particular. Posteriormente fue adquirida por los norteamericanos John Green y Roy Carter que hicieron adaptaciones para convertirla en hotel, pero conservaron gran parte del sistema de molienda y el sistema hidráulico. Este espacio quedaría abandonado y fue en la segunda mitad de los años 60’s el gobierno estatal la expropió y, en 1968, donó a la Universidad Autónoma de Guerrero. En los primeros años de los años 70’s fue ocupada por la Escuela Superior de Agricultura, permitiendo de cierta manera conservarla. Es hasta 1985 que se realizó una intervención general de los espacios centrales por la UAG. Actualmente es el Museo Histórico de la Hacienda San Juan Bautista y se proyecta crear el Museo de la Tecnología de la Antigua Provincia de la Plata. En 2014 el H. Consejo Universitario emitió la declaratoria como “Patrimonio histórico relevante a la hacienda de beneficio de mineral San Juan Bautista”, quedando bajo la responsabilidad administrativa del Departamento de Patrimonio Cultural de la UAGro.

1.- García Mendoza, Jaime, La formación de grupos de poder en la provincia de la plata durante el siglo XVI. P.41. 3.- Ídem.
2.- Cartas de relación. IV Carta de relación p. 198. Ed. Porrúa, México. 1993.
Pavía Guzmán, Edgar, El siglo XVI en la historia del actual estado de Guerrero, tesis de licenciatura en Humanidades, Universidad Autónoma de Guerrero, 1970.
Rubí, Rafael, “Taxco y su región antes de Santa Prisca. Siglo XVI”, en Suplemento No. 53 de Diario de Campo, México, CNAN, INAH, marzo-abril 2009, pp. 82-101, en: https://revistas.inah.gob.mx/index.php/diariodecampo/article/view/12309/13447

ATENTAMENTE
MARCO ANTONIO ROMERO TORRALVA
ÁREA DE MONUMENTOS HISTÓRICOS DEL CENTRO INAH GUERRERO.

Para abordar el tema del señorío de Yopitzinco y otros de su región, refiero algunas características de dicho término: H...
04/09/2026

Para abordar el tema del señorío de Yopitzinco y otros de su región, refiero algunas características de dicho término: Hernán Cortés observó y describió a los señoríos mesoamericanos de acuerdo con su cultura o lenguaje. Con relación al idioma, Bily López hizo notar que: “pensar es siempre pensar en el lenguaje, con él, dentro de él, [...] pensar implica, entonces, someterse a las estructuras del lenguaje, [...] incluso podríamos decir que pensar es siempre pensar en un lenguaje, una sintaxis y una gramática específicas”. El extremeño, en un momento de sus encuentros con la realidad política mesoamericana, observó y consideró que el sistema de gobierno indígena: “es casi como los señoríos de Venecia y Génova o Pisa, porque no hay señor general de todas”. Para estudiar estas unidades políticas mesoamericanas resulta interesante la observación de Cortés y complementarla con el paradigma de Pierre Bonnassie, extraído de la sociedad medieval, porque pienso que los señoríos europeos y los prehispánicos en esencia eran semejantes. Bonnassie enunció que: “en esta palabra se resumen todos los medios de que disponía el dueño (dominus o señior) para apropiarse de los beneficios del trabajo que realizaban los hombres sometidos a su dominio. Esos medios eran complejos; unos tenían su origen en la posesión del suelo; otros derivaban del ejercicio de un poder de coerción (ban). De ello procede la doble naturaleza del señorío: territorial (o solariego) y banal (o jurisdiccional)”. Lo anterior es un paradigma extraído de la realidad política medieval. Recordemos que Norberto Bobbio escribió: “en la determinación de lo que comprende el ámbito de la política no puede prescindirse de la ubicación de las relaciones de poder que en toda sociedad se establecen entre los individuos y grupos, entendido el poder como la capacidad de un sujeto de influir, condicionar y determinar el comportamiento de otro individuo”. Michelangelo Bovero apuntó: “es necesario distinguir la diferencia del poder político de otros tipos de poder acercándose a Max Weber”. El filósofo italiano “distingue el poder político (detentador de los medios de coacción), del poder económico (detentador de los medios de producción) y el poder ideológico (detentador de los medios de persuasión)”. Por lo tanto, el poder de los señores medievales laicos, no los eclesiásticos, detentan el poder lo político derivado de medios de coacción y el poder económico emanado del monopolio de la tierra y otros medios de producción. Volviendo al paradigma de Bonnassie, que se mencionó antes, en esencia el poder de los señores medievales laicos se derivaba de medios de políticos o de coerción y económicos porque tenían el monopolio de la tierra y otros instrumentos de producción. En cambio, cuando Enrique Florescano dice: “en las culturas mesoamericanas la política y la religión se dieron juntas”, implica que el poder de los señores o teteuctin mesoamericanos procedía de la política o medios de coacción y de lo ideológico o religioso qué eran los medios de persuasión. Cabe hacer notar que el poder de los teteuctin no procedía del monopolio de la tierra, como el caso de los señores de la época medieval. Texto: Rafael Rubí Alarcón, Asociación de Historiadores de Guerrero, A. C. Imagen. Tlatoani o señor de Yopitzinco. Códice Tudela f. 75. Ministerio de Cultura - Museo América. Contexto Cultural/Estilo Nueva España.
Elaborada en 2024.

En este artículo, María Irma López Razgado narra la vida de un afrodescendiente llamado Joseph Fuentes que transitó de l...
04/09/2026

En este artículo, María Irma López Razgado narra la vida de un afrodescendiente llamado Joseph Fuentes que transitó de la esclavitud a la libertad y ascendió económica y socialmente. El conocimiento de esta persona se fundamentó en un arduo trabajo de la autora en fuentes documentales y, por medio de esa experiencia de vida, nos muestra el panorama de la situación de las personas de origen africano en Colima en el siglo XVIII.
López Razgado asienta que fue a través de la descripción y observación de los distintos aspectos de la vida y muerte de Joseph Fuentes que construyó un primer esbozo que le permitió visibilizar: “parte de las dinámicas que se desarrollaron en la época virreinal, donde la población mulata había aumentado de manera considerable, en especial los mulatos libres, quienes habían logrado tener su propio templo y cofradía, contando algunos de ellos con ciertos privilegios, que les permitían contraer nupcias y dejar una herencia respetable a sus descendientes”.
En esa tónica, nos habla del componente demográfico en la Villa de Colima hacia fines del siglo XVIII, resaltando que la mayor parte de la población, casi la mitad, era afrodescendiente. De igual manera aborda las haciendas o trapiches de caña de azúcar, pues su funcionamiento estaba estrechamente unido al trabajo de personas de origen africano y, también, porque en una de estas encontró información de un mulato esclavizado que, considera, era el abuelo del personaje abordado.
Hace una interesante reflexión sobre la complejidad de la transición de la esclavitud a la libertad para descifrar por qué a Joseph Fuentes se le nombró en su juicio testamentario con el término “libertino” y no “liberto” o “libre”. Para esto, explica los instrumentos jurídicos a los que debía recurrir la gente esclavizada para obtener su libertad y -de acuerdo con su objetivo de acceder al panorama local- refiere las diferentes formas en que ese proceso se hacía en la Villa de Colima, lo que le permite especular sobre la manera en que Joseph Fuentes logró su emancipación.
Este artículo, que transporta al siglo XVIII en Colima y a la vida diaria de las personas de origen africano en ese contexto histórico, está disponible en el libro Trayectoria de vida de afrodescendientes en la historia de México, que se puede leer y descargar de manera gratuita en: https://repositorio.inah.gob.mx/o-230720
Texto: María Teresa Pavía Miller. Imagen: vista de Colima hacia principios del siglo XX, en María Irma López Razgado, “Joseph Fuentes, entre la esclavitud y la manumisión. Un mulato libertino en la Villa de Colima del siglo XVIII”, p. 169, tomada de: Colima Antiguo, en https://www.facebook.com/Colima.Antiguo/photos/a.1450295955019831/512280148821421. Portada y página 141 de Gabriela Iturralde Nieto (coordinadora), Trayectoria de vida de afrodescendientes en la historia de México, México, Secretaría de Cultura – INAH, 2024.

GUERRERO EN LA HISTORIA 2º época. Año 2026. No 29 CACIQUES NOVOHISPANOSCon la descripción de la cuestión señorial se tie...
03/09/2026

GUERRERO EN LA HISTORIA 2º época. Año 2026. No 29 CACIQUES NOVOHISPANOS
Con la descripción de la cuestión señorial se tiene el propósito de hacer notar algunas características del señorío mesoamericano para que el lector conozca en qué sentido conceptualizo dicho asunto. Con relación a la pesquisa de la existencia de los cuauhtlatocayotl = señoríos guerreros o redes del poder del Imperio mexica, estos están referidos en las fuentes desde de los primeros encuentros entre peninsulares con nativos del Imperio mexica. Pero debemos considerar que los hispanos los describen de acuerdo con su cultura, expresada con su lenguaje cotidiano y por ende heterogéneo. Así, por ejemplo, Bernal Díaz del Castillo anotó: “como el gran Montezuma tenía muchas guarniciones y capitanías de gente de guerra en todas las provincias, que siempre estaban junto a la raya de ellos, porque una en los de Soconusco por guarda de lo de Guatemala y Chiapa, y otra tenía en lo de Guazacualco, y otra en Mechoacán...” Y en otro párrafo cuando refiere el encuentro entre Hernán Cortés y el Cacique Gordo (en náhuatl Xicomecóatl), tecuhtli de los totonacos, también refiere un cuauhtlatocayotl de la siguiente manera: “en el pueblo [hay] fuerte que se dice Quiauiztlan, que está entre grandes peñascos y muy altas cuestas, y si hubiera resistencia era malo de tomar”. Asimismo, describe a los tlacochcálcatl y tlacateccatl de dicho cuauhtlatocayotl de la siguiente manera: cuando Cortés platicaba con el Cacique Gordo y otros pipiltin “vinieron [unos] indios [...] muy de prisa a decir a todos los caciques [teteuctin] que venían cinco mexicanos, que eran los recaudadores de Montezuma, y desde que lo oyeron se les perdió el color y temblaban de miedo; y dejan sólo a Cortés y los salen a recibir; y de presto enraman una sala y les guisan de comer y les hacen mucho cacao, que es la mejor cosa que entre ellos beben”. Con esa descripción se percibe que esos personajes eran los instrumentos represivos del Imperio mexica, porque los totonacas les tenían miedo. En otra parte del manuscrito se relata que eran recaudadores, es decir, ellos recolectaban el tributo imperial. La importancia señorial de esos personajes, Díaz del Castillo la describe por su atuendo: “traían ricas mantas labradas y los bragueros [maxtlatl] de la misma manera (que entonces bragueros se ponían), y el cabello lucio y alzado, como atado a la cabeza, y cada uno con unas rosas, oliéndolas y mosqueadores que les traían otros indios como criados”. Tocante al cabello atado a la cabeza, Virve Piho indicó: “el tlacatéccatl y el tlacochcálcatl llevaban el cabello anudado con una tira roja sobre el vértice de la cabeza, peinado que se llama “columna de piedra” o temíllotl”. Cabe hacer notar que esos personajes, también tenían la función de difundir, la ideología del Imperio mexica para trasmitir a través de cruentos ritos la creencia que los mexica eran el pueblo elegido de Huitzilopochtli, así lo atestigua el texto siguiente: “dijeron que los recaudadores del gran Montezuma, [...] que les demandaba ahora veinte indios e indias para sacrificar a su dios Huichilobos [Huitzilopochtli], porque le dé victoria contra nosotros” es decir, contra los totonacas. En resumen, los tlacochcalcatl y tlacateccatl con su cuauhtlatocayotl eran las redes del poder del Imperio mexica, o instrumentos de coerción, ideológico y cobraban el tributo imperial. Texto: Rafael Rubí Alarcón, Asociación de Historiadores de Guerrero, A. C. Imágenes: Cacique [Tecuhtli] Gordo de Cempoala recibe a Cortés. Paisajes de la Historia de México, México desconocido, Tomo 2, 2002-2003. Tlacatecatl y Tlacochcalcatl. Arqueología mexicana. Indumentaria prehispánica. vol. III - Núm. 17, enero-febrero, 1996.

José de la Borda llegó a Taxco en 1716, a la edad de 17 años, procedente de Europa. Su hermano mayor Francisco se había ...
03/09/2026

José de la Borda llegó a Taxco en 1716, a la edad de 17 años, procedente de Europa. Su hermano mayor Francisco se había establecido en esa población desde 1708 y poseía las minas de Tehuilotepec en las que el recién llegado aprendió el oficio. A lo largo de su vida, José de la Borda invirtió en varias empresas mineras de diversas partes de la Nueva España, como Tlalpujahua, Real del Monte, Guanajuato y Zacatecas. Al morir su hermano, heredó sus minas de Tehuilotepec y, en 1748, ahí descubrió la veta de San Ignacio que lo hizo rico. Esta bonanza lo llevó a construir en Taxco la iglesia de Santa Prisca y San Sebastián, para agradecer a Dios su buena fortuna. El inmueble fue edificado por los arquitectos Cayetano de Sigüenza y José de Alba; sus retablos fueron elaborados por los hermanos Isidoro Vicente y Luis de Balbás y, sus pinturas, por Miguel Cabrera. El archivo de esa parroquia conserva la partida del matrimonio de José de la Borda con Teresa Verdugo Aragonés, celebrado el 3 de septiembre de 1720, de la que presentamos una imagen. La pareja tuvo dos hijos: Ana María y Manuel Antonio Vicente de la Borda, quien fue cura de Taxco, en 1759, en la iglesia que construyó su padre y que acababa de ser consagrada solemnemente. Compartimos, también, un retrato de José de la Borda en óleo sobre tela, realizado en el siglo XVIII, que se encuentra en la sala capitular de la parroquia y fue publicado en el libro Santa Prisca Restaurada, que editó el gobierno del estado de Guerrero en 1990. Texto: María Teresa Pavía Miller, Proyecto en Antropología e Historia en el Norte de Guerrero, Centro INAH Guerrero.

02/09/2026
En la cápsula anterior se comentó que, el 15 de febrero de 1581, el virrey Lorenzo Suárez de Mendoza notificó al alcalde...
02/09/2026

En la cápsula anterior se comentó que, el 15 de febrero de 1581, el virrey Lorenzo Suárez de Mendoza notificó al alcalde mayor de la provincia de Acapulco que: los habitantes del pueblo de Acamalutla le informaron que los naturales de Tistlancingo, su sujeto, habían realizado una elección de alcaldes y oficiales de república con la intención de disociarse de su cabecera Acamalutla. El virrey anuló esa elección y ordenó que a los nativos electos como alcaldes y oficiales de república de Tistlancingo les quitaran las varas de mando y se realizara una nueva elección en su cabecera de acuerdo con la costumbre antigua. Poco más o menos diez años después, el virrey Luis de Velasco II en un documento fechado el 20 de julio de 1591 dice: “hago saber a vos el alcalde mayor del puerto y provincia del Acapulco, que los naturales del pueblo de Tixtlancingo sujeto a Acamalutla, me han hecho relación que a la dicha cabecera no han quedado sino hasta veinte indios, y en el dicho su pueblo hay mucha más gente y lo mismo es en otros sujetos y que los de la dicha cabecera, usando su preeminencia cobran de ellos las sobras de tributos y las gastan y consumen entre los dichos indios que allí han quedado, sin que se convierta en cosas de iglesia, ni el bien común”. El virrey ordenó que el alcalde mayor de Acapulco realizara una diligencia, con el propósito de verificar la información de los nativos de Tistlancingo. Seis meses después, el 29 de enero de 1592, dicho magistrado determinó que: “habiendo visto lo pedido por los principales del pueblo de Acamalutla, en la provincia de Acapulco sobre que habiendo de acudirles los del de Tixtlancingo como sujeto con doce fanegas de maíz de las que cogen de comunidad en conformidad de cierta provisión real, e concierto”, lo cual implicó que el virrey determinara que Tistlancingo continuara como sujeto de Acamalutla, es decir, hasta ese momento los intentos de Tistlancingo para disociarse de Acamalutla no habían tenido éxito. Cabe hacer notar que, hasta esa época, la sustitución del gobierno señorial prehispánico por la repúblicas de indios había avanzado más con relación a civilizar a los nativos de acuerdo con el paradigma de los griegos de la polis o ciudad. Al parecer, para acelerar el proceso de la reorganización de los pueblos indígenas conforme al modelo griego, los virreyes empezaron a nombrar funcionarios asalariados para realizar las congregaciones o reducciones indígenas. Así, el 11 de septiembre de 1598 se comisionó a Baltasar de la Cámara para congregar poblaciones de las provincias de Acapulco y Zacatula “con un salario de 100 días (sic), y con el mismo salario y término e instrucción y llevar por escribano real a Manuel de Rivera”. Los pueblos referidos en el documento de la actual costa guerrerense son: Çacatula y sus motines, la Villa de Tecpan, Mexcaltepec, Cacalotlan, Coyuca, Acamalutla, Xaltianguez, Acapulco, Çacatepec, Jocutla, Tecoanapa y Nexpa. La realización de las congregaciones o reducciones indígenas fue muy compleja, ya que hubo bastantes variaciones y diferencias regionales. Por eso voy a continuar describiendo esa cuestión, para ejemplificarla lo más claramente posible. Texto: Rafael Rubí Alarcón, Asociación de Historiadores de Guerrero, A. C. Imágenes: Mapa Alcaldías Mayores de Acapulco y Zacatula hacia 1600, por Alejandro W. Paucic y modificado por Rafael Rubí Alarcón. Provincias de Acapulco y los yopes, 1550-1569. La provincia de Acapulco la integraban las encomiendas de Aldonza de Villafuerte, ubicadas al oeste de Yopitzinco. Mapa elaborado por Raúl Vélez y Rafael Rubí Alarcón.
Elaborada en 2023

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39000

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