03/10/2022
LA GRINGA.
Sucedió en Chilapa de Álvarez.
Por H. Gustavo Díaz.
Era común, despertar a las 10 de la noche, cuando era niño; salir al baño, y, ver la tertulia de la familia en pos del portal, la abuela había dormido ya, pero alrededor del televisor, que solo transmitía repeticiones, reunidos estaban el café, el mezcal, quizás la Yoli vacía ,el pan y algún sope muy frío sobre la mesa, Doña Chahua; la ama de llaves de la familia se envolvía en su rebozo, Emiliano su esposo fumaba , los inquilinos, miraban y escuchaban las cigarras, mientras los gatos señoreaban los Tejados, el "Boris" perro de la casa guardaba el patio.
Yo llegaba a la bola con mi cobija a escuchar las anécdotas, que en Chilapa son comunes, corrían los años ochentas, y, las campanas de la catedral enmarcaban la noche de mil estrellas.
Ya va llegar el flecha de las 12; no tarda- asintió Emiliano que era petaquero y estaba pendiente del arribo de los camiones a Chilapa, entonces llegaban al Zócalo, un poco antes de la terminal en la calle 'nueva".
Dicen; comentó Maga, la hija de Chahua; -que los choferes ya no quieren subir a Chilapa de noche...
-Por la gringa, dijo Eugenio, su hermano;
-La gringa? Dijo mi madre inquiriendo...
Sí, la gringa, una güera de Acapulco, de los barcos, que subió a Chilapa al pozole y la artesanía, y la enamoraron unos de Tixtla, la llevaron a comer y después se regresaron con ella, pero al llegar a Tixtla llegó solo el taxi... -la mataron, añadió Rayo; la vecina, hija de Don Pájaro y Chani; la mataron y los hombres se perdieron en la sierra, el cuerpo apareció por Almolonga, más allá del cruce, remató.
Desde entonces se aparece el alma de la gringa en la carretera...-Dijo Jacinto, el inquilino de mi tía, que a la postre sería el gran señor del comercio entre Chilapa y Chilpancingo y, qué entonces transportaba mercancías en el estado.
Se aparece por la pera o el peral y pide aventón, y los que la suben: -cómo el chófer del camión, de tía Queta Acevedo; que le hizo parada pues venía mezcaleado de Quechultenango, dijo Maga; y, que después de el limón ya no la encontró dentro del camión, si no le volvió a hacer parada un poco adelante y este del susto casi choca...
-Si, cómo a los de la flecha de madrugada que la levantaron y después no había nadie en el camión.
-Y, como el señor Dircio de la Villa, que venía de Acapulco y la levanto ya casi dando vuelta a Xochimilco, y, hasta cigarro le invito y llegando a Chilapa solo estaba el cigarro quemando el asiento...
Siguieron los relatos de la mujer que aparecía con los ojos llorosos y el rímel corrido, el vestido de playa color hueso y una pulsera dorada.
Mi madre vio que el miedo me mantenía inmóvil y me llevo al cuarto a dormir.
Al otro día con los niños del grupo, que nos juntamos para subir a los pinitos se comentó lo mismo...
Y, en la panadería de mi tía Vira, también era tema.
Y, en la nieve, y, en el mercado; hasta hubo una misa en pos del alma de la gringa, y, las rosas que tiraba Juan Diego en domingo, fueron santificadas y regadas por toda la carretera de camino a Tixtla.
Una mañana llegó mi primo Joaquín Sánchez, hijo de Don Víctor y doña Mercedes, los orfebres del oro en Chilapa; una noche antes hubo fiesta y yo no había visto todo el día a mi padre; corrían las gentes, nos dieron de comer, y extrañamente mi primo no se fue a su casa todo el día.
Después supimos que, de noche, enfiestados agarraron rumbo de Tixtla mi padre y don Víctor Sánchez en su camioneta Chevrolet azul, y, saliendo del valle se habían accidentado, más solo golpes y el susto, de haber enfilado a la montaña y no al barranco, los tenía en el hospital.
-Es que la Gringa, dijo don Víctor... Mi padre solo asintió, reafirmando...
Después de una regañiza de la abuela, y un rosario, paso la situación.
Siempre fue tema, entre tíos, si el choque aquel; fue de briagos, si se quedaron dormidos o la gringa fue el pretexto.
Poco después el espanto de la gringa paso.
O al menos yo no volví a tocar o escuchar el tema, luego me devolví con mi familia a Ciudad de México, una vez terminadas las vacaciones.
Se suponía una cruz fue colocada en el peral, y años después una capilla, pero es la fecha, que no sé si aquellas apariciones fueron el motivo, o el sin número de accidentes mortales en esa curva el motivo de aquella capilla.
Las pocas veces que regreso mi padre a Chilapa, se persignaba siempre al pasar por ahí.
Nunca aceptó que hubiese Sido una broma, un desliz para justificar la parranda que casi termina en tragedia.
Varias veces a lo largo de la vida le pregunté tanto en juicio como alcoholizado y siempre respondió lo mismo;
-Antes de doblar el valle se les apareció pidiendo Ray, junto al anuncio de la carretera federal.
Y, luego otra vez, hasta que en la curva estaba a media carretera.
La vez última, por un choque, el bus costa line se detuvo ahí, justamente ahí cuando regresábamos a México; mi padre me señaló y me dijo como y donde se apareció la mujer de rubios cabellos y por no atropellarla el volantazo dió al monte.
¿Encontraría paz el alma de aquella mujer? - ¿solo fue una leyenda rural?
Lo cierto es que ese mito se perdió con el tiempo.
A veces, recordando esos días, y tertulias, esos cuentos y aquella leyenda, me ha dado por prometer, que; regresaré a Chilapa, regando flores blancas por la carretera, después del libramiento, y quizás rece una oración por aquella mujer fantasmal de cabellos rubios.
Agradecimientos a H. Gustavo Díaz por está gran historia.