15/04/2023
“Un hombre adulto se cierne detrás de mi hija de tres años. De vez en cuando le hace cosquillas y ella responde encogiéndose. Se hace cada vez más pequeña con cada avance indeseado. Me la imagino tratando de hacerse lo suficientemente pequeña como para salir de su sillita y deslizarse por debajo de la mesa.
Cuando mi madre ve esta escena, ve una provocación juguetona. Un abuelo jugando con su nieta.
‘Mae’. Mi tono se interpone en el barullo de una reunión familiar. Ella no me mira.
‘Mae’. Digo de nuevo. "Puedes decirle que no, Mae. Si no te parece bien, podrías decir algo como: ‘Papá, por favor, hazte para allá; me gustaría tener algo de espacio para mi cuerpo’.
Mientras digo las palabras, mi padrastro, el bulldog, se inclina un poco más cerca, cerniéndose justo sobre su cabeza. Su sonrisa tenebrosa se burla de mí, mientras mi hija se retuerce como un acordeón con sus 15 kilos de peso para escapar de sus cosquillas y su aliento caliente.
Lo repito con un poco más de fuerza. Por fin me mira.
‘Mamá... ¿puedes decirle tú?’. Sorpresa. Una niña de tres años no se siente cómoda defendiéndose de un hombre adulto. Un hombre que ha dicho que la quiere y se preocupa por ella una y otra vez y, sin embargo, está aquí mostrando cero preocupación por sus deseos sobre su propio cuerpo. Me preparo para la batalla.
‘¡Papá! ¡Hazte para allá, por favor! Mae quiere espacio para su cuerpo’. Mi voz es firme pero alegre. Él no se mueve.'Papá. No debería tener que pedírtelo dos veces. Por favor, hazte para allá. Mae está incómoda’.
‘Ay, relájate’, dice él, alborotando el ondulado pelo rubio de mi hija. El patriarcado se levanta, tratándome con condescendencia en mi maldita cocina. ‘Solo estamos jugando’. Su acento sureño no me encanta. ‘No. Tú estabas jugando. Ella no. Ella dejó claro que le gustaría algo de espacio, ahora, por favor, hazte para allá’. ‘Puedo jugar como quiera con ella’. Dice, enderezando la postura.
Se me aprieta el pecho. Los vellos de mis brazos blanqueados por el sol se erizan cuando este hombre, que ha sido mi figura paterna durante más de tres décadas, entra en el ring de batalla. ‘No. No, no puedes jugar como quieras con ella. No está bien 'divertirse' con alguien que no quiere jugar’. Él abre la boca para responder, pero mi rabia es palpable a través de mi comedida respuesta. Me pregunto si mi hija puede sentirlo. Espero que sí.
Se retira a la sala y mi hija me mira fijamente. Sus ojos, un estallido de azul y avellana, brillan de admiración por su madre. El dragón ha sido abatido (por ahora). Mi propia madre guarda silencio. Se niega a mirarme a los ojos.
Es la misma mujer que me ignoró cuando le hablé de una agresión sexual de la que me acababa de dar cuenta. Es la misma mujer que fue secuestrada en un coche lleno de desconocidos cuando volvía a casa una noche. Luchó y gritó hasta que la aventaron del auto. Al huir a toda velocidad, le pasaron por encima del tobillo y le dejaron toda una vida de dolor físico y emocional. Es la misma mujer que no dijo nada, que no pudo decir nada, cuando su jefe y sus amigos la acosaron sexualmente durante años. Es la misma mujer que se casó con uno de esos amigos.
Cuando mi madre ve esta escena, ve a su hija exagerando. Me ve ‘haciendo un escándalo por nada’. Le preocupa más mantener el statu quo y cuidar el ego tóxico de mi padrastro que proteger a la pequeña de tres años que tiene delante. Cuando veo esta escena, me siento a la vez reconfortada y consternada. Mi propia fuerza y mi negativa a callarme resultan de cientos, probablemente miles de años de maltrato a las mujeres y de ignorar sus protestas.
Es el resultado de ver a mi propia madre sufrir en silencio a manos de demasiados hombres. Es el resultado de mi propio maltrato y de mi promesa solemne de contribuir a poner fin a este ciclo.
Sería tan fácil ver cómo se enseña a una niña que sus deseos no importan. Que su cuerpo no es suyo. Que incluso la gente a la que quiere la maltratará y la ignorará. Y que todo esto está ‘bien’ para que otras personas, hombres, se diviertan.
Pero lo que veo en vez de eso, es a una niña pequeña observando a su madre. Veo a una niña que aprende que su voz importa. Que sus deseos importan. Veo a una niña aprendiendo que se le permite y se espera que diga que no. La veo aprendiendo que esas cosas no están bien. Espero que mi madre también esté aprendiendo algo. Luchando contra el patriarcado un abuelo a la vez".
Crédito del texto: Lisa Norgren
Crédito de la publicación: Mexicanas al glitter de guerra ✨️👏🏻
02/04/2023
21/03/2023
21/03/2023
20/03/2023
20/03/2023
19/03/2023
19/03/2023
18/03/2023
18/03/2023
06/03/2023
06/03/2023