15/08/2026
Compartido por maestros de Baja California. Créditos al autor.
A ver, si vamos a hablar de celulares en las escuelas, hablemos de todo.
El tema ya está sobre la mesa. Mario Delgado ha planteado la necesidad de regular su uso y en Baja California la secretaria de Educación, Irma Martínez, anunció foros con maestros, directivos y padres de familia. Incluso ya hay escuelas que han comenzado a restringirlos.
Me parece bien discutirlo. El celular puede distraer y afectar el trabajo en el aula. Pero hay una parte de la conversación que el Estado no debería evadir.
Hoy buena parte del sistema educativo funciona desde el celular personal del trabajador.
Por WhatsApp llegan avisos, formatos, reuniones, evidencias, correcciones y solicitudes de información. Y el horario laboral se ha ido desdibujando: mensajes por la tarde, por la noche, fines de semana o durante el receso.
Todo acompañado muchas veces de esa palabra mágica que sirve para justificar casi cualquier cosa: “URGENTE”.
Y habría que decirlo: muchas de esas urgencias no son urgencias. Son consecuencia de procesos mal organizados, información que bajó tarde o solicitudes que alguien dejó para el último momento. El problema es que esa falta de planeación termina convertida en presión para el trabajador.
Entonces sí, discutamos el celular en las escuelas. Incluso su uso por parte de los docentes.
Pero hagámoslo completo.
Si queremos que el maestro guarde el teléfono durante su jornada, que también pueda guardarlo cuando termina.
Que existan canales institucionales, horarios claros y respeto al descanso. Que WhatsApp deje de funcionar como oficina, ventanilla, oficialía de partes y sistema de emergencias de la autoridad educativa.
A lo mejor regular el celular termina siendo una muy buena noticia para los maestros.
Pero para todos.
Porque el derecho a desconectarse también debería entrar a ese foro.