25/07/2026
Reflexión 👉El adicto no busca placer
Hay una idea que se ha repetido durante años: "El adicto consume porque le da placer." Pero cuando escuchas con atención a quien lleva años atrapado en una adicción, descubres algo muy distinto. Llega un momento en el que el placer desaparece y, aun así, el consumo continúa.
Lo que muchas personas no alcanzan a ver es que el adicto ya no corre detrás del placer; corre delante del sufrimiento. Consume para que la culpa haga menos ruido, para que la ansiedad deje de apretarle el pecho, para que el vacío se calle unas horas, para que los recuerdos pierdan fuerza o, simplemente, para no quedarse a solas con una parte de sí mismo que se ha vuelto insoportable.
Con el tiempo, la sustancia deja de ser una fuente de satisfacción y se convierte en un refugio. Es como una casa con el techo roto: quien entra sabe que no está seguro ahí, pero afuera la tormenta parece todavía más amenazante. Por eso sigue regresando. No porque sea un buen lugar, sino porque ha olvidado que existen otros.
He escuchado a muchos pacientes decir: "Ya ni siquiera disfruto consumir." Y, sin embargo, vuelven una y otra vez. Eso nos obliga a mirar más profundo. La adicción deja de ser la búsqueda de una emoción agradable y se transforma en un intento desesperado por escapar de una emoción insoportable. La diferencia es enorme.
Por eso, cuando una familia sólo dice: "¿Cómo es posible que siga consumiendo si ya perdió todo?", está observando únicamente las pérdidas visibles. El adicto, en cambio, está intentando sobrevivir a pérdidas invisibles: la paz, la dignidad, el sentido de sí mismo, la capacidad de habitar su propio mundo interior sin sentirse perseguido por lo que lleva dentro.
La droga no siempre representa aquello que la persona desea. Muchas veces representa aquello que no sabe dejar de necesitar para no derrumbarse emocionalmente. Y mientras ese sufrimiento permanezca intacto, quitar la sustancia sin comprender lo que estaba amortiguando es como arrancar una venda sin atender la herida.
Quizá por eso el camino no consiste solamente en dejar de consumir. También implica aprender a permanecer con uno mismo sin sentir la necesidad de escapar. Porque el día en que una persona descubre que puede sostener su dolor sin anestesiarlo, deja de buscar en la sustancia un refugio que, en realidad, nunca pudo darle paz.
Kalefh Bañuelos