02/09/2025
La mente humana suele hacer valoraciones estéticas de manera tajante y universal. Kant se dio cuenta que nadie dice: "que feo me parece a mí" o "me parece feo solo a mí", Kant, en la crítica del juicio, define el juicio estético sobre lo feo como algo que despierta una sensación desagradable o de rechazo aversivo.
Pero si alguien pidiera que demos el razonamiento por el cual se llego a la conclusión del juicio, mas de mas veces no se sabría afirmar a ciencia cierta como se llego a dicha conclusión o bien, se formaria una respuesta relativistamente ambigua tan común en la sociedad actual.
Observar, interpretar, analizar y argumentar son, de hecho, habilidades que se generan a raíz del pensamiento crítico. Es decir, tener criterio sobre la belleza implica una observación.
Pero, ¿de dónde surge realmente este criterio? ¿Por qué algunas personas te parecen feas o desagradables y otras bellas y atractivas? ¿Está lo "feo" en tu ojo o en el objeto o persona que te parecen feos?
Buda ofrece una respuesta radical a la pregunta de Kant, no desde la estética, sino desde la psicología de la percepción. Él no se limitó a señalar el relativismo de los juicios, sino que desentrañó el mecanismo mental que los produce.
Como se menciona, el Buda observaba que cuando sentimos aversión por una persona, tendemos a enumerar sus características desagradables. Este fenómeno está magistralmente descrito en discursos como el Khodana Sutta (AN 7.64), donde se explica que un estado mental de odio o aversión contamina nuestra percepción. No vemos a la persona de forma neutral; nuestra mente, nublada por la aversión, etiqueta, distorsiona y resalta selectivamente lo "feo". La "fealdad" que percibimos es, por tanto, un síntoma de una impureza mental propia, no una cualidad inherente y universal del otro.
Este proceso se enmarca en la enseñanza budista de los Seis Sentidos (se incluyendo la mente como el sexto). Por lo tanto, la percepción de "fealdad" no surge del objeto en sí, sino del contacto entre:
1. El órgano sensorial (p. ej., el ojo),
2. El objeto (la persona),
3. Y la conciencia visual. (Memoria)
De este contacto surge una sensación (agradable, desagradable o neutra) y, a partir de ella, la percepción que etiqueta la experiencia como "bella" o "fea". Esta etiqueta es, en esencia, solo una construcción mental, una palabra, un concepto vacío de existencia inherente.
La belleza es usada también en la mercadotecnia para promover el eslogan "belleza es salud", "para ser bello hay que ser delgado, joven, etc.". Este mecanismo se aprovecha de nuestro anhelo innato por lo agradable y nuestra aversión a lo desagradable.
Asi que de manera efectiva todo lo hermoso, lo agradable, lo bonito, se produce en la mente de la persona que observa. Es pues solo una perspectiva estética adquirida. Un resultado de la mente dual que divide la realidad en opuestos: bello/feo, mío/no mío, deseable/indeseable.
El Buda, en su búsqueda por liberar a los seres del sufrimiento que genera este apego y esta aversión, enseñó técnicas para eliminar estas percepciones. Una de ellas, como se apunta, es la contemplación de la fealdad. Al observar un cuerpo considerado bello y reflexionar sobre sus componentes internos (huesos, órganos, fluidos), no se está promoviendo un desprecio por el cuerpo, sino rompiendo la proyección mental de belleza inherente y eterna que nos causa apego y sufrimiento. Es un antídoto contra la percepción engañosa.
Si solo somos capaces de observar lo que consideramos bello, hermoso, bueno, solo estamos mirando de modo parcial la realidad de la existencia. La visión completa, según el Buda, comprende que tanto la belleza como la fealdad son percepciones condicionadas, vacías y dependientes de una mente que etiqueta. La liberación llega cuando, mediante la observación de la mente y el desarrollo de una mente equilibrada, podemos percibir el mundo sin ser esclavizados por el deseo hacia lo "bello" ni el rechazo hacia lo "feo", reconociendo ambos como simples palabras que surgen y se desvanecen ante nuestra percepción.
Wú Ji Shakya.