15/05/2026
Ser maestro en la actualidad implica valentía, vocación, amor y una paciencia inmensa. Significa levantarse cada día con la firme intención de abrir ante nuestros alumnos un mundo lleno de posibilidades, conocimientos y oportunidades que les permitan descubrir todo lo que son capaces de lograr.
Pero también implica carácter, compromiso y decisión para educar e instruir aún en medio de la apatía, la desmotivación y los retos emocionales que hoy enfrentan muchos niños y jóvenes. Ser docente en 2026 es comprender que no solo enseñamos contenidos, acompañamos procesos de vida.
Detrás de cada clase hay horas de preparación, innovación, búsqueda de estrategias y gestión educativa para lograr que el aprendizaje sea más cercano, más humano y significativo. Además, ser maestro hoy exige mantenerse en constante actualización y formación profesional, con el compromiso de ofrecer una educación de calidad que responda a las necesidades reales de nuestros estudiantes y de la sociedad actual.
Cada día intentamos motivarlos, despertar su interés y ayudarles a creer nuevamente en ellos mismos.
Es imposible no sentir tristeza al ver tantos jóvenes sin metas claras, cargando silenciosamente ansiedad, tristeza o soledad. Muchos sobreviven, pero aún no descubren hacia dónde quieren ir. Y ahí estamos nosotros, intentando llegar a esas personitas que poco a poco levantaron barreras por miedo a ser lastimadas o decepcionadas por los adultos.
Ser maestro es convivir día a día con ellos, escuchar más allá de las palabras, ganarse su confianza, su respeto y, muchas veces, también un lugar en su corazón. Es dejar huellas que el tiempo no borra.
No importa que esta hermosa profesión muchas veces no sea valorada económicamente y que hoy implique también grandes cargas administrativas y burocráticas. La verdadera recompensa llega cuando logramos transformar vidas, cuando ayudamos a un alumno a descubrir el enorme potencial que existe dentro de sí mismo y entonces aprende a creer, a volar y a luchar por sus sueños.
Gracias a la vida por permitirme formar parte de esta profesión tan humana, tan desafiante y tan hermosa. Porque yo no elegí ser maestra… la enseñanza me eligió a mí.
Licenciada en Pedagogía
MGIE
Priscila Grisel Molina Gómez