22/02/2026
Shakuwen
Crear ambientes virtuales pedagógicos con modelos educativos, donde los niños y las niñas aprenda
22/02/2026
22/02/2026
Una nueva investigación muestra que los rasgos del TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) pueden ser motores inesperados detrás de la innovación avanzada y el logro creativo.
El TDAH es una condición del neurodesarrollo caracterizada por dificultades en la atención sostenida, impulsividad y, en algunos casos, hiperactividad. Afecta tanto a niños como a adultos y forma parte de la llamada neurodiversidad, es decir, variaciones naturales en el funcionamiento del cerebro.
Durante años, el TDAH fue visto principalmente desde la perspectiva de los desafíos cognitivos. Sin embargo, hallazgos recientes en neurociencia revelan una ventaja sorprendente: un mayor pensamiento divergente. Debido a que el cerebro con TDAH está menos restringido por patrones convencionales, tiende a sobresalir en la expansión conceptual —la capacidad de conectar ideas aparentemente no relacionadas para crear soluciones originales. Esta tendencia a que la mente divague puede convertirse en una fuente constante de creatividad, permitiendo generar más ideas innovadoras y “fuera de la caja” en comparación con perfiles neurotípicos.
Este potencial creativo también está vinculado a una mayor búsqueda de novedad. Estudios indican que diferencias en la regulación de la dopamina pueden impulsar una necesidad constante de estimulación, lo que se traduce en exploración, iniciativa y mayor tolerancia al riesgo. Aunque estos rasgos pueden representar desafíos en entornos rígidos o rutinarios, son cualidades frecuentes en emprendedores, inventores y líderes creativos.
Lejos de ser solo una dificultad, el TDAH también puede representar una forma distinta —y valiosa— de procesar el mundo.
Fuente: Institutos Nacionales de Salud (NIH). Investigación sobre TDAH y búsqueda de novedades
10/01/2026
01/08/2025
Desde la psicología, el duelo es un proceso natural de adaptación emocional ante una pérdida significativa. Elisabeth Kübler-Ross describió sus fases clásicas: negación, ira, negociación, tristeza y aceptación. Sin embargo, cada proceso es único. No hay tiempos ni fórmulas.
Lo que a veces no se dice es que el duelo no es solo tristeza: también puede ser confusión, culpa, alivio, rabia. Es la mente intentando darle sentido a algo que cambió para siempre.
Desde una mirada más simbólica, el duelo también puede ser visto como un rito de transformación. Una etapa donde el alma aprende a reconfigurar el vínculo, incluso si la otra persona ya no está físicamente. Porque el amor no se termina, simplemente busca otras formas de manifestarse: en recuerdos, en acciones, en silencios sagrados.
Y en ese intento de darle dirección a ese amor huérfano… muchas veces, empezamos a sanar. ✨✨
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