17/06/2022
No le pidas que ponga la mesa mientras su padre y hermanos están sentados
No la mandes a lavar su ropa ni la pongas a cocinar, complaciendo los gustos de ellos.
No le vendas la farsa que nos vendieron a nosotras: “ellos son proveedores y nosotras cuidamos del hogar” es una farsa peligrosa porque implica una relación de poder, donde a ellos se les reafirma el control monetario y a nosotras la creencia de que nada es nuestro y que debemos de estar eternamente agradecidas de los recursos que nos dan.
No le digas a tu hija que su papel en una casa es cuidar, servir y atender porque le estás quitando la posibilidad de tener una independencia económica, esa que se necesita antes que todo lo demás, para ser libre.
La mayoría de las mujeres no pueden separarse y/o divorciarse porque no tienen a donde ir, porque después de haber dado su vida, amor, cuidado y cariños a una casa y a sus hijxs, les dicen “mantenidas” y les dicen que nada de lo que ven es suyo, que no se lo han ganado y que son unas malagradecidas. ¡Ah! Y que si se quieren ir, SE VAN SIN NADA.
Ellas simplemente se resignan y además se compran el cuento de que “nada de esto es mío” LA MITAD DE ESO ES TUYO.
Tú le facilitaste los medios para que él saliera y creciera profesionalmente. El trabajo doméstico que haces es el más cansado, el que nunca termina y el que nadie reconoce.
Así es que no. Jamás le pidas a tu hija que atienda a los hombres como un deber.
Dile que no nació para eso, que ella es libre, que puede decidir, que vivir en pareja no es el único modelo y que no tiene porque hacerse cargo de una casa si así no lo desea.
Dejar de atender a los hombres es un acto revolucionario, hermanas. Ya no les sirvan su platito caliente mientras ellos no son capaces ni de lavar sus calzones.
Porque para maternar, solo a lxs hijxs (y ojalá la maternidad pudiera ser libre y voluntaria para todas).