Instituto María Montessori (Primaria)
ESTUDIAR PARA APRENDER, APRENDER PARA VIVIR
19/06/2026
LA SEGUNDA FASE DEL DESARROLLO (7-12 años), por María Montessori
El niño a los 7 años de edad cambia completamente. Ahora se encuentra en la segunda fase de la infancia. Para responder a ella, la educación debe pasar a otro plano.
A los siete años comienza un cambio físico y psicológico. El niño de siete años de edad tiene una actitud psíquica diferente. Físicamente la naturaleza pone una señal que es obvia. Los dientes aperlados del pequeño, comienzan a caerse, son reemplazados por dientes grandes, fuertes, y de raíz profunda; el cabello de rizos se alisa y oscurece; el cuerpo llenito se vuelve más delgado. La dulzura de carácter cede hacia cierta dureza, tanta, que esta etapa de la vida, la cual continúa hacia la adolescencia, ha sido llamada la edad de la rudeza.
Como dije, el plano psicológico también cambia. Permítanme dar un ejemplo que ilustra claramente este cambio. En una escuela estábamos haciendo experimentos de biología, había un acuario para niños de tres a nueve años. Una mañana los peces estaban todos mu***os. Los niños pequeños, impresionados por este hecho, corrían hacia sus compañeros que entraban para anunciarles que “los peces estaban mu***os”, luego corrían a seguir con su actividad previa. Los demás niños mayores permanecieron parados y en silencio alrededor del acuario, preguntando: “¿Por qué han mu**to los peces?”,”¿por qué?”, “¿por qué suceden las cosas, qué las causa?”
Su independencia se desarrolla en un campo diferente y sus aspiraciones tienen metas distintas. Quieren saber muchas cosas que sus mentes de hecho no podrían entender. No digo que el niño se convierte en un filósofo, pero desarrolla sentimientos hacia lo abstracto, igual que en la primera etapa tenía sentimientos hacia lo concreto.
Podríamos decir que los niños más pequeños absorben las cosas sensorialmente. El niño de siete entra al campo de lo abstracto, desea saber razones. Es curioso notar que una de las cosas que preocupa a estos niños es lo que es ético en la vida: qué es bueno y qué es malo. Si uno le dice al niño pequeño qué es malo o bueno, él sólo lo acepta, mientras que el niño de siete años de edad quiere saber por qué es malo y qué es ser malo, etc.
Otra peculiaridad de esta fase es la actitud de separación del ambiente de casa. Les gusta un entorno placentero, pero ya no es por mucho la necesidad vital que era en la etapa anterior. Además, al niño tampoco le preocupa si está aseado y limpio. Lo que le gusta es salir. Las limitaciones y la protección de casa se vuelven molestas. Esta necesidad es tan grande, que pensamos que a esta edad deben tener parte de su vida fuera del hogar y de la escuela. El ambiente de la fase anterior, una casa amueblada con muebles pequeños y cosas bellas, ya no es adecuado o satisfactorio. El esfuerzo que el niño hizo en la primera etapa para evitar la ayuda, con el fin de hacer las cosas por sí mismo, ya no es suficiente. Necesita un esfuerzo diferente y mayor. Los contactos con la escuela, los cuales en la fase anterior completaron las experiencias que él encontró en casa, ya no son suficientes. El niño siente la necesidad de algo diferente, un entorno más rígido, con bastante más contactos sociales.
Uno de los experimentos que parecen ser una respuesta social a las necesidades del niño en esta fase, se puede observar en los Boy Scouts. ¿Qué son los Boy Scouts sino personas que buscan para sí mismas un entorno más emocionante, más contactos sociales, experiencias más amplias e independencia de sus familias? En esta etapa los niños ya no quieren un ambiente bajo el mismo modelo anterior. Ahora requieren salir al mundo a tener más contactos, tanto con la naturaleza, como con la sociedad humana.
Yo creo que esta forma instintiva de exploración debe ser aprovechada por la escuela para ampliar el desarrollo cultural del niño. No es suficiente proveer material para que el niño trabaje en la escuela. Él demanda salir al mundo. Además del material, la escuela también debería proveer guías para que el niño pueda encontrar el material por sí mismo.
Hemos proveído escuelas y material, pero no son suficientes. El niño requiere explorar el mundo físico y a la sociedad. Ya no quiere que lo acaricien, quiere una vida simple, independencia de su círculo familiar y esfuerzo físico.
Si en esta fase que lleva a la adolescencia, un niño puede decir “Puedo caminar con mi mochila sobre mis hombros y puedo dormir a la intemperie”, muestra que esta personalidad atravesó por una transformación del niño delicado de la fase anterior.
Si las tendencias de esta transformación estuvieran conformadas por una guía a la cultura para que el niño la absorba en este ambiente más vasto, sería una gran contribución. Es por esto que el fomento del desarrollo mental en esta etapa es muy importante.
En base a mis experiencias, creo que la cultura que se imparte hoy en las escuelas primarias ortodoxas se debería expandir enormemente. Esta necesidad de cultura en nuestras escuelas primarias es un hecho impresionante que el niño nos ha revelado. De hecho, hemos llegado a la conclusión que la base de toda la cultura se debe dar en este período de los siete años a la adolescencia. Mencioné el hecho de que en este plano educacional, dar material no era suficiente, sin embargo, éste es esencial. En el plano educativo anterior, el material ayudó a construir las características básicas de la personalidad individual; en esta fase el material educativo ayuda a la adquisición de cultura. La falta de respuesta de los niños en escuelas ortodoxas quizá se deba a esto, pues resulta difícil dar cultura a aquellos que quieren entender las razones de las cosas por su propio esfuerzo. Todos conocen la dificultad de tratar de enseñarle a un niño de siete años. O no pone atención, o hace el mayor esfuerzo por irse del salón, pues en él, el niño es un receptor pasivo, ahí no hay nada que pueda hacer y que le de satisfacción. Pero cuando se da un material, el panorama cambia. El niño entonces trabaja infatigablemente, pues persistirá hasta encontrar las causas, razones y consecuencias que busca. Los esfuerzos mentales del niño siempre están acompañados por la actividad de la mano que le sirve para fijar la atención sobre la tarea. Si se les ayuda con material, muchos aprendizajes abstractos como el álgebra, serían posibles a esta edad, pues en este nivel la mente funciona en un plano abstracto.
De la misma manera, muchas otras materias que generalmente se enseñan en las escuelas secundarias, pueden ser transferidas a la primaria con una gran ventaja. Nuestra experiencia ha mostrado que cuando hay material disponible, los niños trabajan.
De otra forma, buscan escapar de la escuela.
¿Qué vemos en el campo ético? Lo que más sobresale es que los niños tienen un sentimiento agudo hacia la injusticia. Cuando el adulto demanda de un niño muy pequeño algo que éste no le puede dar, es siempre el niño de siete el que defiende al menor. La rebelión contra la injusticia es general; incluso se extiende hasta los animales. Uno podría dar muchos ejemplos.
Uno podría decir que el niño en su segunda fase de crecimiento, demuestra más rasgos admirables que el niño del periodo anterior. Es admirable sí,…pero hay algo superior a esto, pues siempre, después de haber alcanzado un plano mayor, existen planos todavía más elevados que se pueden alcanzar desde el nivel en el que se está, sólo por haber vivido a través del primer plano. Cada uno de los planos se debe vivir plenamente para poder pasar con maestría al siguiente.
Yo creo que el psicoanálisis tiene conceptos similares, pues afirma que aquellos que no han pasado por un plano, vuelven a él después.
MARÍA MONTESSORI
Los Cuatro Planos de la Educación
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14/06/2026
MÁS JUEGO EQUIVALE A UN MEJOR DESARROLLO INFANTIL
Sesiones largas de juego al aire libre son fundamentales para el desarrollo integral en la infancia, tal como lo demuestran diversos estudios en Escandinavia.
* Sesiones cortas (menos de 45 a 60 minutos): Representan el estándar del recreo escolar tradicional. Los investigadores señalan que en bloques de 30 a 45 minutos, los niños apenas logran salir, decidir a qué jugar y establecer las primeras reglas antes de ser interrumpidos para volver a las aulas. Esto fragmenta la experiencia e impide una verdadera inmersión.
* Sesiones largas (de 90 minutos a varias horas): Constituyen bloques de tiempo ininterrumpidos. En las escuelas y guarderías escandinavas, una jornada normal de juego libre dura entre 2 y 4 horas continuas, abarcando mañanas o tardes enteras. En el modelo de escuelas forestales (udeskole), estas sesiones se extienden de 5 a 7 horas al día, sin importar las condiciones climáticas.
EVIDENCIA CIENTÍFICA
La afirmación sobre el impacto del juego libre prolongado se respalda en sólidas bases académicas, como son:
* El modelo noruego de Utebarn y la autonomía:
Investigaciones lideradas por la experta Ellen Beate Sandseter destacan que el juego libre extendido en la naturaleza disminuye el acoso escolar y optimiza la resolución de conflictos. Por ello, el currículo nacional noruego exige proteger el juego autoiniciado en entornos naturales para construir resiliencia, creatividad e independencia.
* El enfoque de "juego holístico" en Suecia:
Estudios suecos publicados en plataformas académicas como Taylor & Francis demuestran que los periodos largos en entornos verdes potencian el pensamiento ejecutivo, mejoran la autorregulación emocional y aumentan la capacidad de concentración de los niños al regresar a las actividades estructuradas.
3. Las escuelas forestales de Dinamarca (Udeskole)
Diversos análisis sobre las escuelas forestales danesas comprueban que la falta de presiones por evaluaciones estandarizadas permite a los niños aprender a su propio ritmo a través de la curiosidad natural. Al pasar casi todo el día escolar afuera, se forman grupos pequeños autogestionados donde la cooperación y la interacción social profunda se vuelven el eje del aprendizaje.
Texto: Norma Gómez - Educación Montessori
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13/06/2026
Las pantallas no tienen que ser lo primero que hagan al llegar a casa 🤍
12/06/2026
Cómo estamos matando la infancia de nuestros hijos
Niños y niñas que lo han visto y hecho todo, a los que nada sorprende e interesa, porque todo lo tienen a un clic.
¿Hemos matado la infancia? Vaya, que pregunta más exagerada. ¡Si están más que vivos esos niños! Les aburren las muñecas y no se conforman con el tradicional pilla, pilla. Mírales qué despejados, qué avanzados y “maduros” van, vestidos sexys, con esas poses sensuales, con tacones, peinados degradados, sujetadores acolchados e iPhone 6 en las manos. ¡Qué gracia nos hacen! ¡Qué monos son!
Si no la hemos matado, ¿entonces dónde está? Acortada, sin duda, resiste de un hilo a ese espantoso maremoto. Niños y niñas que lo han visto y hecho todo, a los que nada sorprende e interesa, porque todo lo tienen a un clic y al instante, antes de desearlo. Desde los dos años, dejados a sí mismos navegando en sus cunas, sus delicados deditos encontraron imágenes dañinas que quedaron para siempre grabadas en sus mentes inocentes. Con cuatro años, bailaron el festival de fin de curso moviendo la cadera y enseñando el ombligo como Jazmín de la Disneylandia que de tanta garantía que da, acaba adormeciendo como por arte de magia a la conciencia del padre que aplaude y graba el sensual baile, para el recuerdo de una infancia despejada. Con seis años celebró el Halloween vestida de Monster High y el Carnaval vestida de sensual enfermera. Niños atraídos por el feísmo y erotizados por pantallas sin otros filtros que los de su irresistible perfil Instagram. Niños cínicos que han disparado y matado cientos de miles de veces por videojuego, y que han perdido la sensibilidad y la capacidad de interpretar una mirada y de tratar a otros con delicadeza. Niños sin asombro, que se han quedado ciegos ante la belleza de la realidad, incapacitados para sintonizar con ella. Niños esclavizados por modas y cánones de belleza que los convierten en escaparates o en carne de cañón de la anorexia y de una erosionada autoestima. Niños con la mochila escolar bien pesada y con la agenda tan llena como la de un pequeño ejecutivo estresado. Niños que nunca han tenido tiempo para hacer ondas con piedras en el agua, o para provocar un caos logístico en una ruta de hormigas, pero que saben más de pornografía que los jóvenes de antaño que compraban a escondidas y tras muchos obstáculos alguna que otra revista. Y que nos vengan diciendo esos simpáticos moderados, que no es para tanto y que el consumo en papel o en wifi es lo mismo. Sin comentario.
No es casualidad que los endocrinólogos advierten de una tendencia a la pubertad precoz, esa reducción de la infancia, que favorece un alargo de la adolescencia. Curioso que tengamos tanta prisa los padres por hacerles aterrizar cuanto antes en una etapa que tanto nos aterroriza. Curioso también que las fronteras generacionales sean cada vez más borrosas a lo largo de la vida, no solo en la infancia. Carolina Herrera decía hace poco que no hay nada que envejece más a una mujer que vestirse de joven. Y lo dice porque es actual. Qué lástima que pocos asumen la tercera edad como lo que es, algo bello y natural.
Todas las etapas de la vida son hermosas en sí, no lo son solo en relación con otras. ¿Cuándo entenderemos que el niño NO es un pequeño adulto inacabado? Es un ser, ciertamente en construcción, pero un ser en sí, con dignidad completa, no parcial. Porque la dignidad no depende de la capacidad intelectual, ni de la edad, ni de si uno “se porta bien”, o de la capacidad para reivindicarla. La dignidad es un hecho previo a la capacidad de pensar y de reflexionar sobre ella porque está íntimamente ligada a nuestra existencia. Tenemos dignidad por el mero hecho de existir, aunque nuestro modo de ser guste o no a las redes, a las modas o a los estándares de turno. Unos estándares cada vez más utilitaristas o descerebrados, cuando pretenden que nos diseñamos a nosotros mismos en contra de las leyes de la naturaleza. Sin mala fe, quizás por un desordenado y a veces inmaduro afán de “estar en la onda”, por miedo de ser tachados de “puritano”, o por confundir ignorancia con inocencia, hemos olvidado lo que es la frágil y maravillosa etapa de la infancia. No, no hemos matado la infancia. Cada día, sin darnos cuenta de ello, estamos aniquilándola. Y es tiempo que todo eso deje de hacer gracia y que empecemos a poner remedio a esa impune masacre.
Catherine L’Ecuyer es investigadora y divulgadora de temas relativos a la educación y autora de Educar en el asombro y de Educar en la realidad.
Fuente:
https://elpais.com/elpais/2017/02/22/mamas_papas/1487751434_772002.html?fbclid=IwY2xjawSYMU1leHRuA2FlbQIxMABicmlkETFGNG94eUpEcUNvUGVTc0wwc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHrb987DvlelPKZpLeV9B_ueUvA5iWt-l4FHrdJMYCZHlbMBnF089TMya_g5d_aem_aelt6sjivLAbX5GZtccVdg
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